Un país enfermo en su ignorancia

11 de mayo del 2015

No faltará quien de tajo señale que el calígrafo de ésta columna con semejante título, es todo un “hijo de su madre”, por descalificar en apariencia a los que con encantamiento de enfermedad venérea, han gobernado durante décadas al país del melindre y de la mentecatez de bambalinas, con artistas del hechizo vulgar de sus […]

No faltará quien de tajo señale que el calígrafo de ésta columna con semejante título, es todo un “hijo de su madre”, por descalificar en apariencia a los que con encantamiento de enfermedad venérea, han gobernado durante décadas al país del melindre y de la mentecatez de bambalinas, con artistas del hechizo vulgar de sus discursos de baratija, de actos encomiables y de las soserías con que suelen fingir y ocultar su mayor ignorancia, independiente de la procedencia de los títulos académicos con que derivan sus altos conocimientos y con los que se ufanan de ser los últimos volúmenes de vademécums en distintos aspectos de los sectores políticos y económicos.  

Cada vez más se verifica que la ignorancia de ésta sociedad ya no se mira propiamente desde la visión misma de la falta de conocimiento, sino más bien por la categoría de ignominia en el nivel social y en la desvaloración individual del ser humano.

En décadas anteriores y hasta la fecha, reportes del Ministerio de Salud, afirman que seis de cada diez colombianos, vienen presentando patologías por enfermedad mental, en razón a situaciones de naturaleza familiar, de tipo sentimental y laboral. Hoy la cifra va en aumento, pese a que el Congreso a través de la Ley 1616 de 2013 –reglamentada por el decreto 0658-, definió la salud mental pública como prioridad de política de estado y que hasta la fecha poco es lo que se ha definido frente al tema.

Lo curioso de ésta Ley, es que el firmante como Presidente del Congreso es el senador Roy Barreras, el mismo que fungió como médico en otros tiempos, y en el presente es el prototipo del individuo que se identifica con lo señalado en los informes del mismo ministerio frente a personas bipolares, esquizofrénicas y de comportamientos alterados por motivos eminentemente mentales. Sin embargo, ese no es el único enfermo, los hay en las calles frente al volante, llevándose por delante todo lo que encuentren, desafiando a las autoridades sin preocupación alguna. También en el servicio de transporte, donde los ciudadanos del común se pelean por cualquier cosa que medio asome un atropello a su sensibilidad y ego. Igual en las escuelas y en las universidades, donde los estudiantes se siguen matando a golpes sin dificultad alguna, importándoles las notas; unas familias acosadas por los delitos de violencia intrafamiliar, incesto, homicidio y violaciones, y aún así, a pesar de todo, el país sigue como si nada, tan campante sin importar las cifras, sin mirar con preocupación que ello es y será el detonante a un problema que posteriormente será de difícil manejo.

No obstante se aprobó el Plan Nacional de Desarrollo y no se incluyó nada frente a esta situación, porque vale y preocupa más la venta de Isagen y no en si cómo resolvemos el problema de salud pública mental y el grado de barbaridad y de deshumanización del conflicto en todas sus facetas.

Como dice el parroquiano de la calle: esa es la idea, de hacernos creer locos para mantenernos ocupados.    

@JorgePerezSolan 

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