Esquina Global: Egipto: Lecciones para América Latina

17 de febrero del 2011

A pesar de que algunos analistas conservadores de los Estados Unidos, pensando más con el deseo que basados en la realidad, habían pronosticado que los hechos de Yemen, que condujeron a la caída de su Presidente-dictador por 30 años, no se extenderían a Egipto y que no habría “efecto dominó” de esta crisis en el mundo árabe, la caída del Presidente Mubarak confirma que el terremoto político apenas comienza.

Como empezó en la década de los sesenta en América Latina cuando la situación de malestar social resultante de las aventuras populistas de los dictadores militares de entonces terminó en su derrocamiento. Lo que sucede es que, a diferencia del mundo árabe donde no existe una cultura democrática ni partidos sólidos y organizaciones sociales que la encarnen, en América Latina fueron precisamente los líderes democráticos de los partidos perseguidos o silenciados por los regímenes autoritarios, los que tomaron las riendas del poder cuando los autócratas se fueron para sus casas y más recientemente, para las cárceles.

Precisamente, por esta circunstancia la crisis de Egipto puede resultar peligrosa en sus consecuencias y resultados; si no aparecen líderes capaces de jalonar reformas democráticas, como Mohamed el-Baradei, Premio Nobel de la Paz 2005, el espacio abierto por la gente podría terminar en manos del fundamentalismo islámico o, peor aún, en las de los amigotes de Mubarak que se quedaron con su poder encabezados por el Vicepresidente Omar Suleiman.

La rebelión egipcia no puede considerarse así como una guerra santa ni un regreso del Nasserismo que en 1952 tumbó a la Monarquía; se trata de una revolución social de inconformismo, alimentada por jóvenes desesperados por falta de oportunidades, hastiados de la corrupción, que demostraron, como afirmaba Alatri, que el pueblo no espera para rebelarse un programa sino una ocasión.

En América Latina se cocinó en los años 90 una situación de insatisfacción social parecida a la de Egipto, cuando casi todos los gobiernos de la región aplicaron a rajatabla las instrucciones del llamado Consenso de Washington que tenía mucho más de Washington que de Consenso. Se buscaba aplicar la doctrina neoliberal que predicaba el reemplazo del Estado por el mercado, la apertura internacional de la economía sin consideración a las posibilidades competitivas de los sectores nacionales y el desmonte de los derechos laborales.

Por fortuna, como veremos en una próxima columna, el nuevo siglo trajo consigo una rápida revisión del modelo neoliberal para retomar el camino de la inversión social y atenuar los costos sociales del crecimiento como preocupaciones básicas de un modelo alternativo de desarrollo. La necesidad de este viraje social fue entendida a tiempo por mandatarios de distintas tendencias ideológicas como los Presidentes Bachelet de Chile, Chávez de Venezuela, Lula de Brasil, Correa de Ecuador y Kirchner de Argentina.

Las causas de la rebelión de los jóvenes que tumbaron a Mubarak a punta de redes sociales son, sin embargo, las mismas de los jóvenes latinoamericanos de hoy cuyo desempleo duplica el de sus países y que registran, aquí como allá, que sus esfuerzos por educarse mejor no han sido correspondidos con más y mejores oportunidades de trabajo; se encuentran, como bien señala Martin Hopenhayn, integrados simbólicamente al mundo a través de internet y desintegrados socialmente en sus países.

La crisis egipcia también puede llegar a cambiar el sentido de la posición latinoamericana sobre el conflicto entre Palestina e Israel en la medida en que los Estados Unidos tendrá que cambiar su posición cerrada de defensa de la posición de Israel frente a la paz del medio oriente, si quiere preservar la neutralidad del mundo árabe que le garantizaba Mubarak en la región desde el año de 1973. De hecho, ya algunos países latinoamericanos como Chile, Brasil, Argentina y Bolivia, se han pronunciado a favor del reconocimiento de Palestina como Estado independiente lo cual legitimará su posición en la mesa de negociaciones con Israel.

Colombia aún no lo ha hecho.

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