Ante la caída de los ñoños, ¡Norberto, salve usted la patria!

Ante la caída de los ñoños, ¡Norberto, salve usted la patria!

30 de julio del 2017

“Hay que ver lo que hace una cliente por obtener un turno en D´Norberto. Y más si, como la senadora Rosemary Martínez milita en un partido que parece una orden al peluquero, Cambio Radical”.

En su columna de Semana, Daniel Samper Ospina vuelve a deleitar al país con su humor político y enfrenta a quienes se rasgaron las vestiduras ante la condecoración al peluquero Norberto. Puestos a escoger –dice-  la carrera de Norberto es verdaderamente destacable, a diferencia de la carrera de la misma senadora, que la tiene del lado derecho: ella se peina así. Requiere de un Cambio Radical.

Y sigue Daniel: -Me relamía imaginando al senador Gerlein obligado a aplaudir al estilista y a su marido; a Viviane Morales revelando que tuvo una iluminación divina (como las que hace el mismo Norberto) por culpa de la cual debían convertirse en pareja idónea; al subsecretario Saúl Cruz simulando que le cortaron una oreja.

Pero, sobre todo, celebraba la iniciativa porque la presencia en el Capitolio del máximo estilista de Colombia agregaba majestad al Congreso: ¿quién dijo que los únicos que podían echar cepillo en el recinto eran los abyectos miembros de la bancada del Centro Democrático? ¿A cuenta de qué los únicos rayitos del recinto son los que se tiran los congresistas? ¿Dónde advierten que ‘la permanente’ debe ser la presencia eterna del mismo Gerlein: tres décadas ofreciendo al país, y a su hermano contratista, “sus servicios con los más altos estándares de belleza y calidad”?

No resulta justo que las únicas extensiones del salón elíptico sean las de Álvaro Uribe: aquellas extensiones presidenciales, por culpa de las cuales podrían llamarlo con el alias de la Mechuda, y gracias a las que se convirtió en el blower nacional, o secador, para decirlo en español: porque nos tiene secos.

Recomendaciones a Norberto

Samper Ospina le pide a Norberto que pase bancada por bancada trabajando por un mejor país: que arregle el frizz de Paloma Valencia; que repase el bikini de Roy Barreras; que intente un corte de totuma para Mauricio Lizcano; que tinture al senador Robledo, y de paso le haga la manicure, para que le siga sacando las uñas al fiscal; que le ofrezca truquitos al senador Lara, a quien también le gusta agarrarse de las mechas; y, ya en esas, que se detenga especialmente en la bancada del Polo, donde hay una gran labor por hacer: que promueva el uso de champú en Iván Cepeda, por ejemplo. Porque los políticos del Polo no están familiarizados con el aseo, hay que decirlo todo. A diferencia de los de la extrema derecha, que saben mucho de limpieza. Aun de limpieza social.

Pero especialmente quiero que se ocupe de los congresistas vinculados a Odebrecht: de Ñoño y de Musa, de Antonio Guerra y de Plinio Olano. Tras las declaraciones del fiscal, todos ellos quedaron con los crespos hechos, asunto que Norberto podría perfeccionar.

Me duele que la cosa se ponga peluda, si se me aprueba la frase, para Ñoño y para Musa: toda una vida trabajando, tamal tras tamal, teja por teja, por el sistema democrático de Colombia, para que de buenas a primeras quieran cortar sus carreras políticas de un tajo, como el propio Norberto cuando acomete la chúler.

Sería, pues, la forma de inaugurar en el Capitolio la era de Nordebrecht: una era en que los lavados no son de activos; existen cortes diferentes a la Corte Suprema y la compra de bótox no resulta tan vergonzosa.

Votaré, pues, por el que diga Norberto. Celebro su condecoración. Reconozco que en el Congreso todavía existe gente templada, como Claudia López, pero nunca tan templada como él. Y me alegra que su presencia garantice unos mínimos de aseo y estética para los senadores: asuntos que abundan en este caballero, experto en los asuntos del New Look. O del Cambio Radical, para decirlo en español.

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