Más defensa para Carolina Cruz

1 de agosto del 2011

@simon_posada Ya sé qué van a decir: que no tengo nada mejor de qué escribir, que estoy enamorado de Carolina Cruz, que recibo dinero de RCN, que soy amigo personal de ella o de su novio, Lincoln Palomeque. Y ya sé que no me van a creer cuando diga que ninguna de las afirmaciones anteriores […]

@simon_posada

Ya sé qué van a decir: que no tengo nada mejor de qué escribir, que estoy enamorado de Carolina Cruz, que recibo dinero de RCN, que soy amigo personal de ella o de su novio, Lincoln Palomeque. Y ya sé que no me van a creer cuando diga que ninguna de las afirmaciones anteriores es cierta, pero bueno, así somos los colombianos, tenemos la teoría de la conspiración grabada con hierro en el cerebro.

El punto es que le he echado tanta tiza a este asunto porque, en serio, me parece que de él se desprenden mil millones de cosas para analizar. Desde que esto sucedió me ha parecido un tema fascinante, desde que más de cinco mil personas han leído el blog anterior y, además, se han tomado la delicadeza de comentar que no ven por qué se le da tanta importancia.

Yo pregunto: ¿acaso no ven que ustedes mismos, los que comentan que el tema de Carolina Cruz es una tontería, que hay niños que mueren de hambre mientras hablamos de esto, son los mismos culpables de que el tema se vuelva tan importante? ¿Por qué, en vez de gastar tiempo en estas cosas tan idiotas, no van y les regalan panes a esos niños que se mueren de hambre y que siempre usan en sus argumentos de pacotilla? Ahora no faltará el que diga que soy un insensible, que dije que el hambre de los niños es un tema de pacotilla, que soy un burgués que no tiene nada mejor qué hacer que escribir sobre Carolina Cruz. Háganle, los veo ya sacando babas de sus cajones llenos de frases. ¿Y qué si no me importan los niños con hambre? ¿Y qué si prefiero comprarme un BMW a donarle mi sueldo a una ONG? A ver, ¿cuántos de aquí pagan mi sueldo?

Sin embargo, los especímenes que más me llamaron la atención entre los que comentaron el blog anterior son, con nombre propio, Paula Medina, Alberto Triana-Wannoni y Toño Cala. Ellos usaron el argumento al que más nos enfrentamos los periodistas a diario, un argumento, además, absurdo en toda su dimensión. Estas fueron sus frases:

“Yo también creo que a cualquier colombiano que le pregunten sobre el Joe Arroyo tendrá algo que decir. Y más si es ‘periodista’, aunque no creo que la señorita Cruz haya estudiado periodismo…”. “Una presentadora de esa talla, debe tener una capacidad de respuesta lo suficientemente rápida para decir algo inteligente y no dar una “papaya” semejante…”. “Para ser una presentadora de farándula, debio dar una respuesta mas extensa!!”.

Hace un año, en mi breve paso por el mundo de la televisión, tuve que llamar a Ingeominas a preguntar sobre la aparición de un fósil de dinosaurio cerca de Villa de Leyva. Me atendió, si mal no recuerdo, una persona del museo de la entidad que, para ser conciso, pretendía que yo me matriculara a la facultad de Geología de la Universidad Nacional para poder realizar la entrevista. No respondió una sola de mis preguntas porque yo no era científico, que porque yo no sabía nada de nada. Y tenía toda la razón, y por eso mismo la busqué a ella, porque ella sí sabía.

¿A qué voy? A preguntar ¿por qué carajos los periodistas tienen que saber de todo? ¿Acaso estamos en la Grecia Antigua, donde todo el conocimiento de la humanidad cabía en dos o tres libros y se podía aprender en pocos años? Esta creencia, absurda y con cierto grado de estupidez, es la culpable de que, por ejemplo, en el país no exista divulgación científica y que todos los colombianos crean que el único científico del país es Manuel Elkin. Incluso, hace unas semanas intenté hablar con él sobre unas acusaciones que pesan en su contra por presunto tráfico ilegal de especies y la respuesta fue negativa, porque yo no sé nada, y por eso no tengo derecho ni siquiera a pedirle que me explique la situación en su instituto, al que de una forma u otra han llegado los impuestos que he invertido en whisky, casinos y restaurantes –porque a mí sí no me da pena decir que soy un Tiranosaurio Rex del consumismo–.

Si bien es cierto que los periodistas debemos tener una cultura general amplia,  y que mientras más amplia mejor, lo importante en un periodista son dos cosas: saber quién sabe aquello que uno no sabe, y saber preguntar. Y esto último, saber preguntar, sí que es difícil, no lo hace cualquiera. ¿O no se acuerdan que un periodista de farándula fue el que hizo caer a Richard Nixon con una pregunta? A ver, los veo escribiendo en YouTube “David Frost Richard Nixon”.

Pero esta idea de que los periodistas deben saberlo todo llega mucho más profundo. Esta afirmación apunta, además, al argumento preferido de los drogadictos: “en la vida hay que probar de todo”. No sé cuántas veces he oído este argumento, un argumento que mi primo Julián, dueño de un humor grandioso –y de una ortografía de infarto–, tumba con una sola frase: “no necesito comerme un bollo de mierda para saber que la mierda es horrible”. Sin embargo, el mejor argumento que recuerdo es el de un profesor de una clase extraña a la que asistí, llamada Narrativas de la adicción, donde decía que no es necesario lanzarse de una ventana para saber que vas a morir. ¡Alguien ya te tuvo que haber contado que te matas si te lanzas! Así, el que diga que el efecto de un bareto es indescriptible, no es más que un mediocre que no es capaz de expresar en palabras sus sensaciones. Así, el que diga que uno no puede hablar de algo que no ha vivido, asume que cada año los científicos siguen lanzando un martillo y una pluma desde la Torre de Pisa para ver si cae al mismo tiempo. O que todos los estudiantes de física duermen en campos de manzanas cuando les llega el momento de estudiar a Newton. O que todos los días zarpa un barco de Palos de Moguer para comprobar que la Tierra es redonda. Señoras y señores, tontos y tontas, quiero decirles algo: el ser humano tiene lenguaje, el lenguaje permite transmitir la experiencia, y gracias a eso, a que nosotros no tuvimos que pasar por lo mismo que un griego, es que hoy tenemos un computador sobre nuestros muslos.

Por esto, siento que el tema de Carolina Cruz no terminaba en el blog anterior. Ella no tenía por qué dar esa entrevista, ni tenía que tener algo inteligente para decir sobre el Joe, por más periodista o presentadora que sea. Por eso el periodismo es un oficio tan bonito, porque mientras más humilde sea su servidor, mejor trabajo va a hacer. Mientras más inocente sea, y mientras mejores preguntas pueda hacer, mucho mejor. A Carolina Cruz entrevístenla sobre Ana Katalina Torres, sobre sus tiendas de aretes o, incluso, sobre Madame Rochy.

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