El festín del ahorcado

El festín del ahorcado

27 de agosto del 2016

La euforia de algunos colombianos me recordó la historia de los  condenados a muerte en Argutacaca, que recibían una fiesta la noche anterior a su ejecución y subían al patíbulo bailando y borrachos. Le decían el festín del ahorcado porque la fiesta la seguían los chulos.

Nada está fuera de cauce, no es posible detener la aplanadora construida por Santos para que las FARC lleguen al poder, como mandan sus estatutos y Colombia será otro país latinoamericano tomado por el Foro de Sao Paulo; otro más de los 13 donde asumieron el gobierno e implementaron el socialismo y hoy están sumidos en la corrupción, en la pobreza y violentados en todos los derechos ciudadanos

Los grandes medios de comunicación -bien pagos- reseñan en sus primeras páginas el júbilo de la clase política nacional arrodillada a Santos, ante el anuncio del acuerdo final y la convocatoria de la firma del plebiscito para el dos de octubre.

Ni los acuerdos ni la votación plebiscitaria son importantes, eso es parte del sainete que subió el telón el 30 de julio del 2012 con la sanción del Acto legislativo 01 para la paz y que fracturó el país a la mitad, entre quienes creen que el proceso es una alianza necesaria entre FARC y gobierno para acabar el conflicto de 50 años y dar paz al país, y entre quienes creemos que dicha paz es una excusa, y que hay contubernio entre gobierno y FARC para fortalecer al grupo terrorista y acercarlo a dominio del Estado.

Lo han ratificado millares de evidencias, desde que se sentaron a la mesa de negociaciones no como gobierno y delincuentes a negociar su entrega y sanción, sino como dos socios a repartirse el Estado como un botín. La trampa se cierra.

Estamos felices, lo logrado hoy es un reconocimiento a la gestión del presidente, se leyó en AVN en 2012 tras la victoria de Chávez, hombres y mujeres bailaron al ritmo del repique de los tambores. Nos esperan seis años más de éxitos y paz, decían, pero no pasaron cuatro para que aquellos bailarines eufóricos maldijeran a Chávez y a Maduro y comenzaran a huir de su país arruinado por el socialismo.

El pueblo exultante en la plaza de Camaguey aplaudía el 4 de enero de 1959 a Fidel Castro y gritaba vivas a la paz de Cuba, pero comenzaron los fusilamientos y el 11 de diciembre de 1964 el Che Guevara se jactó de ello ante la ONU: Es que los gusanos tienen que saber cuál es el resultado de la batalla que perdieron.

Llegó la paz a Colombia y terminó la guerra, dijeron Petro, Santos, Obama y tal vez el Papa, pero es al contrario, la paz no se logra regalando el país a los terroristas.

El arrepentimiento ciudadano de esos países no abrió los ojos a los colombianos, y Colombia amaneció sonriente, bailando y borracha de paz mientras Iván Márquez proclamó la victoria de las FARC, amenazó con guerra si el gobierno no cumple y sus guerrilleros comenzaron a tomar posiciones en los 32 terrepaz, zonas de concentración estratégica, o repúblicas independientes, enclaves propicios para el asalto.

Solo Humberto de la Calle el jefe de los negociadores del gobierno en Cuba, mostró cara de preocupación en un instante y como si estuviera pidiendo a los colombianos un perdón que nadie le dará, le expresó a un medio que lo entrevistaba: No pudimos lograr un mejor acuerdo.

Ojalá que esta paz no sea la del festín del ahorcado

@mariojpachecog

www.mariojavierpacheco.com

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