Japón, una lección para el mundo

Sáb, 19/03/2011 - 23:03
Mientras en algunos lugares del mundo el orden y la disciplina son difíciles de lograr o simplemente no se consiguen, o nunca se ha tenido, en otros lugares son percibidos como una demanda resultante
Mientras en algunos lugares del mundo el orden y la disciplina son difíciles de lograr o simplemente no se consiguen, o nunca se ha tenido, en otros lugares son percibidos como una demanda resultante del exceso de poder del Estado o incluso pueden percibirse como sinónimos de limitación al ejercicio de la voluntad personal, en Japón orden y disciplina son  la norma general. Una norma que les está ayudando a sobrellevar con un estoicismo increíble la tragedia del ahora llamado terremoto “Tohoku del Pacífico” seguido por el poderoso  tsunami que ha dejado miles de víctimas y cuantiosos daños. No en vano Japón ha sido una de las economías líderes del mundo. Ha salido fortalecido después de  guerras, invasiones, terremotos registrados desde la época de los shogunes,  maremotos, para mencionar sólo algunos de los eventos históricos de causas humanas  y de la naturaleza que han golpeado desde sus inicios al Imperio del Sol Naciente. Japón es un país increíble y descrestante. Su mayor riqueza es su pueblo. Sus tradiciones milenarias no le impiden estar a la cabeza en desarrollo e implementación tecnológica, en avances científicos, desarrollo de infraestructura y comunicaciones. Un pueblo trabajador, consciente de su responsabilidad patria, dedicado, consistente  y solidario. El orden, la disciplina y el civismo son elementos que sin duda permiten el desarrollo. En esos tres conceptos va implícito el respeto que lo resume todo. Los japoneses son un pueblo milenario, de arraigadas tradiciones, de veneración a sus antepasados, a los dioses,  de ritos y ceremoniales, de delicadeza, de entrega. Una entrega que llega a tal punto, que quienes están en la planta nuclear,  consideran que es su  obligación para con sus familias y lo más importante, para con su país, estar allí, tratando de resolver la crisis. Para eso están entrenados, para manejar crisis, aún a costo de sus propias vidas. Estos 50 héroes de Fukushima quienes ahora  tienen a un centenar de voluntarios apoyándolos son héroes para quienes el honor y el deber están por encima de todas las cosas. Pero el orden y la disciplina también se refleja en la forma en la que se están apoyando, la solidaridad cívica, su forma de expresarse, la serenidad, el que no se presenten desórdenes y desmanes, el que no haya saqueos, el que las personas aún en el estado de escasez en el que se encuentran compren únicamente lo indispensable. Esto es un ejemplo para el mundo. Ese orden y disciplina es lo que de alguna forma les ayuda a estar preparados para enfrentar la crisis, aún cuando sea imposible prever una de estas dimensiones. Seguramente después de este duro embate de la naturaleza que aún no termina, porque el frío arrecia, la nieve cae,  porque no se ha logrado determinar el número total de víctimas, ni el  monto total de daños,  ni se ha resuelto la crisis de las plantas nucleares, van a reconstruir rápidamente con energía, con entrega, con ese mismo orden y disciplina y volverán  a estar a la cabeza de la economía y el desarrollo. Lo más importante de todo es ellos, los japoneses, son los primeros convencidos de esto, están orgullosos de ser quiénes son y estos son elementos fundamentales que garantizan el que lo puedan lograr. Nuestra solidaridad con Japón y ojalá de estas duras circunstancias, seamos muchos los que podamos aprender invaluables lecciones.  
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