El karma de los negociadores de paz

8 de junio del 2017

Restrepo y De la Calle, dos ciudadanos ejemplares, que han actuado con la mejor voluntad de acertar en las negociaciones con las guerrillas.

El karma de los negociadores de paz

En las religiones dhármicas, el karma es algo que se devuelve una vez se ha actuado bien o mal en la vida. Juan Camilo Restrepo, jefe negociador con el ELN, y Humberto de la Calle son dos ciudadanos ejemplares, les cabría el mote de estadistas y han actuado con la mejor voluntad de acertar en las negociaciones con las guerrillas de las FARC y del ELN. Su esfuerzo se les devolverá algún día. Los respeta el país, tienen experiencia pública y privada, no buscan ventajas personales por sus contribuciones al bien colectivo, son equilibrados y parcos, sencillos, serios, tienen ancestros paisas y por ello, acostumbrados a trabajar muy duro. No habría sido fácil conseguir mejores negociadores para hablar con el ELN el primero y con las FARC el segundo.

De la Calle se metió a fondo en las difíciles conversaciones con el Secretariado de las FARC, y le dedicó más de cuatro años al proceso de negociación, impidiendo que se “reventara la cuerda”, como muchas veces parecía inminente. Su prudencia, la firmeza de sus convicciones, su prolongada experiencia en negociaciones políticas y su estilo personal fueron determinantes para que las negociaciones llegaran a un fin, independientemente de que nos guste o no el texto acordado.

Ahora, Humberto de la Calle se apresta a una campaña presidencial como eventual candidato del liberalismo, y para ello tiene todas las credenciales y los merecimientos; su nombre no tiene tacha alguna, e inspira confianza. Él dice que saldrá a defender los acuerdos alcanzados y, en consecuencia, acudirá a todas las plazas y a cualquier tipo evento público o privado a defender lo pactado, para lo que seguramente utilizará un arsenal de argumentos inteligentes, convincentes para un sector de la opinión. Lo importante es saber qué tan amplia es la opinión favorable al Acuerdo de La Habana: hoy posiblemente no llegaría a la tercera parte de los ciudadanos, si nos atenemos a las más recientes encuestas. La tarea no será fácil por el desgaste normal que tiene el proceso aún inacabado y por las dificultades del llamado posconflicto.
Pero ahí no termina el repertorio del doctor De la Calle: él tiene mucho que decir en el debate contra la corrupción, así como sobre la economía, la crisis institucional, las fallas de la justicia y las eventuales reformas electorales, temas en los cuales es un experto.

Por su lado, Juan Camilo Restrepo se ha hecho cargo de la conducción de los acuerdos con el ELN, asunto muy difícil por las características de este grupo, por el ambiente de escepticismo que impera en el país y por el debate presidencial de los próximos meses —que se centrará en la paz—. En este caso, el Gobierno ha llamado a un personaje de primer orden, ducho en el manejo de conflictos, conocedor a fondo del país y del Estado, reconocido economista y hacendista, con alto sentido de lo que significa trabajar por la patria, aun en circunstancias difíciles. El grupo guerrillero debería sentirse muy honrado con el interlocutor asignado, pero probablemente no lo esté: ya ha salido a decir que las conversaciones actuales son meramente exploratorias y, además, está participando en varias mesas de discusión. Es como agarrar el diablo por la cola, ¡qué difícil!

Probablemente los “elenos” están quietos, observando cómo funciona el arreglo con las FARC antes de dar nuevos pasos; o a lo mejor encuentran que la desmovilización de este grupo les abre espacios políticos y territorios para expandir su actividad, por lo que sostienen que una verdadera negociación se haría probablemente con el siguiente Gobierno. Siempre ganando tiempo y dilatando las decisiones (llevamos más de una década tratando de negociar algo con el ELN), razón que obliga a Restrepo a exigir más seriedad y compromiso. No se puede ignorar que por años se ha considerado a las FARC como la principal fuerza rebelde, definiendo al ELN como una agrupación de menor alcance, aunque igualmente peligrosa; este puede ser el momento para mostrarse como una guerrilla fuerte y en expansión. En cualquier caso, la tarea encomendada a Juan Camilo estará llena de obstáculos y complicaciones.

Restrepo, a diferencia de De la Calle, no es ni será candidato presidencial en el 2018; ya lo fue hace unos años, por el Partido Conservador. Su trabajo no tiene otro propósito que servir al bien común, como antes lo hizo, con lujo de competencia, en las carteras de Minas, Hacienda y Agricultura. Independientemente de los resultados que pueda tener este último encargo de dirigir la negociación con el ELN, su nombre se mantendrá al servicio de los mejores intereses del país. Si la negociación no puede culminar por culpa de la guerrilla, es mejor para el país que un mal acuerdo. De hecho, negociar temas tan abstractos como “Participación de la comunidad”, “Democracia para la paz”, “Transformaciones para la paz”… es entrar en conversaciones gelatinosas que nunca terminan, algo parecido a las disquisiciones en las abadías de la Edad Media sobre el sexo de los ángeles y otras materias oscuras.

Desde el mundo urbano, relativamente alejado del monte y de las zonas de conflicto, es difícil entender y aceptar que el diálogo entre los representantes del Gobierno y los jefes guerrilleros es casi una conversación entre sordos, o por lo menos entre personas que hablan diferentes lenguas, que tienen una percepción distinta de la vida y de la organización social y que profesan ideologías casi antagónicas, por lo cual debemos comprender que las discusiones de las mesas de diálogo son espesas y pueden llegar a un punto muerto. Mientras tanto, es necesario resignarnos a que continúe el conflicto y que, como dice el negociador Restrepo, las fuerzas militares utilicen “todos los fierros”, como lo están haciendo los del ELN.

Colombia tiene una reserva de expertos —como los dos negociadores mencionados— que deberían ser llamados por los Gobiernos para llenar el vacío de liderazgo actual, y que, si bien no hacen parte de la dirigencia partidista, son figuras plenamente vigentes, con la ventaja de estar alejados de las “cosas” del día; por ello, tienen una mirada de perspectiva. Los partidos rara vez aprovechan a estos prohombres por andar en los afanes de la burocracia y los contratos, que tanto desprestigio les han traído. Humberto de la Calle y Juan Camilo Restrepo, al dirigir las conversaciones, ya le han prestado un servicio al país, no importa los resultados finales de las negociaciones y los acuerdos: intentaron la buscar paz.

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