Hoy es miércoles de no solo ceniza, pues, así provengas de un polvo entre tus padres, no eres únicamente polvo: eres agua, proteínas, lípidos, minerales, oxígeno, carbono, nitrógeno. Y así te eches algunos polvos a lo largo de tu vida (a menos de que termines vestido de sotana imponiendo ese polvo viscoso en la frente de algún cristiano), así te apliques polvos en la nariz para disimular el natural envejecimiento de tu cuerpo, así aspires polvos blancos por tus fosas nasales para inducir estados más interesantes que cualquier ritual religioso, en polvo no te convertirás.
O al menos no inmediatamente: primero serás un cultivo de gases y bacterias. Tus células no recibirán más oxigeno y dejarán, por lo tanto, de funcionar. Tus neuronas morirán primero, antes de 7 minutos. Otras células, como las de la piel, demorarán hasta un día entero en pasar a mejor vida. Si estás bajo tierra, dentro de un ataúd ―es lo más probable si tu familia es de tradición cristiana―, el proceso de descomposición de tu cuerpo tomará más tiempo. Si estás en el agua ―tal vez te ahogaste en la piscina de tus suegros mientras te echabas un polvo― tu cuerpo se hinchará casi al doble de si estuvieras en contacto con el aire.
Después de muerto, tus músculos se relajarán más de lo normal y tus intestinos y vejiga se vaciarán. Las bacterias que trabajan en tu vientre mientras lees este texto se reproducirán por millones. Algunas invadirán los órganos de tu cuerpo y se alimentarán de ellos. Las enzimas de tu páncreas acelerarán tu descomposición, liberando metano y sulfuro de hidrógeno en el proceso. Por efecto de estas sustancias, tu cuerpo tomará nuevas tonalidades de verdes y azules, y se hinchará, comenzando por la zona abdominal. Esto ocurrirá más rápido si vives en Girardot que si vives en Bogotá.
Algunas cosas curiosas pueden venir después, como que la lengua se salga de tu boca empujada por fluidos provenientes de tus pulmones. Si estás en campo abierto ―por ejemplo, si te partió un rayo en medio de un potrero― te llenarás de gusanos y moscas que te ayudarán a descomponerte más rápido. Si estás en un espacio cerrado ―por ejemplo, si tu mejor amigo te cortó el cuello en un ataque de ira guardando luego tu cadáver en una bolsa plástica―, tu cuerpo se volverá líquido. No te habrás convertido en polvo, sino en una sopa de compuestos químicos y bacterias. Olerás mal.
Ahora bien, tus huesos permanecerán intactos durante siglos, dando indicios a quienes los hallen en sus excavaciones arqueológicas del futuro de una civilización torpe, arrogante, cargada de supersticiones religiosas. Y después de muchos, muchos años, tus restos se integrarán a la tierra. Solo entonces serás algo parecido a polvo. En polvo te has convertido: los cristianos tenían razón.
Así que aspírate una línea de polvo blanco y échate un polvo con tu mujer antes de que te marquen la frente con tierra mojada. Pues, como dijo el profeta, de un polvo vienes y en polvo, y gases, y agua, y metano, y sulfuro de hidrógeno, y recuerdos, y memorias sin sentido y sin valor, un día te convertirás. Miércoles de ceniza y otras sustancias.
Imágenes: Tina Winkhaus

