Dime por quién votas y te diré qué quieres

5 de agosto del 2011

En los periódicos, en la televisión y la radio, en los cocteles y almuerzos campestres, en piqueteadero o en finca en la sabana, se oye hablar de la incertidumbre sobre los indicadores de los candidatos que ofrece la palestra política para ejercer el sacrosanto, imprescriptible e inalienable derecho al voto. Empieza uno a oír los […]

En los periódicos, en la televisión y la radio, en los cocteles y almuerzos campestres, en piqueteadero o en finca en la sabana, se oye hablar de la incertidumbre sobre los indicadores de los candidatos que ofrece la palestra política para ejercer el sacrosanto, imprescriptible e inalienable derecho al voto. Empieza uno a oír los comentarios de exuribistas, radicales, santistas, los de izquierda, derecha y centro, para concluir que todos están completamente perdidos en relación con el desprendimiento de aquellas corrientes que otrora eran atractivas y apalancaban la política del Distrito Capital. Unos están perdidos porque desconocen las artimañas politiqueras y su querer, y otros porque han sido víctimas del engaño sempiterno que ofrece nuestra “política” y que a la postre se traduce en la falta de credibilidad sobre este importante sector, que da como resultado una gran abstención electoral, porque ni siquiera hacen uso del voto en blanco. Tranquilos, que a los de camisetas blancas no les cuentan esos votos; bueno, esperemos que no sea así,  señor registrador.

En definitiva, el clamor generalizado entre el estrato 1 y el 6 es básicamente el mismo, salvo contadas excepciones: ya no aguantamos más. En estricta lógica el escritor cree que si hay una reacción por parte de la población votante, su consecuencia sería buscar alternativas con las que se identifique y haya conexión emocional e identidad en procura de soluciones efectivas, donde el elector no solo escoja a sus candidatos, sino que haga parte de la solución. Seamos epicureístas propugnando la búsqueda del placer y huyendo del dolor que nos ha causado esta administración. Ya no quiero oír más esas frases de las señoras de bien que dicen, “como uno no sabe por quien votar al Concejo, yo voto por cualquiera y mi voto es perdido”. Esto es un golpe durísimo para la depuración de las corporaciones y para la señora misma que esta votando así, pues desconoce que el Concejo de Bogotá es la máxima autoridad de control político de la administración distrital. Desde allí haremos que la alcaldía cumpla su programa y ejecute las normas que le obligan en pro de la ciudadanía, por eso el Concejo debe estar integrado por gente decente y honesta que de resultados y que en sus rendiciones de cuentas quincenales demuestre su gestión en materia normativa, en cumplimiento de los fines esenciales del Estado Social de Derecho. Prueba del daño que se le hace a la democracia con la abstención o con la votación al “pinochazo” es lo que estamos viviendo hoy a mando de los concejales corruptos, de las ratas de cuellos blanco que nos tienen desangrado el bolsillo y las ganas de votar y vivir en Colombia. No voy a escribir sobre aspectos partidistas, ni colores, ni banderas; para nosotros es claro por las demostraciones y las capturas que se avecinan, quiénes se han encargado de acabar con las esperanzas bogotanas.

En Bogotá somos victimizados a diario por los manejos e inocuos resultados de las quejas que interponemos, y eso cuando las interponemos, porque acá no tenemos ni idea qué hacer o cuál es el procedimiento idóneo para reclamar los derechos violados. Tenemos que recuperar la confianza, volvamos nuestros ojos hacia la gente de bien, seamos veedores públicos de nuestros elegidos en los distintos cabildos, denunciemos juntos y demandemos trámites expeditos que resuelvan de fondo nuestras legítimas solicitudes. Es un derecho que tenemos, pero también una obligación social para con nuestros conciudadanos. Las cifras del D.C. son terribles, dan escalofrío y acá no pasa nada. Los bogotanos reaccionamos frente a la crisis de la Administración Distrital. El 65% tiene una imagen negativa del equipo de gobierno de la ciudad, cifra que aumentó en 21% con respecto a 2010. Así lo revela la más reciente Encuesta de Percepción Ciudadana contratada por el Programa Bogotá Cómo Vamos (BCV) y realizada por Ipsos–Napoleón Franco. El 50% se siente insatisfecho con la forma como la Alcaldía de Bogotá invierte los recursos del presupuesto de la ciudad. Este porcentaje tiene relación con los casos de corrupción y el denominado ‘cartel de la contratación’ en el Distrito.

La imagen desfavorable del suspendido Alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, también sigue aumentando, pasó de 72% en 2010 a 89% en 2011; es decir, es el burgomaestre con mayor imagen desfavorable desde el 2001. El 75% considera que su gestión al frente de la ciudad fue mala y no olvidemos que en todas las calificaciones de los alcaldes a nivel nacional fue quien se rajó. ¿Cómo es posible que el segundo cargo más importante del Estado, después de la Presidencia de la República esté en manos de estos tipejos y sigamos creyendo en esta clase de sujetos? De inmediato surge una pregunta: ¿dónde esta el control que debía ejercer el Concejo de Bogotá frente a la administración del Sr. Moreno; sería por acción o por omisión que dejaron contratar el famoso carrusel?

Hemos perdido el característico eeeentusiásmo que nos enseñó nuestro querido Jorge Barón y esto no es para juzgarlo; es perfectamente entendible, porque una manada de ratones inescrupulosos se han encargado de desacreditar la imagen de quienes queremos cumplir la frase de Luis Carlos Galán Sarmiento que reza: La política es el arte de servir a los demás y no la actividad para servirse a sí mismo.

No sigamos viviendo con miedo en Bogotá, pero para ello les propongo primero perder el miedo a votar bien. A que ese “votico” no se pierda. Mi programa no solo establece la denuncia efectiva, sino la respuesta eficaz de la administración con tiempos cortos y mecanismos expeditos en los trámites que no revictimicen al reclamante. Dirigido a los niños, estudiantes, comerciantes, taxistas, a las amas de casa y a los abuelitos que tienen que hacer fila desde las 4 de la mañana en la UPA de Kennedy para pedir una cita. Esas cifras van a bajar sí o sí. No se trata solamente del castigo al infractor, sino también del restablecimiento de los derechos de quien sufrió el daño por parte de la administración o de un particular.

Los invito a gozar del súmmum de la democracia participativa, pero sobre todo los invito a deliberar y a votar bien; a conciencia. Estoy seguro que no queremos más de lo mismo; no queremos sentirnos ultrajados y seguir pagando esta condena política de corrupción y paquidermismo administrativo. L-17 Concejo de Bogotá!

@arellanoL17

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