Cosas que usted debe saber sobre el porno japonés

17 de junio del 2011

Me acuerdo exactamente del momento en que vi porno por primera vez en mi vida. Principios de los años noventas, Montevideo, verano. Casi todos los fines de semana iba a la casa de mis amigas, las hermanas millonarias. Pasábamos mucho tiempo solas mientras sus papás recorrían las islas del mundo. Un viernes por la tarde en que nos dedicábamos a espiar el closet de sus papás, nos encontramos con una tula de cuero negra llena de Playboy, Hustler y Penthouse. Vi cosas que no sabía que existían. Y después, cuando le pregunté a mi mamá por el sexo oral, lo negó. Arranqué un par de hojas que doblé en dos discretos cuadrados y me los metí en el bolsillo de la falda a cuadros –que era el uniforme de mi colegio–. El lunes por la tarde me escondí con una amiga en el bosque donde pasábamos los recreos y le mostré lo que había encontrado. No me acuerdo con qué amiga estaba y tampoco recuerdo su reacción. Sí recuerdo que volví las dos páginas una pelota con la mano, las enterré y después pisé el entierro prometiendo no volver a mirar algo similar.

También me acuerdo perfectamente de la primera vez que vi pornografía ilustrado. Finales de los años noventa, Buenos Aires, también verano, porque cuando éramos chiquitos todo lo mejor pasaba durante el verano. Mientras mis viejos y mi hermano turisteaban, yo me hacía la enferma y me quedaba en el hotel. Cuando me quedaba sola bajaba a la calle Florida y una tarde me metí a una librería donde me encontré un libro que tenía unas hadas hermosas follando con cucarrones de penes gigantes. Hadas y cucarrones con alas, flotando en el aire mientras se comían los unos a los otros. Orgasmo flotante.

Cuánta dicha, qué emoción. No podía creer lo que estaba viendo, y no podía creer cuánto me excitaba. Asumí la dicha con total naturalidad y desde ese momento en adelante acepté que me gusta la porquería. Me fascina, y no me da vergüenza aceptarlo.

Sobre el porno en carne y hueso tengo poco que decir, pues considero que ya se ha hecho de todo. Ya se han inventado máquinas para follar, ya se han comido caballos y culebras, ya han mezclado el sexo con comida, con caca, pipi y sangre, ya han follado en aviones, sobre motos y elefantes.  De todo. Hasta hace un tiempo yo pensaba que no había nada nuevo que ver, entonces llegó a mis manos el libro Esterilla de carne, de Li Yü.  Ésta es una novela erótica, escrita en China en el siglo XVII y ambientada en el siglo XIV. No se conoció en Occidente hasta 1958 y entonces comenzaron a circular copias clandestinas. Wei-yang Sheng, el personaje principal, rechaza la dura esterilla  donde los seguidores de Buda rezan y meditan y la remplaza por una esterilla mucho más cómoda y apetecible: el cuerpo de la mujer. En sus viajes, Wei-yang sheng busca a las mujeres más lindas que existan para seducirlas. Así, encuentra hermosas mujeres que se dejan seducir y a su vez engañan a sus padres, hermanos y maridos. El libro fue vetado en el Occidente por su contenido erótico y sus ilustraciones. No hay hadas, ni cucarrones; pero yo sentí lo mismo que sentí cuando descubrí la pornografía ilustrada, así es que me puse a investigar y encontré  El sueño de la esposa del pescador, una xilografía erótica de 1820 del artista japonés Katsushika Hokusai que muestra a una mujer teniendo sexo con dos pulpos, uno chiquito que la está besando con un tentáculo y envolviendo el pezón con otro; y un pulpo tan grande como ella le está dando cunnilingus.

Shinto, la religión de los indígenas japoneses, está basada en el animismo, que es la creencia en la existencia de espíritus supernaturales que animan todas las cosas. Las deidades de Shinto no tienen ninguna relación con la moral y la perfección, en lugar de ello están basadas en todo lo que es natural. Esta es la razón por la cual la sexualidad (como algo que es completamente natural) desempeña un rol tan importante. Entonces la pornografía apareció en Japón en el siglo XVII, inicialmente hecha por y para la nobleza, que era a su vez el grupo con mayor educación. Y es todo esto lo que explica que la sociedad japonesa acepte la pornografía como algo natural.

La historia de Japón hace que tenga sentido que la gente mire porno cuando va en el metro, como si fuera una revista de chismes, o literatura. Cientos de jóvenes hacen su debut en la industria del porno cada año y es muy común que muchas de estas actrices pasen de la industria del porno a la industria del cine y se vuelvan muy populares. Nadie las juzga, es normal.

Los japoneses están obsesionados con la juventud de sus mujeres y las presionan mucho para que no solo se vean más jóvenes, sino también para que se comporten como tal y así volverse más apetecibles para los hombres. No es extraño ver a una mujer madura actuar como una adolescente, y lo hacen sólo para atraer la atención de los hombres.

En una cultura con raíces tan sexuales, no es extraño que la sociedad japonesa se haya vuelto tan sexual, a pesar de que en medio de tantos estímulos sexuales esté prohibido mostrar genitales –penes, específicamente–-. Los japoneses se las han arreglado suplantando el pene con otras cosas, como tentáculos, por ejemplo. Entonces, tampoco es anormal que haya tantos géneros de porno que es casi imposible identificarlos todos. Yo me concentré en siete: Chikan Purei, Aka-Chan Purei, Baacharu Deito, Kowareta ningyō, Hentai, Burusera y Goukan Purei.

Chikan Purei traduce algo así como “jugar a abusar sexualmente”. Japón es uno de los países del mundo en que más gente usa el sistema de transporte público, lo que inspiró este género en que el porno imita a la vida real. Las actrices porno se visten de jovencitas con uniformes escolares y son filmadas en cualquier medio de transporte público donde son manoseadas por varios actores que pretenden ser extraños. Esta actividad es muy común en la vida real, tan común que la ciudad ha tomado medidas para prevenirlo. Hay vagones en el metro que únicamente pueden ser usados por mujeres. También tienen zonas donde sólo las mujeres pueden pararse a esperar el bus o el tren.

Aka-Chan Purei traduce Juego de bebés. En este género los hombres se disfrazan de bebés en un intento por olvidarse de todas sus responsabilidades y volver a la época en que sus madres se ocupaban de todo y no existía el sentimiento de culpa. Es una forma de desestresarse mientras sus mujeres los atienden como si fueran sus mamás. Es clave no confundir este género con pedofilia, porque en este caso nada tiene que ver con niños. Estos hombres quieren ser niños ellos mismos, y por eso se ponen pañales.

Baacharu Deito traduce Cita virtual. Este género es filmado desde el punto de vista del novio, o el joven que tiene una cita con la mujer. La idea es que la mujer saca al hombre a una cita y terminan teniendo sexo. El hombre es quien tiene la cámara y lo filma todo, así es que este género no es muy rico en variedad y posiciones, pues no hay mucho que pueda hacerse con una cámara en la mano. También es normal que la cámara tiemble mucho, porque en la pantalla se ven las cosas como si uno fuera quien está en la cita con la mujer y todo intenta ser real. En la realidad virtual se pretende que quien juega lo está haciendo en la vida real.

Kowareta ningyō quiere decir Muñecas rotas. Este género está basado en el fetiche popular médico que incluye mujeres jóvenes en camas de hospitales, cubiertas de moretones y cortadas (maquillaje), gazas, yesos, puntos y tablillas. Este género es casi el opuesto a Aka-Chan Purei. Aquí las mujeres son abusadas, maltratadas y violadas mientras están incapacitadas. Fue inventado por un francés llamado Romain Slocombe, quien usaba únicamente modelos japonesas, y eventualmente fueron los japoneses quienes se apropiaron del género.

Hentai es quizá el género más famoso del porno japonés. Se refiere a todos los tipos de porno ilustrado y animado, incluyendo animé y manga. Tiene muchisisísimos sub-géneros, el que a mí más me llama la atención es el Porno tentáculo, donde las mujeres tienen sexo con pulpos, como en El sueño de la esposa del pescador, de Hokusai.

Burusera traduce Floración, algo así como la flor de la juventud, la vagina. Este género es aún más demente que el sexo con pulpos, si mi argumento es que es rico que a uno le metan algo. Los fanáticos de este género coleccionan calzones, medias y uniformes usados y sucios que pertenecieron a colegialas. Cuando se trata de calzones, a algunos fans sólo les gustan las tangas, a otros los calzones grandes y a otros los regulares. Hay de todo para todos. Siempre más sub-géneros dentro de cada sub-género. Existen almacenes especializados en  vender calzones usados, y cuanto más cochinos y hediondos más caros se venden. Los precios varían dependiendo de hace cuántos días no se lavaban los calzones cuando llegaron al almacén.  Los hombres que llegan a comprar estos calzones los miran detenidamente buscando marcas de menstruación, que son las marcas más codiciadas. El mal olor también es muy apetecido. Un calzón usado puede costar cincuenta dólares o más.  Y, ¿de dónde salen estos calzones? En teoría son las colegialas quienes los venden, y no se trata de niñas de bajos recursos; al contrario, son niñas de familias de clase media y alta que consideran la venta de sus calzones cochinos mucho más lucrativa que un trabajo de medio tiempo. Y tiene sentido, si yo tuviera quince años y clientela para mis calzones “encrayolados” también los vendería… El mercado para este género es inmenso, en 1993 en la ciudad de Chiba había máquinas dispensadoras de calzones. El gobierno le prestó atención al negocio de éstos y lo legalizó, así es que no cualquiera puede ir por ahí vendiendo calzones cochinos y olorosos, se necesita un permiso de la ciudad.

Goukan Purei es Juego de violación. Este género es muy común en las industrias del porno de todas partes. En Japón la película empieza con la cámara siguiendo a la víctima, una mujer, mientras termina de trabajar en la oficina y la sigue en el recorrido a su casa, donde la espera uno o muchos violadores. Para mí, este género tiene sentido, que levante la mano quien no haya fantaseado con ser violada/o.

El porno normal ya no me excita, me aburre, de hecho. Pero mientras tengamos a los japoneses no tengo nada de que preocuparme. Para terminar, confieso sesión de masturbación exhaustiva mientras investigaba el tema. Hay cosas que no hay porque evitar.

Twitter: @Vagina_Mayer

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