!Crecimiento económico! ¿Qué más se le puede pedir al gobierno?

26 de mayo del 2015

“Salgámonos de la lógica del crecimiento económico para ver si podemos crecer en otras cosas.”

Equidad, educación, salud, desarrollo agrario, seguridad, justicia, honestidad, infraestructura vial, movilidad, sostenibilidad ambiental, diversificación de la economía. ¡No, no seamos exigente! Nuestro crecimiento económico lo justifica todo, es lo que nos muestra lo bien que vamos. Y esos problemillas que cubren los medios locales: que paros agrarios, que la corrupción, que la justicia, que el narcotráfico, que el paro de transportadores, de educadores… No hay que pararle bolas a eso, el crecimiento económico ya se encargará de eso.

Las cifras hablan por si solas, los reportes de país son estupendos en The Economist, se mantiene la buena calificación de riesgo en Standard&Poors, se escriben grandes reportajes económicos, primeras páginas en la Revista Time, cálculos de crecimiento acertados, premios a Mauricio Cárdenas como mejor ministro de finanzas de América… “Colombia es el tigre económico de Latinoamérica”, dicen inversionistas en Nueva York y Londres. Después de todo esto, ¿qué se le puede criticar a un gobierno que logra un creciendo económico de 4.6% en 2014, cómo contradecir esas cifras y el índice, todo poderoso, del Producto Interno Bruto (PIB)?

Así tiende a calificarse el desarrollo de un país en un mundo globalizado por los intereses del mercado. Una economía que refleje un buen mercado: la producción, las ganancias, el crecimiento y la inversión. Los índices económicos y financieros son la vara mágica con la que se mide el progreso. La economía justifica el resto y los economistas se vuelven trascendentales, son los que gobiernan, los toman las decisiones del país y los que parecen tener la verdad en sus manos justificados en modelos econométricos que tratan que tratan de aplicar a la realidad.

Sin embargo, ¿cuánta gente no se queda afuera de la ecuación cuando contrasta su realidad con el gran crecimiento económico del país? Ese crecimiento del que tanto nos vanagloriamos no es incluyente, deja por fuera a una cantidad de personas amenazándolas con temas que deberían ser derivados de ese crecimiento económico: la educación, el empleo, la seguridad, la salud y la justicia entre muchas otras cosas pasan a segundo plano y la realidad cotidiana es confrontada por datos económicos que acallan esas otras necesidades.

Tanta desconexión entre lo que se proclama económicamente y la realidad de los colombianos genera una angustia y un afán por tratar de engranarse a ese crecimiento económico del país que termina siendo costoso por las decisiones que se toman a partir de esos sentimientos.  “¿Seré yo quien no se esfuerza lo suficiente para salir adelante, tendré que ir por un crédito a la cooperativa financiera para ver si emprendo y monto un negocio alterno para pagar las deudas y darle un mejor futuro a los hijos?”, se cuestionarán varios asalariados a los que no les alcanza para vivir acorde al crecimiento del país.

¿Entonces, cómo engranarse a esta ola de crecimiento en la que está el país?

El emprendimiento aparece como la solución, una forma de vida, cultura e identidad para ofrecer la opción de lograr unos objetivos moldeados por un discurso de crecimiento económico y consumo. “Emprendiendo se sale adelante, se logra tener tiempo para la familia, comprar carro y casa…” Pero sería bueno saber cuántos emprendimientos de los que tanto se promocionan en el país, logran mantenerse después de tres años en el mercado, engranarse en la economía y montarse en la ola del crecimiento. Parece ser más el ruido para mostrar el emprendimiento como un canal viable de integración económica que los resultados reales que logra emprendiendo.

Atrás quedan los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la desigualdad que sigue reinando en los países más desarrollados y en aquellos que tratan de parecerse a ellos.  Tampoco importa que el mundo esté en medio de guerras civiles en el Medio Oriente, África, los Balcanes y Ucrania. Los mercados financieros y las economías occidentales no sienten estas guerras ni el resto de conflictos que ocurren en el mundo. Así se evidenció durante el crecimiento de los mercados principales mientras Israel bombardeaba a Palestina y Rusia ocupaba a Crimea. Si no toca la economía de estos países no parece ser relevante, no se encuentra justificación alguna para intervenir y tratar de cambiar las cosas. De esta lógica es víctima el medio ambiente que hasta que no refleje sus heridas en el crecimiento económico occidental no va a entrar seriamente en la agenda de los gobiernos y las empresas multinacionales.

Por tratar responder a estos objetivos de crecimiento económico nos volvemos esclavos de está lógica y temas que pueden llegan a ser mucho más importantes para la supervivencia y la seguridad de nuestras vidas.

Salgámonos de la lógica del crecimiento económico para ver si podemos crecer en otras cosas.

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