El costo y el dolor de cuidar un prematuro

11 de mayo del 2011

Cuidar un recién nacido prematuro es una de esas acciones que muestra lo mejor del hombre.  La mayoría de las especies animales, aunque cuidan sus crías, tienen una actitud que nosotros llamaríamos fría ante en el recién nacido enfermo o débil: se sobrevive o no se sobrevive y esa es la ley de la vida.  Nosotros gastamos grandes recursos en salvar recién nacidos cada vez más prematuros y pequeños.  Pero en este esfuerzo prometeico han ocurrido episodios de explotación y lucro.

Martin A. Couney, discípulo del obstetra francés Tarnier que inventó la incubadora para recién nacidos a finales del siglo XIX, es considerado el padre de la neonatología.  Pues bien Couney se  hizo famoso organizando pabellones con recién nacidos en incubadoras en las Exposiciones Mundiales de la Belle Époque (Berlín, Paris, Londres, Chicago).  Se dice que en la feria de Berlín de 1896 era más popular la exhibición de recién nacidos en incubadoras que la aldea congolesa, los “yodeleros” tiroleses y los paracaidistas.  Recordaré con cierto remordimiento esa anécdota cada vez que me inviten en clínicas a ver un recién nacido a través de una vidriera.

El nacimiento prematuro de un bebé es una dolorosa complicación que sigue ocurriendo todos los días en nuestra práctica clínica.  Y parece ser cada vez más frecuente debido a distintas causas en diferentes niveles sociales.  En los sectores más pudientes económicamente la prematurez está asociada a tratamientos de infertilidad que llevan a embarazos múltiples, detección más temprana del sufrimiento fetal y más cesáreas electivas, edad más avanzada de la madre por la entrada de la mujer al mercado laboral, mayor ingesta de alcohol y uso de drogas de abuso.  En las familias de menor ingreso se asocia principalmente a pobre cuidado prenatal.

En el mundo ocurren hoy 13 millones de nacimientos prematuros al año, correspondiendo al 10 por ciento de todos los embarazos.  En África es el 12 por ciento de los embarazos, en Asia el 9 por ciento y en América Latina y el Caribe el 8 por ciento.  No estamos tan, tan mal, sobretodo comparados con América del Norte donde la tasa es de un 10 por ciento.  Preciso esta cifra porque recuerdo el comentario de un epidemiólogo sobre las mayores cifras de morbilidad neonatal en algunos sectores de Washington D.C. comparadas con Colombia globalmente.

El cuidado de prematuros, nacidos antes de 37 semanas completas de embarazo, genera un gran costo económico.  En los EE. UU. se gastan unos 30 billones de dólares en su prevención y tratamiento.  Éste es entonces un mercado apetecible para proveedores de salud y laboratorios farmacéuticos, lo que lleva a algunos excesos y corrupción.

La primera unidad de cuidado intensivo para neonatos se abrió en la Universidad de Yale en 1960.  La muerte por prematurez y dificultad respiratoria del último  hijo del presidente Kennedy en agosto de 1963 le dio visibilidad social al problema. Es entonces una joven especialidad médica que está cumpliendo apenas 50 años y todavía hay campo abierto para nuevos desarrollos tecnológicos.

Pero gran parte de la solución al problema de la prematurez está en su prevención.  La medida preventiva más útil es el disciplinado y cuidadoso control prenatal de la madre.  Aunque hay hallazgos médicos recientes en aspectos particulares de la prevención del nacimiento prematuro.  Y estos hallazgos, como siempre, pueden ser bien o mal manejados.

Un excelente estudio de Romero et al. muestra que en la población de pacientes femeninas con cuello uterino corto (2-3 por ciento de las mujeres, con riesgo de 50 por ciento de parto prematuro) el uso de gel vaginal con progesterona reduce significativamente la frecuencia de recién nacidos prematuros.  Esta es una buena noticia para ese grupo de mujeres con cuello uterino corto que lleva a pérdidas de embarazos o parto prematuro.  El diagnóstico de cuello corto se hace por ecografía y el artículo acaba de ser publicado en la revista Ultrasound in Obstetrics and Gynecology.  Se subraya aquí el papel de la progesterona, hormona femenina que prepara al útero para un embarazo normal.

Pero veamos otro ejemplo de un hallazgo mal manejado.  Desde hace unos ocho años se sabe que la inyección durante el embarazo de una variante de la progesterona (la 17P) disminuye eficazmente el parto prematuro.  Durante todo este tiempo se buscó la aprobación para esa indicación por parte de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) en los EEUU.

Mientras la 17P se usó con evidencia médica pero sin aprobación “oficial” el precio era de unos 30.000 pesos.  Luego de la aprobación el laboratorio farmacéutico que había participado en su desarrollo la comercializa en Estados Unidos a 1,2 millones de pesos, costando el tratamiento completo unos 20 millones de pesos.

Esto reporta escandalizada la prensa norteamericana a comienzos de abril y es ejemplo de la comercialización del dolor y sufrimiento del nacimiento prematuro de un bebé.

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