Si por aquí llueve, por Estados Unidos no escampa

30 de agosto del 2018

Mientras en Colombia nos encontramos divididos y cuestionamos nuestro sistema político por los resultados de la consulta anticorrupción, discutiendo a diario sobre las medidas que se deben tomar desde el congreso para que se le dé trámite al sentir popular de implementar medidas para frenar la corrupción; en Estados Unidos toma más fuerza un debate […]

Si por aquí llueve, por Estados Unidos no escampa

Mientras en Colombia nos encontramos divididos y cuestionamos nuestro sistema político por los resultados de la consulta anticorrupción, discutiendo a diario sobre las medidas que se deben tomar desde el congreso para que se le dé trámite al sentir popular de implementar medidas para frenar la corrupción; en Estados Unidos toma más fuerza un debate de amplias proporciones, el cual divide al país y cuyas consecuencias evidentemente pueden ser más complejas, afectando no sólo su futuro sino el de toda la comunidad internacional, y que puede poner a prueba nuevamente al sistema político americano.

Todos a nivel internacional están hablando de impeachment. Vuelve a rondar ese fantasma que ya se había aparecido en la región recientemente con el caso de Dilma Rousseff en Brasil, pero esta vez a otro nivel, teniendo en cuenta que Estados Unidos aún se constituye como la primera potencia mundial y que su forma de gobierno corresponde a un sistema de corte presidencialista en donde se le otorgan grandes poderes al primer mandatario, que cada vez parece ver más cerca un juicio en su contra.

Las razones que podrían llevar a juicio político al presidente no solo parten de hechos aislados como su perspectiva desafiante contra las posiciones establecidas por los ex mandatarios estadounidenses; su postura contra las convenciones internacionales que Estados Unidos ha firmado y ratificado; la presunta influencia de un gobierno extranjero en las elecciones que lo llevaron a la presidencia; o la guerra comercial que ha querido instaurar, utilizada como cortina de humo y cuyos efectos negativos se empezarán a ver pronto reflejados en el ciudadano de a pie, clase media (en una próxima entrada me dedicaré a esto); sino que parten de una lógica más aguda, en donde se viene configurando una cadena de efectos infortunados que han desatado cuestionamientos todavía más graves sobre el proceder de quien probablemente es hoy en día, el individuo más poderoso e influyente en el sistema internacional.

Desde pagos y sobornos para ocultar diversas aventuras sexuales, hasta la existencia y el posible ocultamiento de un hijo extramatrimonial que se niega a reconocer, pasando por diversas ofensas a las minorías, violando todo tipo de códigos de conducta y protocolo, e incluso realizando comentarios y actuaciones fuera de contexto contra las mujeres, el Sr. Trump ha construido un verdadero prontuario desventurado de conductas que además de cuestionar la legitimidad de cualquier primer mandatario, la situación se ha convertido en un nuevo reto para la política estadounidense.

¿Qué es y como funciona la figura del impeachment en Estados Unidos?

Básicamente el impeachment hace referencia a un proceso de destitución o juicio político. Esta figura es propia del derecho anglosajón, aunque ha sido trasplantada a diversos ordenamientos jurídicos a nivel internacional. Parte de la idea de que el congreso como representante del pueblo, tiene la última palabra para aprobar el enjuiciamiento de oficiales en los altos cargos del Estado, y se configura como una medida propia del check and balance o sistema de pesos y contrapesos, en donde la separación de poderes es protagonista e implica que, a pesar de otorgar grandes poderes al presidente para que este actúe como jefe de Estado y comandante en jefe, puedan existir frenos en caso de que se presenten situaciones particulares que vayan en contravía de la voluntad del pueblo o que se constituyan en afrentas al espíritu mismo del sistema político.

Es importante saber como el mecanismo funciona en el contexto estadounidense para comprender lo que le puede esperar al señor presidente y como se tendrá que jugar las cartas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Inicialmente, en la Cámara de Representantes se instruye la actuación. Cualquier miembro puede presentar una resolución contra el presidente si encuentra que las actuaciones del primer mandatario se pueden configurar en alguna de estas conductas: traición, soborno u otros crímenes o delitos graves. Luego, un comité judicial evalúa las acusaciones, redacta y discute los artículos del impeachment, somete a discusión y votación de los Representantes las acusaciones, y con una mayoría simple, es decir, si el 51% aprueba la destitución, se puede proceder al juicio político.

Una vez aprobado esto en la Cámara de Representantes, los cargos son presentados al Senado. En el Senado se redacta el proyecto de acusación y se informa al presidente. Al iniciar el juicio, este, es presidido por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, mientras que los miembros del Senado actúan como jurado, los miembros de la Cámara de Representantes actúan como fiscales. Finalmente, el Senado delibera en privado y vota en público sobre la determinación. Si luego de la votación, el presidente es encontrado culpable por al menos dos tercios de los senadores, es decir el 67%, se releva del cargo al presidente, y este es remplazado por el vicepresidente el resto del periodo. Cabe resaltar que una vez oficializada la decisión, sobre esta no procede la apelación ni recurso alguno.

Siendo esta la situación, no es claro lo que pueda ocurrir, o más bien, es poco probable que pueda darse, no solo por lo largo y dispendioso que puede resultar el proceso, sino porque históricamente la figura del impeachment se ha presentado únicamente en dos ocasiones, Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998, desde la aprobación de la constitución en 1789, y en ningún caso ha sido efectiva para destituir a un presidente estadounidense.

A pesar de esto, lo que si es cierto es que por primera vez los Estados Unidos tienen un presidente con las características de Donald Trump, el cual llegó al cargo con un historial cuestionable de escándalos y que ha tomado decisiones bastante controvertidas que también le están costando su capital político.

¿Será que si, será que no? Si acá en el país del sagrado corazón sacamos a casi 12 millones de personas a votar por una causa que parecía perdida, sin maquinarias, sin incentivos, sin mermelada y sin los grandes caciques electorales de por medio, gracias a la utilización de un mecanismo que históricamente no ha sido exitoso, y que tiene en vilo al congreso para que actúe y escuche el clamor popular, ¿Será que el congreso estadounidense se pone la camiseta, se la juega y nos da una sorpresa? Solo el tiempo lo dirá. Por ahora, al igual que acá, nos toca esperar y estar atentos sobre lo que ocurre en el congreso y las determinaciones que se van a tomar para garantizar que se cumpla el mandato popular.

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