Señales del amor

2 de marzo del 2015

A propósito de las señales del amor, en Echemos Vaina traemos un relato salvaje del encuentro de dos almas: Chirley Levy Ladaga y Abraham Tirado Flechas. Abraham es un hombre como pocos. Minucioso, detallista y algunas veces certero. En nuestro primer encuentro caí flechada por él. Yo era la modelo de un acto extremo del […]

A propósito de las señales del amor, en Echemos Vaina traemos un relato salvaje del encuentro de dos almas: Chirley Levy Ladaga y Abraham Tirado Flechas.
Abraham es un hombre como pocos. Minucioso, detallista y algunas veces certero. En nuestro primer encuentro caí flechada por él. Yo era la modelo de un acto extremo del circo de los Hermanos Loprette en donde Abraham tendría que atravesar de un flechazo una sandía que reposaba en mi testa. Recuerdo aquél momento como si fuera ayer. Sucedió hace 24 horas y terminé con fuertes dolores del corazón. Asumo que era el apego. A diferencia de mis otras parejas (el enano Gámez, el domador Domínguez y el mago Terero), Abraham se muestra obsesivo, celoso y rudo. Con él me siento vigilada, manipulada y tratada con firmeza. Con Abraham no echo de menos los desaires, las salidas en falso y el lenguaje poco benefactor en sus reclamos, en pocas palabras me siento apreciada.
El enamoramiento comienza con una larga celebración sensual y con un viaje reparador a su alcoba. En su habitáculo volví a sentir la dicha, el magnetismo, los forcejeos y el espionaje de los huéspedes del inquilinato. Recién cuando la herida parece haber cicatrizado, yo aflojo y Abraham vuelve sutilmente a las andadas, a echarme las dagas, cuchillos y flechas. Soy cautivada y pronto me sentiré una cautiva. Embelesada por ese hombre carismático, me dejo arrastrar por la corriente, y sólo despierto cuando los efectos del amperaje han desaparecido. Como toda mujer enamorada no tardo en verme involucrada en un serio altercado a raíz de que descubro, y no por casualidad, una de esas mentiras veniales tan propia de los galanes: estaba con otra mujer.
Al hacerle el reclamo se declara entonces agraviado, me acusa de artimañas y falsedades, y busca a cualquier costa mi remordimiento. Al inicio me siento intimidada, pero a medida que va pasando el tiempo me acostumbro. Cuando la persona que amamos nos obliga a modificarnos una y otra vez hasta la contorsión para caber dentro de su caja emocional, cuando nos empuja por el trampolín de los sentimientos a traicionarnos a nosotras mismas y nos transformamos continuamente en otra para ser aceptada, puedo decir que encuentro al amor de mi vida.
En la foto, Chirley flechada por Abraham.
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