Nada que festejar…

13 de diciembre del 2012

Confieso que he dejado de creer en este ¨Estado¨ de cosas y en las limitaciones estructurales de quienes suponen que ya todo esta escrito.

¨Mas que por la fuerza, nos dominan por el engaño¨
Simón Bolívar

Resulta triste y lamentable que estas fechas propias de las tradiciones cristianas y en la que nos acostumbramos al hábito anual de la celebración y al encuentro de la familia, se haga cada vez una tradición y un hábito que los temas estructurales de la construcción social pasen a un tercer o un cuarto plano de la irrealidad, debido en parte a la naturalización que conlleva el aparentar la obligatoriedad de que estos estos temas son propios de quienes deben hacerse cargo en la representación del juego ¨democrático¨, así como a la ingenua perdida de interés de estos temas, debido y contradictoriamente a una falta de credibilidad de quienes nos ¨representan¨, de allí que resulte poco importante discutir sobre ciertos temas, porque a su vez éstos aparentan ser poco trascendentales para el constructo social y no por una perdida desinteresada de éstas temáticas, sino porque éstas también se han visto alimentadas durante décadas, gracias entre otros, a la dispersión que generan los medios corporativos de la comunicación Colombiana.

Es así, que el debate interno sobre esos temas estructurales quedan liminarmente en el discurso distante y reducido de quienes tienen una acción política militante o de una impresión o prejuicio de parte de quien les escribe, producto justamente de quienes se han encargado de suprimir en la agenda política a quienes con su acción son responsables de que ciertos temas aún subsistan y puedan discutirse (ojala) en el escenario social de no pocos grupos de interés, sino de un colectivo social que es a donde verdaderamente importa llegar.

En la agenda de esta cotidianidad se debería discutir ampliamente el impacto que pueda generar la reforma tributaria y el nuevo tratado comercial con la Unión Europea en un continente que cada vez se encuentra mas distante del consenso de Washington y de una Europa en franca crisis que no creo contribuya a darle solución a los crímenes sociales que el Estado ha hecho en décadas; una agenda cotidiana que incluye tratar a su vez la importancia del incremento miserable e indigno del salario mínimo y que no esta en consonancia con el aclamado TLC, así como de la reelección del procurador y de quienes desde uno de los poderes del Estado son responsables de estas decisiones non sanctas; sin embargo y sin ir mas allá de cuanto tema trascendental necesario para el constructo social sea indispensable discutir, no quisiera dejar de darme la posibilidad de construir una agenda social de primera línea, si es que recordamos que en este mismo momento una parte estructural de estos temas pasa por el hecho de que éste Estado que representa al conjunto social de los Colombianos se encuentra en etapa de diálogos con la insurgencia; de allí que lamente profundamente el continuo retroceso de acción política ante la decisión de  incrementar la impunidad en un país que ha hecho de ésta política: su bandera, con la aprobación del fuero penal militar. Pero y cual podría ser esa agenda en emergencia ante esta bandera impune en la que claramente no me veo representado? Así desde mi infancia más temprana haya habido quienes se esmeraron para que me proclamaran parte fundamental de este Estado en Construcción?

Sin más rodeos. Mi propuesta de agenda:

1)      Ley de Victimas

2)      Restitución de Tierras

3)      Mesa de Victimas

4)      Memoria Histórica

5)      Asistencia Humanitaria

6)      Fin del Conflicto social y armado con un empoderamiento claro de la Justicia Social

7)      Soberanía Popular

Pero puede esta propuesta llegar a ser parte de la agenda colectiva, sin que por ella podamos dejar de asistir al fuero de la posibilidad de indignarnos por una agenda que aunque pareciera, no nos es ajena? Todo ello como parte de un deseo que sea acorde a las festividades y al fin de ciclo propuesto por la cultura maya, para así quizás esperanzarnos con la posibilidad de rasgarnos las vestiduras, ante la eventualidad de una posible ascensión de necesidades que pueda ir con esta agenda fruto del impulso de las emociones propias de estas fechas tradicionales y por las que auguro más que una celebración, la posibilidad de hacer de esta agenda, la creencia de un hábito que contribuya a corregir y modificar la hipocresía de quienes votan y acuerdan en la camarilla legislativa o en el proceder de una injusticia ausente. O en el de un ejecutivo que no represente más el interés económico de quienes lo auspician para asumir el sillón de los próceres de una historia oficial en la cual tampoco me veo representado. O en unos medios cómplices de esa agenda cultural que nos reprime en el olvido y enarbola la bandera de la impunidad histórica. Puede desafiarnos entonces el poder del engaño? Ante la idea de una falsa democracia donde por un lado se alaba la necesidad de sumarnos a la tan displicente necesidad de someternos al poder de la ¨paz¨ de turno y de un discurso que pareciera plantearnos la romántica idea de abrazarnos  todos como hermanos en el conjuro del villancico ¨noche de Paz¨ o de una ¨sublime noche¨ en la que además de la resignación, quepa también la posibilidad de seguir resistiendo ese contenido vacío y pobre de la agenda paralela a los intereses de estas décadas de noches de terror en la que nos han imbuido.

Francamente, hablar en primera persona me permite asistir al confesionario público de mis más profundos deseos, pero también de mis más profundos pecados, sin hablar de mis más profundas convicciones, pero volviendo al pecado, confieso que he dejado de creer hace décadas también en este ¨Estado¨ de cosas y en las limitaciones estructurales de quienes suponen que ya todo esta escrito, solo porque quienes han decidido contarnos en primera persona que la escritura de esta historia ha sido suficiente solo porque la han hecho los que para mí, se satisfacen engañando, no basta. Por eso no creo, ni les creo. Pero aun así espero, que cuando amanezcamos de la profecía Maya podamos en contradicción con el titulo de esta amalgama de sentidos y contrasentidos, tener que festejar por la oportunidad de pensarnos ajenos al fuero penal de nuestra miseria y ahora mas que nunca, acompañar a las victimas de este Estado de cosas, que no son las de ahora, sino de las que vendrán. Porque la solución estructural de la agenda, inclusive la de la Paz, no está cerca si es desde aquellos que siempre la escribieron y todavía a regañadientes la escriben, por eso y mientras la impunidad siga enarbolándose como lo sigue haciendo, por encima incluso del sentimiento pasional de nuestros deseos para el fin de esta tragedia. No hay porque festejar.

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