Crisis de liderazgo

19 de septiembre del 2017

El peor síntoma de la crisis nacional es la ausencia de liderazgos.

Crisis de liderazgo

No cesan de aparecer candidatos presidenciales. Algunos sostienen que es la crisis de los partidos políticos, cada día más sepultados por la mermelada corruptora. Los optimistas del santismo afirman que la paz ha liberado al país y por ello pululan las opciones políticas que son señales de la nueva Colombia. Otros, con cinismo, culpan al desempleo que obliga a muchos a buscar puntos de negociación política para luego exigir dinero para retirarse o fusionarse en las opciones ganadoras.

La visita del Papa demostró, por comparación, el vacío de liderazgo nacional. Una verdadera figura mundial llenó durante pocos días el espacio y nos hizo sentir plenos. Francisco no sólo es un líder sino además es una persona llena de virtudes a diferencia de quienes posan de figuras nacionales con todos sus matices, zonas grises y contradicciones.

La realidad es que el peor síntoma de la crisis nacional es la ausencia de liderazgos nacionales. Basta ver el pobrísimo calibre de los altos magistrados de la República, capaces de las mayores bajezas con el fin de llenar sus bolsillos. El gabinete de Santos es otro rosario de mediocridades que creen que, porque los llaman de las emisoras, están gobernando. Ni hablemos del Legislativo, podrido hasta los tuétanos por los contratos y el afán de enriquecerse con los recursos públicos. No mencionemos los medios, más obsecuentes que nunca, buscando raspar la olla de la publicidad oficial antes de que la ley de garantías cierre los chorros del gasto presupuestal. Ya ni en fútbol o ciclismo tenemos los líderes que solían emocionarnos y hacernos soñar.

¿Por qué no hay liderazgos? La razón fundamental es el relativismo moral que impera en nuestra sociedad desde hace décadas. Ello explica que Pablo Escobar, Popeye, Ñoño, Mussa, Higuita, Montealegre, Natalia Springer, Ernesto Samper o el General Naranjo puedan ser considerados como líderes. Esa idea de que líder es aquel que no tiene límites morales y que por lo tanto puede pasar por encima de todo y de todos, es lo que nos tiene en el estado actual de postración moral. Admiramos a los inmorales porque parecen ser todo poderosos y porque se burlan de la ley con total impunidad. Por ello bandidos, vivos, cínicos y mediocres posan de líderes en una sociedad que ha perdido por completo la brújula moral.

La democracia también necesita figuras ejemplares que inspiren y generen pasión.

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