Corrupción: freno al progreso del país

Corrupción: freno al progreso del país

3 de noviembre del 2010

Aplausos para la intervención que el Presidente acaba de ordenar a la Dirección de Estupefacientes.

Hace varias décadas se vienen detectando problemas graves de corrupción sin que el país asuma realmente sus inmensos peligros. Desde los años 80, el Seguro Social, la Caja Nacional de Previsión, entre muchos otros, fueron escenarios de desfalcos y de escándalos que continuaron creciendo a niveles que sorprendieron, pero que solo llevaron a medidas particulares. En 1990, por ejemplo, se detectó que el presupuesto anual de Instituto de Seguros Sociales de la regional del Atlántico se había gastado en los dos primeros meses, gracias a los buenos oficios del gamonal político del momento. Y ese episodio que se repetía con mucha frecuencia, obligó a relevos inmediatos en la dirección de esta institución. Era la época en que la corrupción se ubicaba únicamente en la relación perversa de la política con el Ejecutivo.

Los episodios de malversación de recursos públicos también salpicaron al Legislativo, y muchos senadores y representantes terminaron en la cárcel de manera que la dupla Ejecutivo-Política se volvió Ejecutivo-Legislativo y Política. Hasta ese momento los empresarios seguían libres de culpa. Entran en juego también los entes de control y llegan a las cárceles Procuradores y Contralores de la República, cuyos nombres todos conocen. Se amplía la red pero el sector empresarial seguía bien librado.

Pero actualmente, la situación es mucho más compleja porque entraron a este escenario los “empresarios de la política.” Esta nueva versión de la corrupción colombiana en la cual en vez de pre-inversión, flujos de caja y otras prácticas para definir un nuevo proyecto, basta con financiar a un político cerca del poder para entrar en la cadena de contratos que han enriquecido a muchos sin mayor esfuerzo. Se cerró el círculo y ningún sector se quedó por fuera. Perverso mapa que requiere acción inmediata.

A principios de los 90 hubo momentos de seria preocupación al nivel más alto del Gobierno y se trató de nombrar un Zar anti-corrupción. A una candidata se le pidió que presentara una estrategia y cuando lo hizo no la volvieron a llamar. ¿En qué consistía? Nada menos que en intervenir varias instancias gubernamentales y ponerlas en la picota pública. Ni Zar ni Zarina anticorrupción ni intervención a ninguna instancia. Posteriormente, en otro gobierno, se propuso en un Consejo de Ministros que se hiciera lo mismo y lo interesante fue que el rechazo vino de quien había ejercido el control ético del partido en el poder.

Por ello, valiosa la intervención que acaba de ordenar el Presidente Santos a la Dirección Nacional de Estupefacientes. Le tocó al Presidente de la República convertirse en el verdadero Zar anti corrupción y la verdad, nadie mejor para ese cargo. Es necesario ver hasta dónde llega este procedimiento y que instituciones siguen. Pero, por favor no se olviden de los “empresarios de la política”. Si esta nueva estrategia resulta, lo que se pensó hace una década no estaba equivocado. Hoy habría menos de esos millonarios que acabaron con las posibilidades de muchísimos seres que hoy siguen marginados porque sus oportunidades dependen de estrategias estatales. La corrupción no puede seguir frenando el progreso económico y social de Colombia.

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