Hace 15 años Enrique Peñalosa, siendo alcalde de Bogotá, impulsó el día sin carro con un claro y contundente propósito: poner a pensar a los bogotanos en lo insostenible de una ciudad donde la movilidad se basa en gran medida en la utilización del carro privado. En términos del entonces alcalde Peñalosa era preciso "generar un hecho traumático" para forzar a la reflexión sobre la sostenibilidad del modelo de ciudad en el que estamos montados.
Peñalosa no se quedó en la pasiva reflexión y mención de discursos, sino que definió en el marco de su Plan de Desarrollo la ciudad que queríamos y puso a andar de forma efectiva el sistema de transporte masivo adecuado para nuestras propias necesidades y capacidades: Transmilenio. También hizo lo propio dando real prioridad sobre los carros al peatón y a los medios alternativos de transporte como la bicicleta. Paradójicamente, algunos que se apropian de dichas ideas hoy, propusieron o impulsaron entonces la revocatoria del alcalde Peñalosa.
Terminada la corta administración Peñalosa -el periodo entonces era más corto que el actual-, vinieron las administraciones de los alcaldes Garzón, Moreno -López- y Petro. Estos últimos también coinciden en querer lograr una ciudad más sostenible y vivible ambientalmente hablando. Sin embargo, pasados casi 12 años, los avances concretos en el mejoramiento ambiental de la ciudad se han quedado en discursos y discusiones conceptuales, pero sin ejecutorias efectivas. Transmilenio o Tranvía por la Cra. 7ma. y por la Av. Boyacá, deberían estar construidos hace años, según la planificación de entonces de este sistema.
Pasados 15 años ya sabemos que el modelo de ciudad basada en la utilización creciente del vehículo privado es insostenible. También somos consientes que es preciso dar prioridad al peatón, a los medios alternativos de transporte amigable con el ambiente, como la bicicleta, y al transporte público masivo. Sin embargo, contrario a lo deseable, siguen ingresando a la ciudad cada año miles de vehículos y motos nuevos de uso particular; mantenemos casi el mismo y viejo parque automotor de Transmilenio; se implementó un SITP desarticulado, desorganizado, con vehículos reciclados y con el mismo comportamiento indisciplinado de las busetas de siempre; y, como si eso fuera poco, prácticamente se han abandonado las ciclo rutas: poco mantenimiento a sus vías, escasa ampliación de las mismas, deficiente iluminación, altamente inseguras, y sin autoridad alguna en materia de movilidad y utilización de aquellas.
¡El día sin carro debería ser todos los días! Y si se actúa verdadera y efectivamente en la búsqueda de tal propósito es factible lograrlo en un tiempo no muy lejano. Pero después de 15 años no puede tenerse el mismo propósito y efecto de "hecho traumático" de entonces para llamar a la reflexión. Es hora de que pasemos de la emocionalidad a la practicidad y se adopten medidas gubernamentales tendientes a controlar efectiva y oportunamente el ingreso de vehículos particulares nuevos a la ciudad, a la recuperación integral de Transmilenio, a lograr la verdadera organización del SITP, y a recuperar y ampliar el sistema de ciclo rutas, que permitan avanzar en la construcción y consolidación de modelos de transporte alternativos al vehículo privado, y ahí sí pasar de un día sin carro con un sentido y propósito traumático a muchos días sin carro pero con sentido y propósito verdaderamente social, ambiental y económicamente sostenible. Hoy Bogotá llegó a un punto insostenible!
@FelipeRfhc
¡El día sin carro debe tener un propósito hoy!
Sáb, 07/02/2015 - 15:08
Hace 15 años Enrique Peñalosa, siendo alcalde de Bogotá, impulsó el día sin carro con un claro y contundente propósito: poner a pensar a los bogotanos en lo insostenible de una ciu
