Santos: en la cuerda floja

6 de mayo del 2015

No es precisamente la masacre producida por los narcoterroristas de la FARC a los 11 soldados en el Cauca lo que va a desencadenar la caída rápida del gobierno Santos, ni mucho menos las aspiraciones económicas favorables de las que tanto se ufana con milagro a bordo para éste año a través de su Ministro […]

No es precisamente la masacre producida por los narcoterroristas de la FARC a los 11 soldados en el Cauca lo que va a desencadenar la caída rápida del gobierno Santos, ni mucho menos las aspiraciones económicas favorables de las que tanto se ufana con milagro a bordo para éste año a través de su Ministro de Hacienda, y menos el apoyo casi que considerado que tiene de los E.U y la Unión Europea, porque lo que verdaderamente va a generar la salida de Juan Manuel Santos como presidente, será precisamente su condición de la mal llamada estirpe de torpes, con lengua ligera por decir una cosa y su actitud alocada para hacer otras.

En sus casi 6 años de travesía política, han sido más los errores que los aciertos. Se dejó vender de su hermano Enrique, de los Castros y Chávez, que ellos si podían lograr la paz por la estrecha cercanía que el primero tenía con el secretariado y por su amplia participación a lo largo de su vida como periodista a cuanto foro izquierdista se le atravesaba. Con razón alguna vez –así lo escribieron- lo llamaron el guerrillero del Chico.

Sin embargo, ahí no ha parado su larga trayectoria de equívocos, porque lastimosamente toma sus determinaciones por razones de calentura, dejándose llevar por aquellos leguleyos a los que alguna vez les conspiró y contrarrestó desde la arena de la oposición de las élites sin éxito alguno, porque aun así no quiere aceptar que no es político, porque su olfato ha estado ligado a lo que le sobra de oportunista y a lo que le falta como verdadero estadista.

Nadie como éste presidente, ha dilapidado tanto la confianza de un país que creyó en él no por sus calidades –porque las tiene para quedar mal-, sino por el terreno abonado de otro –que corre igual suerte– que excedió su destreza en iguales y hasta con peores razones ya conocidas.

Se ha insistido en que éste proceso de paz no tiene futuro. Y no tiene juicios de continuidad por cuanto quienes participan de él carecen de verdaderas intenciones; faltan a la verdad, demuestran con hechos que viven de la guerra y se lucran de ella -y no los que nos oponemos-, y pretenden continuar con independencia del número de muertos que se le abona a sus listas, agregándoles que quienes participan en iguales términos, son los mismos de ayer que concurrieron entre caguanes, elefantes y dragacoles, y que pretenden con mayor asiduidad, que se les otorgue el sello de refrendación popular sin menoscabo alguno con justicia transicional.

Si bien la paz se hace entre criminales y no criminales, pero no entre iguales delincuentes, porque es imposible pedirle a los alacranes que den a luz palomas, y mucho menos que nos entreguen un supuesto acuerdo de reconciliación que posteriormente se dará por sentado que otro grupo criminal -que no responderá por sus crímenes- se geste y con desaforados medios termine por derrocar y desestabilizar a un Estado y a una nación completa como ocurre en Venezuela.

@JorgePerezSolan

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO