País premoderno

Sáb, 28/12/2019 - 10:06
Dos familias colombianas están hoy de luto por la muerte de una pareja de jóvenes recién casados, Natalia Jiménez y Rodrigo Monsalve, ambientalistas asesinados en Palomino, Magdalena. Hay varios d
Dos familias colombianas están hoy de luto por la muerte de una pareja de jóvenes recién casados, Natalia Jiménez y Rodrigo Monsalve, ambientalistas asesinados en Palomino, Magdalena. Hay varios detenidos y mucha confusión alrededor de estas muertes. Y una muerte más, un hombre que apareció con un cartel en el pecho en la misma zona del crimen de Natalia y Rodrigo. El mensaje encontrado en este último cadáver dice, con otras palabras, que casos como este en la región no se tolerarán y que “aquellos que lleguen a acabar con la tranquilidad” serán asesinados. Este último episodio parece destinado a desviar la atención mediática que se le ha dado al crimen de los ambientalistas. La muerte del joven matrimonio, como suele decirse entre los bandidos, “les calentó el parche”. Y como en Colombia lo más sano es poner en duda todo los que digan los bandidos, los investigadores y la administración de justicia, la única verdad que tenemos en este caso es la muerte de dos personas buenas, amates de la naturaleza, de los animales, de la tierra; y que, como casi siempre, no sabremos quién ni por qué lo hizo. La Defensoría del Pueblo tiene en Colombia un llamado sistema de Alerta Temprana que “acopia, verifica y analiza… situaciones de vulnerabilidad y riesgo de la población civil, como consecuencia del conflicto armado”. Esto en un país que dizque ha firmado un acuerdo de paz. Pues bien, en un largo e interesante reportaje que publica esta semana Opinión Caribe, se cita el Informe de Alerta Temprana No. 045/18 del 7 de mayo de 2018 en el que explica el contexto de estas muertes y de otras ya ocurridas en la región, sin que las autoridades hagan nada. Solo palabrería y abandono. Los paramilitares se han transformado en grupos armados que ejercen control territorial y social en la Troncal del Caribe, y en la región hay miedo y silencio. Esta es una historia recurrente, la historia de siempre de un país en el que no hay ni una sola persona viva, ni siquiera la más vieja que usted pueda encontrar, que haya vivido un solo año, unos meses, nunca, sin la presencia de bandas armadas. El bandolerismo es un fenómeno que vivieron sociedades en un proceso de desintegración y transición y que han experimentado los países más insospechados hoy: Suiza, España, India, Australia... Todos lo han desterrado, menos Colombia. Alguna vez lo dije aquí y no me importa repetirlo, que el bandolerismo es un fenómeno de sociedades atrasadas, como escribió es historiador inglés Eric J.Hobsbawn, que solo desaparece con la modernización económica y política. Algo que debería hacer pensar a los que sacan pecho con la “economía naranja”, la “seguridad democrática” y majaderías por el estilo. Aquí siguen matando de forma impune las bandas armadas, que se reciclan, se transforman, evolucionan ante unas instituciones ciegas, anquilosadas y corruptas.
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