Los enanos también comenzaron siendo pequeños

Mié, 12/10/2011 - 09:46
Los enanos viven en un mundo bizarre. Siempre que se habla sobre ellos pienso en los circos; en su carpas mecidas por el estruendo de las carcajadas de la concurrencia que celebraban las burl
Los enanos viven en un mundo bizarre. Siempre que se habla sobre ellos pienso en los circos; en su carpas mecidas por el estruendo de las carcajadas de la concurrencia que celebraban las burlas del grupo de narices rojas y zapatones negros sobre estos seres diminutos; aunque debo de reconocer que si son graciosos. Individuos compactos de cabezas grandes, manos deformes y caminar extraño que andan por la vida mirándola desde abajo. Y más gracioso es pensar en la cotidianidad de sus vidas: ¿donde compran la ropa? Nunca he visto una tienda exclusiva para ellos como si las hay para gente gorda. ¿la compra en tiendas de bebé o en tiendas de adolescentes y las achican?. Y ni hablemos de sus casas. Jamás he visto clasificados de apartamentos para enanos. ¿Serán de techos bajos? O por el contrario, ¿los pisos serán muy altos? Los enanos son graciosos por raros. Y son discriminados por ser diferentes. La diferencia hace que la gente les tenga miedo o pavor, o se sientan superiores y los ridiculicen; pero los enanos son seres humanos al igual que las católicos, las mujeres, las negritudes, los travestis, poetas, los de síndrome de aspergen y los dirigentes del partido conservador (un buen tema para futuras elucubraciones). Ser diferentes no traduce que sean mejores o peores (eso no sé si se pueda aplicar a los miembros del ya  mencionado partido). Son así y son más de lo que uno se pueda imaginar. Entre las diversas famas que el imaginario, a través de las diferentes épocas, les ha etiquetado está el terror que pueden inspirar, ser feroces guerreros en cruentas cruzadas, ciudadanos de ira profunda en míticos países, protagonistas en algunas fantasías sexuales (una horda de enanos homosexuales persiguiendo a un heterosexual, según el decir de un amigo bloguista), ternura inspirada en el cuento de Blancanieves y hoy por hoy, parte  indispensable en un deporte famoso en un país del primer mundo, Australia, y controversial por querer reimplantarlo en una potencia: E.E.U.U.  El lanzamiento de enanos. juego de bolos cuyos pines son enanos   Es difícil conseguir empleo para un enano. Los niños, en su egoísmo habitual de querer ser el centro de atención, no tomarán en serio a un profesor más bajo que ellos; en un almacén, posiblemente entraran más personas a mirar el nuevo vendedor de baja estatura pero a él jamás se le acercaran a comprarle. Una empresa deberá acondicionar sus máquinas o instrumentos para darles la facilidad en su operación. Nunca he visto un sacerdote enano y en ninguna playa un salvavidas de talla menos que menuda. Eso sí, trabajan en circos, en chabacanos programas de televisión o en la lucha libre; en películas y páginas web pornográficas y dicen, por ahí, que en algunas ciudades se juega bolos cuyos pines son enanos; por lo que el decir del ponente de la ley en Florida, USA, el lanzamiento de enanos contra las paredes va a abrir una nueva oportunidad de empleos, puede llegar a ser cierto. Allá ellos, entonces, si deciden aceptar tan talentoso trabajo. Lo importantes es no menoscabar la libertad de conseguir algún dinero por un trabajo que consiste en ser lanzado, protegido por un casco y un arnés, por un humano de talla normal lo más lejos posible. En Francia, cuna de las libertades, está ligeramente prohibido; cada autoridad local puede disponer si acepta o no el deporte, basado en su conocimiento de si es contradictorio a la dignidad humana o al orden público. En Canadá, el país con la más alta calidad de vida, no se aprobó la ley que lo impedía, tal vez con el argumento que la decisión era discriminatoria para los mismos enanos. Total, si se frena el lanzamiento de enanos contra las paredes debe de igual manera vedarse el lanzamiento de los hombres balas y hasta de la prostitución. Que el trabajo no sea decente, pero sí muy peligroso, no significa que se hayan visto obligados a tomarlos a la fuerza y que la sociedad no pueda tolerar a los que se divierten y se usufructúan con ellos.   Los enanos son bizarros aún en su corta estatura. Olvidados por la sociedad y los políticos de siempre siguen viviendo junto a nosotros. No los vemos-literalmente hablando-pero deben sobrevivir como los grandes en este mundo que condena a las mujeres por abortar, a los hombres por acostarse con otros hombres, a los jóvenes por marchar y a los árabes por reclamar un pedazo de tierra donde asentarse; para qué, entonces, las voces de queja de cientos que no han hecho nada por ellos y si están coartando una fuente de ingresos, acaso ¿ser un hombre misil perjudica a alguien más que al propio enano?   Alberto Salazar Castellanos saalzarycastellanostecomunica@hotmail.com
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