La Universidad Distrital Francisco José de Caldas, el 24 de octubre abre nuevamente sus puertas a un ejercicio democrático que llama a la reflexión, pues es una institución académica que se la pasa todos los años en campañas y elecciones, desde épocas remotas cuando los gamonales, que aún siguen, utilizaban sus maquinarias al interior para alcanzar curules en el Concejo de Bogotá y apoyar a candidatos al Senado y a la Cámara de Representantes, buscando prebendas clientelares y burocráticas.
Al contrario de lo esperado por el general de la ciudadanía, la Universidad Distrital no ha hecho nada por cambiar esas prácticas politiqueras y al contrario cada año o cada rectoría se empodera una nueva fuerza política al interior, y todos sus esfuerzos se enfilan al posicionamiento burocrático, dejando de lado la tarea primordial de la universidad como lo es el trabajo hacia la excelencia académica.
Si uno visita las sedes de la Universidad Distrital, se encuentra con una Macarena en obra negra, están haciendo unas obras que debieron entregar en el mes de agosto y hasta el momento no hay visos de concluir, de igual forma las instalaciones de la facultad de artes, a pesar de ser un bello edificio, de patrimonio cultural y arquitectónico, está a punto de caerse; y así todas las sedes, tanto es así que hasta un grupo de estudiantes siguen tomando clases en un edificio alquilado, si alquilado a la Universidad Antonio Nariño, que vergüenza.
Pero bueno, como se vienen elecciones todos aquellos que han sido los culpables de la actual situación enfilan baterías para tener un noveno de poder en el Consejo Superior Universitario y de está forma poder negociar dependencias o contratos con el rector, lastimosa y vergonzante costumbre que se presenta en esta universidad, que lejos de ser la universidad de Bogotá, está dando pasos gigantes para una intervención definitiva que la lleve a la liquidación (pensando con el deseo).
Es bueno aclarar que la mayoría de los miembros de la comunidad universitaria son personas honestas y éticas, profesores, estudiantes y trabajadores que trabajan día tras día por el beneficio general, hombres y mujeres que quieren una universidad digna, decente y con el nivel académico que todos soñamos. Pero lastimosamente los que ostentan el poder, y no me refiero con esto a la rectoría están en la otra orilla, buscando sus beneficios personales, varios apartamentos, membresías en clubes privados, contratos millonarios pues la conciencia tiene un costo.
Desde la época de Antanas Mockus ningún alcalde le ha querido “meter el diente” a esta institución, y es evidente el desgano que le tienen pues conocen las “mafias” que se mueven al interior; grupos de poder y presión que debaten y cuestionan todas las políticas provenientes de la administración distrital por el simple hecho que les ataca sus feudos, pues eso es lo que tienen muchos allí, unos feudos que manejan a su antojo y por ello es que la Universidad Distrital no es más que una sumatoria de intereses mezquinos.
Con la llegada de Gustavo Petro a la Alcaldía de Bogotá y desde su programa de gobierno como en el discurso de posesión y posteriormente en el Plan de Desarrollo se propuso como meta la transformación de esta institución para ponerla al nivel de las mejores universidades y además convertirla en la institución educativa que favoreciera a los jóvenes provenientes de los estratos más bajos, apostándole con esto a la no segregación. Al parecer los pulsos internos y teniendo en cuenta que el Alcalde, a pesar de presidir el Consejo Superior Universitario es uno dentro de nueve miembros, pues la verdad no lo han dejado hacer mucho, y al interior de la universidad cuestionan todo lo que se anuncia con respecto a ésta, nuestra Universidad Distrital, la universidad de todos los bogotanos.
Desde hace más de treinta años se viene anunciando una intervención que definitivamente liquidaría esta institución, pero siempre pesan más los cargos y los contratos que ofrecen en el Concejo de Bogotá que la honestidad y la ética. Como los amantes del poder, anquilosados en algunas dependencias y beneficiados por los dividendos que les entregan por sus complicidades aberrantes no permitirán que la universidad tenga un merecido viraje hacia la responsabilidad y honestidad, y siempre seguirán jugando los mismos que se benefician de estas acciones en estas contiendas electorales, pues la ciudadanía decente debe sentirse orgullosa que un hombre joven se atreva a lanzarse a este escenario y ser candidato para representar a los egresados en el Consejo Superior Universitario, un hombre que viene de las entrañas del Movimiento que llevo al actual alcalde de Bogotá a ocupar el segundo cargo más importante del país; Diego Rodriguez Karachas, acompaño a Gustavo Petro en la campaña y hoy lo acompaña en la Alcaldía liderando procesos de transformación social, Diego no es un político, es un hombre comprometido con la ciudad, con las clases menos favorecidas y con la academia.
Bogotá necesita con urgencia una universidad que le de respuestas a las necesidades de sus jóvenes, una universidad que se comprometa con los ciudadanos a aportar desde la academia soluciones a las diferentes problemáticas en las que está sumida nuestra sociedad, por ello estoy seguro que la única posibilidad que tiene la ciudad y la Universidad Distrital Francisco José de Caldas es que los egresados acompañen y respalden la propuesta y postulación de Diego Rodríguez Karachas este 24 de octubre.
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