Grosería con visas

10 de marzo del 2011

Voy a comenzar con algo que viene escuchándose  en la Cancillería. Al mejor estilo de Mr. Bean, un ciudadano americano visitó la división de visas del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia,  en Bogotá. El hombre de edad mediana quería obtener su visa para permanecer en el país, al  notificársele la in admisión de los documentos por incompletos, se lanzó al piso e inició un show con gritos y llanto, contaron aterrados los presentes. Lo más sorprendente, es que la autoridad migratoria no tomó medida alguna contra él pese a su conducta reprochable, solo le inadmitieron los documentos, más no le negaron la visa de tajo.  La Cancillería identificó muchos de esos mismos casos e incluso, en los que algunos extranjeros, especialmente de países vecinos, argumentan que son inversionistas de empresas creadas con apenas tres meses de antigüedad, capitales irrisorios, sustentando nóminas que superan su mismo capital. Algunos argumentan inversión en los sectores minero e hidrocarburos.

La autoridad migratoria identificó varias trampas para adquirir la visa colombiana: nupcias exprés, corrupción, tráfico de influencias de la secretaría general del Senado de la República, intermediación, todo con el propósito de garantizar una visa de trabajo o cualquier otra de sus clases. Se señala que un nacional de Perú, a quien le inadmitieron documentos  por falta de los mismos, respondió con alevosía a los funcionarios de allí, textualmente: “para lo que me importa este país con esa visa me limpio la cola”. Sobra decir lo que le pasaría a un compatriota nuestro si llega a expresar algo similar en el consulado de Costa Rica, de España, de Alemania o Estados Unidos, porque no le admiten documentos, o en el más cotidiano caso cuando se le niega la visa. En  el caso del señor de Perú muchos colombianos se solidarizaron con él, defendieron su reacción como un ataque de nervios, al dejar a su esposa, directora de control interno de Movistar. Algo  indignante es saber qué casos de in admisión son muy pocos, de 200 peticionarios diarios solo 15 se inadmiten y tan solo a uno o dos se les niega la visa al mes, según fuentes de la misma oficina.

El más reciente escándalo por las mismas circunstancias, lo propició un argentino, a quien no le bastó con manotear, gritar, ultrajar y atropellar a los funcionarios. Lo grave es que por él abogó una  alta funcionaria del Congreso de la República, la secretaria general del Senado, María Victoria González, según fuentes, ella se comunicó a la oficina de enlace de la Cancillería con Carlos Barragán, quien hace esa tarea.  Dudo que la señora González tenga a cargo dentro de sus funciones ponderar a particulares extranjeros para obtener visa alguna. Aunque no es el caso, las autoridades migratorias tienen que hacer los controles pertinentes. Recordemos como un par de irlandeses ingresaron a Colombia y entrenaron a guerrilleros de las Farc en manejo de explosivos y como han ingresado aquí miembros de  ETA con los mismos propósitos. Hace dos años fue conocido el caso de tráfico de personas procedentes de China, porque no se les exigía visa. No conozco algún caso, sobre quejas de colombianos, tutelas, derechos de petición, tráfico de influencias por visas negadas a nacionales nuestros, o retaliaciones con gritos y groserías por parte de algún compatriota por una visa, y mucho menos  que desde un órgano legislativo aboguen por  alguno por grosero para permitir su estadía en el exterior.

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