“Afectuoso” encuentro con las FARC

13 de abril del 2015

Si no fuera porque sus nombres o remoquetes están ligados a pavorosos hechos de violencia, uno podría pensar que la cúpula de las FARC -que negocia la paz en La Habana- es un grupo bacán para compartir largas tertulias y hablar paja sobre el país.

El encuentro “sólo para conversar desprevenidamente” promovido por “las 2 orillas” (María Elvira Bonilla y León Valencia) resultó provechoso quizá -o precisamente- por esa condición de informalidad convenida.

Hubo un coctel (viernes en la noche) y el sábado una larga sesión de casi cinco horas, donde fueron retiradas las mesas que -de entrada- definen el rol de unos y otros.

Nadie se emborrachó, pero en medio de los rones, los saludos cálidos, las frases y cumplidos -yo siempre te he escuchado, saludos a tu papá, a quien admiramos mucho-  (al hijo de Yamit) hubo anécdotas, historias y uno que otro chiste.

A Pablo Catatumbo se le ocurrió, muy circunspecto, decir que lo pueden investigar y que no tiene -de su propiedad- un solo metro cuadrado de tierra, en ninguna parte del país. Y lo puedo jurar, dijo levantando el brazo y casi poniéndose firmes.

En el mismo grupo estaban Iván Márquez, Romaña, Carlos Calarcá (con tremenda barriga, superior a la mía), Pacho Chino (tan hábil que nunca ha estado en la cárcel ni tiene un rasguño) Arturo Alape, Rodrigo Granda (el canciller de las FARC) y Carlos Antonio Lozada, el sucesor del Mono Jojoy, al mando del frente guerrillero.

Ante semejante afirmación (la de Catatumbo) y nada prudente les dije a todos, cuando todavía imperaba cierta solemnidad:

-Me hace recordar una vieja anécdota de la política. Toda la prensa hablaba de la corrupción de los políticos y uno de ellos, José Name Terán (padre del actual presidente del Congreso). En una manifestación pública (de esas multitudinarias de la época) Name gritó a la muchedumbre amiga que lo aplaudía a rabiar:

-Les juro que a este bolsillo no ha entrado un solo peso de la corrupción.

-¡Está estrenando pantalón¡ gritó un hombre flaquito y risueño, sin sopesar el fuerte calibre de su comentario.

Dicho esto en el coctel con los señores de las FARC hubo un silencio de espanto. Todos se miraron. Mejor, todos me miraron.

Catatumbo me sacó del abismo: -Dejo constancia -comentó- que este pantalón es viejo. Y aclaró que las tierras y dineros de las FARC son de “la organización”, no de nadie en particular.

Después hubo situaciones más peliagudas cuando les preguntamos por el asesinato de la familia Turbay, los concejales muertos en Rivera, los diputados del Valle y otros desastres enormes.

Sobre la paz, ellos  y casi todos los colombianos, hacemos votos para que llegue a buen puerto. Tienen ganas, se les nota ilusionados. A Márquez le duele la espalda. A Alape le tiemblan las manos…

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