¿Capar a uno o educar a miles?

Mar, 12/06/2012 - 01:01
Entiendo que es más fácil, más barato y más rápido, capar a un violador que educar a miles de niños en una sexualidad sana y respetuosa de la diferencia, por eso para el efectismo del senador Ro
Entiendo que es más fácil, más barato y más rápido, capar a un violador que educar a miles de niños en una sexualidad sana y respetuosa de la diferencia, por eso para el efectismo del senador Roy Barreras, que está convencido que al aprobar el marco legal para la paz nos acercamos a la paz, proponer la castración química será igual de fácil, ¡así se acabarán las violaciones! Sin embargo y con mucho pena por ser tan aguafiestas frente a la propuesta sacada oportunamente del cubilete del Senador, el problema tiene mucho más de fondo. La violación no se hace con la penetración, o por lo menos no se hace desde la penetración, sino desde la dominación y la dominación no está en el pene del violador. Violar es someter, es demostrar superioridad, es humillar a la otra persona en lo más sensible, que es su sexualidad. La historia de la humanidad está plagada de guerreros que han violado a las mujeres de los vencidos porque para ellos no basta ganar una batalla, hay que demostrar superioridad y dominio sobre las  mujeres. Es claro que la violación no está en los genitales, está en la cabeza de los violadores,  y hasta donde entiendo nadie ha propuesto cortárselas. Eso sí, sacan a relucir una vieja y caduca solución de castración química, que consiste en lograr la impotencia sexual mediante medicamentos que inhiben la libido. Si esa fuera una verdadera solución ya muchos países la habrían adoptado, pero el violador, castrado, seguirá violando con lo que pueda –y con más rabia aún– con un palo, un bolillo, una botella, con lo que tenga a mano, porque lo que a él lo satisface es ver sometida a la mujer y en algunos casos a los hombres, especialmente a los niños que son tan débiles físicamente como las mujeres. No sé si la propuesta consiste en que una vez castrados químicamente, los violadores serán dejados en libertad y, con esta tranquilidad ingenua de que no tendrán erección, las autoridades se desentenderán de ellos que, muy horondos, seguirán haciendo de las suyas. O tal vez la idea es que esta medida sea complementaria de la pena de prisión y en ese caso le estarían aplicando doble pena por un mismo delito, lo que entiendo es inconstitucional. En todo caso sería paradójico que el Congreso aprobara un castigo permanente como éste, cuando no se logró la cadena perpetua para violadores de niños y niñas. En todo caso, en gracia de discusión, estas medidas punitivas podrían aprobarse y como resultado tendríamos una sociedad más castigadora pero no más civilizada. Si la civilización se midiera por el número de personas en las cárceles, Colombia ocuparía un puesto aceptable en la tabla de países civilizados porque aquí a nadie se le niega un carcelazo, especialmente si con ello se logra la atención de los medios de comunicación. Pero ¿que la cárcel nos haga mejores? Lo dudo. Bueno, pero volvamos a la castración química, una medida efectista que puede sonar a gloria en los oídos de quienes han sufrido el horrendo crimen de la violación. La venganza es dulce, sin duda pero realmente creer que es una medida curativa o al menos preventiva de nuevas violaciones, es bastante iluso, especialmente si no hacemos nada para avanzar en profundos cambios culturales, en la construcción de una sociedad más respetuosa de la mujer, donde el cuerpo no se convierta en mercancía, una sociedad en la que la mujer no se vea obligada a ser “bonita” para triunfar, donde el valor de la sexualidad sea la satisfacción de las personas, no la posesión de un cuerpo o el dominio de una persona en inferioridad física o emocional. P. D.: Me asombra que no se haya producido la misma reacción de rechazo en los medios frente al infame asesinato cometido en el Caquetá por las Farc contra un niño y su padre y una mujer embarazada que perdió a su hijo en el vientre, que cuando se produjo el atentado contra el exministro Fernando Londoño. Ambos actos son crímenes injustificables pero no se miden con el mismo rasero, ¿por qué? ¿Será que con esto estamos diciéndole a las Farc, hagan lo que quieran allá lejos en las selvas del Caquetá pero no se metan con los políticos en Bogotá?
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