Nueva cultura gastronómica

Publicado por: admin el Mar, 04/02/2020 - 06:10
Share
Los lectores de este blog, seguro mayoritariamente colombianos por el origen del mismo, se preguntarán por qué me ocupo con frecuencia de asuntos españoles.

Por dos razones. La primera, porque a
Nueva cultura gastronómica
Los lectores de este blog, seguro mayoritariamente colombianos por el origen del mismo, se preguntarán por qué me ocupo con frecuencia de asuntos españoles. Por dos razones. La primera, porque aquí se imitan muchas cosas que vienen de España. Hace años nos llegó, por ejemplo, el lenguaje inclusivo de los tiempos de Zapatero y hoy la cosa es una verdadera plaga. Y la segunda, para que vean lo que nos espera si seguimos copiando las cosas de allí. Ya Julio Sánchez está consiguiendo con mucho éxito en la emisora W Radio introducir el laísmo, vicio que no existía en nuestra manera de hablar; y las dobles preposiciones que, aunque su uso es correcto, por aquí resultan chocantes. Vamos pues, “a por” el tema de esta semana. El Rey Felipe VI acaba de firmar el nombramiento como alto cargo del Estado a un tabernero, a propuesta del Vicepresidente Pablo Iglesias y previa deliberación del Consejo de Ministros. Lástima que esas deliberaciones sean secretas porque sí le gustaría a uno conocer cómo fue aquello. “Ah, por cierto, tengo por aquí el nombre de un amiguete que servía copas en el bar Pura Vida en La Latina (un barrio madrileño), y lo quiero para el bienestar de los animales”. “Hecho”, responde el Consejo. Para lectores colombianos, aclaro que al pobre Felipe VI no le queda más remedio que estampar su rúbrica en este tipo de ocurrencias. Pongo por delante que no tengo nada en contra de los taberneros ni de las cajeras de supermercado (una que era tal cosa hace pocos años ha llegado a ministra allí). Ni contra los descargadores de camiones en El Corte Inglés, uno que bajaba bultos en ese gran almacén tiene hoy agarrado por los dídimos al mismísimo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. No, no tengo nada en contra de que la gente llegue lejos. Miren sino a nuestro vecino Nicolás Maduro, ayer camionero y hoy sucesor de Simón Bolívar. Lo que me inquieta son las decisiones que suelen tomar esos paracaidistas en política. Del nuevo Director General de los Derechos de los Animales en España me temo lo peor. Las referencias son para echarse a temblar: vegano furibundo y fanático animalista; ya lo dice el Nuevo Testamento, por sus trinos los conoceréis. Ha dicho don Sergio García —que así se llama su ilustrísima— en la red del pajarito, que “el hombre es el único mamífero que le roba la leche a otra especie” o que consumirla “solo supone maltrato animal, para que haya leche tienen que quitársela al ternero.” Trinos que procedió a borrar en vista de su inminente carrera política. Pero ahí quedaron, ya saben cómo es esto. Los ganaderos y agricultores de España pueden estar al borde de un ataque de nervios con este nombramiento. Y qué me dicen de los pescadores. ¿Imaginan ustedes el sufrimiento de la merluza de pincho? El animalito pescado así, con anzuelo, ya tiene quien lo defienda y a nosotros solo nos quedará la nostalgia, el recuerdo del plato rey de las cocinas españolas. De hecho, otra militante vegana de allá de la que solo sé su nombre, Fanny, que armó un gran revuelo a finales del pasado año al hablar de la violación que sufrían las gallinas por parte de los gallos, asegura que “la pesca no es un deporte, es un asesinato”. Y abundando en sus argumentos dice que “no necesitamos comer animales. ¿Qué están buenos? Pues vale, a lo mejor los humanos también. Es que no es justo, un sabor no vale más que una vida”. Doña Fanny, como ven, ya tiene un Director General instalado en la administración española que apoyará sus tesis. Así que ni pintadas para la ocasión las declaraciones hace algunos días de Magnus Soderlund, un profesor de economía sueco, quien afirma que el canibalismo podría sustituir a la industria cárnica y la agricultura. Estas dos actividades humanas, afirma el economista sueco, perjudican de manera notable al medioambiente. Como la experiencia nos enseña que las ocurrencias de un gobierno suelen tener consecuencias, yo he empezado a estudiar futuros manjares caníbales. La costumbre es tan vieja como la Humanidad, tampoco debe asombrarnos, pero es bueno no perder de vista que en la antigüedad la gente solía zamparse principalmente a sus enemigos. Ya sueño con comerme los riñones al jerez de cierto escritor de fama y antiguo colega. Me puso a parir en un salón de embajada, sin que yo hubiese dado motivo para ello y sin sospechar que la señora embajadora consorte, que era buena amiga, me pasaría el recado. Placeres que nos depara la nueva cultura gastronómica que se nos echa encima.