Madre Tierra

1 de abril del 2011

¿Alguien recuerda qué es la World Wildlife Foundation? ¡Probablemente muchos ya no traemos a la memoria qué es! Aunque hace apenas 6 días, numerosas personas durante una hora dejamos de usar la energía eléctrica de nuestras: casas, empresas, establecimientos comerciales y demás.

Sí, la World Wildlife Foundation (WWF), es la fundación encargada de organizar desde hace cuatro años “La Hora del Planeta”. Pero hoy, creo que ya muy pocos ni recordamos, por ejemplo, ahorrar energía ¿O me equivoco?

Es fácil saber porque no somos consecuentes con nuestros actos, la razón, es porque somos viscerales hacia lo que está de moda y no actuamos por lo que verdaderamente es sustancial, si no simplemente lo hacemos superficialmente, con una gran intención de figurar y que las personas hablen que fulanito es así, o fulanito hizo tal cosa y que nos cataloguen dentro de un estatus más alto dentro de la sociedad. Ciertamente, nuestra cultura es esnobista por excelencia.

Es decir, “La Hora del Planeta” no sólo es algo cool que hacemos por un día (o exactamente una hora), donde los noticieros de televisión nos embelesan por un rato, pero sin mostrarnos a profundidad los verdaderos bemoles por los que estamos pasando, especialmente con nuestro planeta tierra.

Y es por eso, que se nos olvida que el debacle ecológico del mundo, es algo ingente por solucionar y que nos afecta a todos. Pero todo sería diferente si la mayoría de nosotros nos formarnos un carácter crítico y de opinión, por medio de la lectura de periódicos y revistas mas especializadas, para enterarnos más allá de lo que nos muestra la televisión.

Y si no me creen, ¿Sabemos que la WWF organiza “La Hora del Planeta” no solamente para ahorrar energía ese día, sí no para que los gobiernos, los políticos, las empresas y las personas en general, tomemos conciencia sobre acciones como “el calentamiento global, la polución, la deforestación, la extinción y maltrato animal en general”, y que en Colombia esta fundación, hace un par de décadas trabaja por “la protección de las especies, los paisajes, y las condiciones ambientales, al tiempo que busca el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades locales”? Así es, ¡Yo tampoco tenía ni idea!

Bueno, pero mi intención no es darnos palo, por ser en parte indoctos, porque admito que también a veces llego a ser esnobista y en ocasiones se me borra mi conciencia medio ambiental (aunque no siempre) y por temporadas dejo de ser un asiduo devorador de noticias (aunque tampoco siempre).

Lo que quiero expresar, es algo inspirado en un artículo que leí en la versión virtual del diario El País, de España, luego del día de “La Hora del Planeta”, el cual invitaba a reflexionar sobre la importancia de que los gobiernos apoyen la investigación y la producción de energías renovables, para remplazar a las no renovables.

El argumento principal por el cual los gobiernos deberían apoyar este proceso de renovación, va en el sentido de que las energías renovables no brotan de la tierra, como el petróleo, el carbón o el gas natural, sino que se tienen que sembrar o construir y por este motivo tienen un elevado coste. Y como lo que buscan las empresas es maximizar sus ganancias, prefieren seguir sustrayendo petróleo, carbón y gas natural, sin importar el coste que esto le trae al planeta. Es por eso que los gobiernos se tienen que fijar, no en maximizar las ganancias de sus empresas o la de las empresas privadas de energía, sino en maximizar el valor del planeta, de la vida humana, de los seres vivos y de la naturaleza.

Hoy por hoy somos unos expertos en energía nuclear, “gracias” al debacle nuclear de Fukushima Daiichi y aunque podría considerarse como cliché hablar o escribir sobre Japón, es interesante el debate mundial que se ha suscitado respecto al cambio climático y el impacto que las energías no renovables tienen sobre este.
Pero, ¿por qué son importantes las energías renovables?

El gran impacto que sufre el planeta, fue producto de las dos revoluciones industriales de la historia, que no previeron, que la trasformación a gran escala de los recursos escasos de la naturaleza, traería fenómenos inimaginables y catastróficos, que están ocurriendo y pueden incrementarse en el futuro, si no se trata de mitigar este daño, ipso facto.

La primera revolución se materializo principalmente con la creación de una producción sistémica, por medio de la industrialización de la manufactura, con su principal invento, la máquina de vapor, que remplazo a la producción artesanal. Esto propicio, desde mitad del siglo XVIII, una tendencia al consumismo desproporcionado, que se viene acrecentando en mayor medida, desde el final de la segunda guerra mundial, con el crecimiento poblacional conocido como: Baby Boom o Baby Boomer´s. La segunda revolución, a finales del siglo XIX, se género especialmente por la obtención de energía, por medio de combustibles fósiles como: el carbón, el gas natural y el petróleo (además de no solo trasformar al “crudo” en energía, sino en diversos productos por medio de la petroquímica, como los plásticos, abonos etc.). Esta segunda parte de la industrialización, genero un gran daño en la atmosfera, por la llegada excesiva de gas carbónico (CO2), el cual produce el conocido efecto invernadero.

Estos problemas propiciados por las revoluciones industriales, se reflejan hoy en día, en alteraciones catastróficas, como por ejemplo: del clima –fenómeno del niño o la niña-, o, desastres naturales como: sismos, terremotos, tsunamis, deslizamientos, inundaciones, como en los casos recientes de países como Haití, Chile, China y ahora Japón, llevando consigo la disminución y/o desaparición de especies vegetales y animales, dejando que el regular funcionamiento del planeta, ya no sea “normal”.

Estos fenómenos no son simples incidentes fortuitos, que nos dejan atónitos por un tiempo – días o meses – y que luego, se olvidan, endilgándolos sólo de ser “fuerzas muy poderosas, impredecibles”, que no se pueden controlar. Sino que estos grandes fenómenos, se acentúan y se vuelven más grandes, por el daño fuerte e ineludible que recibe la tierra, hasta que alcanzará la máxima resistencia del planeta y este resignara sus fuerzas y se desplomará, como una gran fila de dominó, en donde estaremos expuestos a desaparecer de él.

Por todo esto, creo que vuelve a considerarse la toma de conciencia hacia el cuidado y protección del planeta, por parte de los gobiernos y gobernantes, activistas ecológicos, medios de comunicación, compañías y personas en general, no por los posibles daños que puede traer la contaminación atmosférica radioactiva por el accidente nuclear de Fukushima , sino por no tener conciencia de la contaminación atmosférica total, que es causada por el exceso de CO2.

Pero, si esperamos a que los gobiernos tengan la voluntad política para que esto cambie, el mundo estará tórrido totalmente y el actuar intempestivamente, posiblemente no traerá ningún resultado positivo. Entonces, tenemos que reflexionar, en el sentido de qué, es lo que nosotros estamos haciendo para mitigar este daño, o: ¿cuándo no estamos frente a la computadora, esta siempre está apagada? ¿Separamos las basuras de nuestra casa, por ejemplo, para que el plástico que puede durar entre 300 y 1000 años en degradarse, sea reutilizado? ¿Recogemos el agua de la ducha en un recipiente plástico mientras nos bañamos, para regar el jardín de la casa? Creo que muchos no lo hacemos, peor aún, parece que después de cada desastre o campaña de protección del medio ambiente, nuestro cuerpo se cubre en poco tiempo de desafueros de cuidado medioambiental.

Pero si todos formamos una amplia conciencia proteccionista de nuestro planeta, sin dejar que pase más tiempo, podríamos llegar a construir una gran revolución, para hacer un llamado y una exigencia explicita a las personas que elegimos para que legislen y nos gobiernen, a que muestren resultados palpables, para que se empiece a cuidar imprescindiblemente y con ahincó “nuestra querida, contaminada y única”, Pacha Mama.

Twitter @JaimeBacares

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