El testimonio del coleccionismo

8 de julio del 2012

Desde el 6 de julio hasta el 23 de agosto se mostrará en el Museo de Arte Moderno de Bogotá parte de una colección que fue haciendo Avianca a medida que apoyaba a los artistas o los promovía en el Centro Cultural en Barranquilla. Se trata de 153 obras que muestran una época del arte en Colombia. Una mirada  certera que recoge la historia de la imaginación del país durante 21 años. Buenas pinturas, algunas esculturas y series de grabados hacen parte de este acervo que Avianca está entregando en calidad de comodato por diez años al museo con el deseo de que la colección itinere por las ciudades del país con el apoyo de la aerolínea.

En la colección encontramos unas generaciones representativas de algunos años. Como siempre sucede, en la exposición  asombra  el trabajo misterioso de la pintura de Juan Antonio Roda  que en una Montaña 10 de 1989, pinta con brochazos sabios y expresivos. Su reverencia abstracta  nos muestra la calidad pictórica de un gran artista. Esa gravedad que siempre estuvo en su trabajo también se encuentra representada en las series  sobre La Risa y Hombre Desconocido donde muestra su diversa actitud figurativa en el grabado. Fue un hombre grande en todos los aspectos de la vida. Así como era de privado y reservado, igualmente su trabajo tiene esa misma propiedad.


Manuel Hernández, Sin Título.

Otra cosa son los cuadros de Alejandro Obregón —con quien comenzaron las actividades el Centro Cultural en 1980 y que terminaron en el 2001—. Un pequeño óleo es parte de las joyas de la corona y, una Flor Carnívora ya de los años ochenta y pintada en acrílico nos muestra la rapidez de un pensamiento seguro y el  gesto con el que logra amarrar el horizonte de una geografía con la presencia de una flor.

Santiago Cárdenas, Marco y Plomada.

Otro buen ejemplo de la colección es el óleo de Manuel Hernández, otro gran abstracto de la misma generación que ha logrado un mundo de imágenes flotantes que guardan su significado en el silencio, en el manejo de sus de  formas recurrentes del óvalo y el cuadrado y en la atmósfera de sus signos.


Alejandro Obregón, Flor Carnívora.

Dentro del hiperrealismo tenemos el trabajo de Santiago Cárdenas o el de Gregorio Cuartas. La realidad es el proceso de pensamiento y su cuidada interpretación. En Cárdenas vemos como juega con la percepción del espectador para atraparlo en su representación, la obra que nos muestra las contradicciones de su propia realidad. El cuadro tiene un pequeño marco por dentro en el  que se encuentra colgada en una pared invisible una cuerda, que le da un movimiento casi estático a una plomada. Cuartas por su lado, tiene una pintura mística en el retrato de un hombre Ecce Homo de 1977.


 Antonio Roda, Montaña No. 10.

El tapiz de Olga de Amaral nos muestra nuevamente esa destreza  genial que tiene la artista para realizar grandes obras donde, casi sin comprenderlo, logra construir un trabajo que comienza desde  en un hilo y acaba siendo una bella construcción. Otro trabajo interesante  es el dibujo de Luis Caballero donde los hombres que nos muestra la batalla campal de la relación de los cuerpos.  Representa lo que dijo Geogre Bataille, y como bien lo afirma Mario Vargas Llosa, “no se equivocaba cuando alertó contra los riesgos de una permisividad desenfrenada en materia sexual. La desaparición de los prejuicios, algo liberador en efecto, no puede significar la abolición de los rituales, el misterio de las formas y la discreción gracias a los cuales el sexo se humanizó”.

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