Franco Armani y su abuso de autoridad

Franco Armani y su abuso de autoridad

30 de octubre del 2017

Si de algo se puede acusar a Franco Armani, es de “abuso de autoridad”. Lo hace en el arco de Nacional, donde su presencia es fiesta para el hincha, garantía de triunfo y seguridad para su equipo. Especialmente cuando sus compañeros en el campo pierden el rumbo, o cuando la fantasía es del rival. Define, tantas veces, esa línea invisible entre el éxito y el bochorno con sus atajadas.
Su estilo, convencional, es diferente al de los porteros estrambóticos, de pelo alocado, subversivos con sus actos, que marcaron época porque innovaron. Prefiere la sobriedad, con seguridad, al exhibicionismo. Por él hablan sus manos prodigiosas.
Escalones arriba de los porteros en Colombia, Armani pide pista en la selección, condicionado a las razones legales de su nacionalización. Su nombre vuelve a sonar con insistencia, ante la lesión, sin gravedad, de David Ospina.

El tema agita el ambiente, crea polémica, e incendia medios y tertulias.

De Armani se puede afirmar, además, que mientras impone su ley de gran portero, se respalda de una condición humana sin tacha. En síntesis, gran tipo. Es ejemplo para todos, sin conflictos ni dobles discursos. Es compañero y amigo respetado, mientras galopa en el éxito con humildad. Su calidad no se discute, como tampoco la importancia que tendría su aporte en el arco Colombiano.

Pero no alienta ni para él ni para quienes en él confían, las reacciones que la idea tiene. Saltan los críticos, nacionalistas, que defienden la identidad de patria, marcando fronteras en defensa de los porteros nacionales. Una de ellas indica que si no lo tienen en cuenta en Argentina, su país de origen, porque debe ser acogido entre nosotros. Muslera, a propósito, es Argentino y defiende como figura el arco de Uruguay.

Tuvo en el pasado la selección cancerberos extranjeros en su nómina. El mas conocido Luis Gerónimo López, campeón en el medio, con tanta calidad como Armani, con historia y memoria entre los hinchas de Millonarios, Santa Fe y Medellín. Fijó su residencia en Colombia.

Algo de responsabilidad tiene Pekerman en el vacío existente hoy sobre los relevos naturales de David Ospina, guardameta titular. Nunca revisó las divisiones menores, ni se preocupó por regenerar los listados sobre todo en posiciones claves como la portería, donde Cristian Bonilla, apto para el puesto, es mirado de reojo.

Armani es eje del debate. Con su cédula colombiana en mano tendrá los mismos derechos de cualquier ciudadano. Incluida su llegada a la selección cuando las circunstancias, en serio, lo indiquen. Y no bajo presiones y conveniencias.

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