El 31 de octubre el gobierno de Iván Duque radicó una reforma tributaria que ayudará a los gastos del Estado por dos años más, en ese momento deberán entregar al Congreso de la República un nuevo proyecto de ley.
Un hueco fiscal de $14 billones precipitó el proyecto de ley de financiamiento, es decir, la reforma tributaria planteada por el gobierno a través del Ministerio de Hacienda. Creo firmemente en el cumplimiento de las obligaciones tributarias y entiendo los impuestos como una fuente de recursos natural en el sistema financiero del Estado, lo que no comparto es que se busquen recursos en los ingresos de los trabajadores, en los bolsillos de los colombianos y no en la recuperación de los recursos que se han ido con la corrupción, que son unos $20 billones anuales.
Colombia ocupa el puesto 96 entre 180 países en el triste ranking del índice de la percepción de la corrupción; hoy Iván Duque le está diciendo a los ciudadanos que confíen en él después de cuatro meses sin ninguna señal que las cosas están cambiando, la corrupción sigue en pie y, lo que es peor, le pide a quienes menos tienen que aporten a cubrir el desfinanciamiento del presupuesto general de la Nación aprobado de manera irresponsable por los partidos de coalición de gobierno.
HACIA ATRÁS
Salomón Kalmanovitz en su libro Las instituciones y el desarrollo económico en Colombia expone que el modelo ideal, en una democracia, es una comunidad que alcanza a generar excedentes y que en cambio de apropiarlos privadamente decide imponer tributos proporcionales a la riqueza de cada uno y, con ellos, organiza el Estado en seguridad, salud, educación, servicios públicos y genera obras para aumentar la riqueza de todos.
Sin embargo, por más que intenté analizar la mal llamada “ley de financiamiento” nunca logré ver la imposición de impuestos progresivos que nos expone Kalmanovitz, en cambio, lo que ví claramente fue la manera como Duque quiere seguir el modelo de Estados Unidos: bajar impuestos a los que más tienen para que ellos -supuestamente- reactiven la economía.
En Colombia difícilmente podría suceder eso, es un poco pretencioso pensar que en nuestro país todos quieren invertir y que los de menos recursos y la clase media aporten los recursos que eluden las grandes empresas.
Nunca entendí por qué esta reforma tributaria fue concebida de manera regresiva, por eso, desde que este proyecto de ley empezó su tránsito legislativo asistí a cada una de las citaciones en la Comisión Tercera, atendí juiciosamente las reuniones de las comisiones económicas del Congreso agendadas por el ministro Carrasquilla y le pedí que no gravará con IVA a la canasta familiar, le reiteré -como ya lo había hecho en sesiones plenarias previas al debate de la reforma tributaria- que le metiera la mano a los corruptos y no a los que tienen menos o a la clase media, a los trabajadores y contratistas independientes.
En la ponencia del proyecto de ley quedaron varias de las proposiciones que planteé durante este mes de trabajo, como estas, entre otras:
- Aplicar un impuesto al consumo sobre bebidas azucaradas que tendrá una tarifa del 19% sobre la primera venta y del 15% sobre las utilidades de ventas posteriores.
- Establece que cuando una sociedad pague o acredite a sus socios dividendos, participaciones sociales y otros beneficios asimilables a dividendos, el impuesto sobre el monto recibido será del 37%.
- Excluir del IVA los servicios relacionados con cultura, cine y espectáculos.
- Excluir a los contratistas del pago del IVA.
- Excluir del IVA los textos escolares, cuadernos, libros, lápices, colores, revistas y periódicos.
- Excluir del IVA a los vehículos y motocicletas eléctricos y paneles solares.
- Incluir el impuesto de remesa con una tarifa del 7%.
- Gravar el patrimonio líquido de personas naturales, cuando supere los $3.000 millones, con un gravamen del 10%.
