La suerte de Bogotá, es la suerte de Colombia. Suena exagerado, pero es una realidad. Bogotá, como todas las capitales, son el referente de su País. Si hablan de Berlín, él referente inmediato es Alemania, si hablan de Roma, hablan de Italia, y en algunos casos, la capital es superior a su país, Constantinopla, hoy Estambul pesa más que Turquía.
Bogotá es nuestra capital, le pertenece a todos los colombianos, de hecho la habitan una fusión migratoria de todas las regiones del país que la vieron y la siguen viendo como la ciudad de las oportunidades. El desarrollo de Colombia se mide por desarrollo de Bogotá, es el referente para los inversionistas, para los turistas, para la educación, para la salud, para la investigación, para todo. Todos los colombianos soñamos alguna vez vivir en Bogotá.
Podrá existir cariño histórico y turístico por Cartagena, admiración y envidia por el crecimiento sostenible de Medellín, pero al final todos los caminos conducen a Bogotá. La capital era una ciudad inviable, administrada por la politiquería que la sumió en los peores indicadores de inseguridad e inversión. Gracias a la consolidación de la elección popular de alcaldes, los ciudadanos maduraron, asumieron independencia en las urnas y eligieron dos buenos alcaldes, que cumplieron, que trabajaron honrosamente y que gobernaron para todos los ciudadanos: Antanas Mokus y Enrique Peñalosa.
Hoy, gracias a la democracia, Bogotá está en medio de una polarización social que la tiene al borde del abismo. La izquierda que tiene la habilidad para cautivar electores con discursos románticos, viene administrando la ciudad hace 10 años, con el beneplácito y complicidad de ciudadanos que se consideran libre pensadores, apolíticos, alternativos y ahora progresistas. Primero pasó Lucho Garzón y casi nada. Con Samuel Moreno fue el final, y llegó Petro: la ilusión, el justiciero de los hermanos Moreno, el senador de la moralidad, el verdugo de los corruptos.
Gustavo Petro es un clásico a parte de la vida política de Colombia. Tuvo la habilidad de trascender de su vida clandestina, de guerrillero, de ilegal, con todas las variables que tiene esa palabra. Petro es calculador y frio, supo esperar el momento para quedar solo, sus eventuales competidores quedaron en las tumbas y en las derrotas electorales, así logro quedarse con el capital político del M-19 para llegar al congreso. En el Senado brilló en medio de la mediocridad que es el congreso, pues nadie discute su brillantez e inteligente, su estructura dialéctica y su tremenda habilidad para utilizar sus cualidades y devorar a sus objetivos políticos.
Petro, quien ayudó a elegir a Samuel Moreno, sabía que las encuestas no le favorecían a Moreno y que un tercer mandato de izquierda con la plataforma del POLO era un imposible, de inmediato aplicó su estrategia: anarquizar. Siempre lo hace, en el M-19 fue disociador, al Polo Democrático llegó, lo utilizó y luego lo liquidó. Sabe al milímetro que incendiando la casa, él es único que subsiste, porque antes de saltar por el balcón deja envenados a sus habitantes.
Así ganó la Alcaldía, eliminó a sus amigos, a sus aliados, los Moreno, al POLO, para comenzar una campaña individualista, solitaria, sin sombras, con la cruzada más fácil, la luchas de clases, la polarización entre los que tienen y los que aguantan hambre, alimentando el odio, el resentimiento. Es un maestro en el arte de señalar, indagar, escarbar la herida, para alimentar su capital político y subsistir.
Su administración no es la que necesita Bogotá, ni la que esperaban los Bogotanos, o al menos los que votaron por él, que fue la mayoría entre las minorías. Petro no estaba preparado para ser Alcalde, sus actuaciones no están ajustadas a la planeación que requiere la ciudad, su gobierno es caprichoso, gobierna el día a día, por emociones, es un especulador y pésimo ejecutor. Está gobernando para seguir alimentando -ahora en banquete- su ego, su arrogancia que lo enceguece, que le impide ser lo que la gente, como quien escribe, creía que era, un hombre capaz, responsable y sincero.
Petro está preso en su laberinto de vanidades, él siempre se ha considerado brillante, superior , los demás son unos tontos, el considera y así lo aplica, que sus argumentos son suficiente razón para transformarlo todo, para destruirlo todo, para hacer creer que las cosas positivas son negativas para los ciudadanos y, un mago para hacer creer que las cosas negativas de su administración son tratados de administración pública.Qué suerte la de Bogotá, administrada por un arrogante, por un maestro del sofisma, por un cuentero que habilita enemigos y conspiradores, en quienes lo critican o hacen sugerencias constructivas por el bien de Bogotá, o simplemente donde no los hay. Tal vez el sabe que la paciencia colectiva de los ciudadanos tiene límite y que su fracaso es inminente, por eso para evitar y aplazar la herramienta Constitucional de la revocatoria de mandato, quiere incendiar a Bogotá, como el 9 de Abril, como el mismo lo dijo, "Si hay revocatoria, tendrán que destruir primero los sectores populares" ....se cree Gaitán. @laureanotirado
