La farsa de las Farc

Mar, 19/07/2011 - 09:00
Desde la independencia Colombia ha vivido alrededor de veinte guerras entre liberales y conservadores. La última fue la Guerra de los Mil Días, donde perdimos a Panamá. Aún así, durante el siglo
Desde la independencia Colombia ha vivido alrededor de veinte guerras entre liberales y conservadores. La última fue la Guerra de los Mil Días, donde perdimos a Panamá. Aún así, durante el siglo XX, Colombia mantuvo cierta estabilidad institucional, económica y social. Por eso siempre he pensado que los partidos tradicionales no representan ideologías distintas, sino intereses de élites diferentes o heterogéneas. Y las Farc es una guerrilla rural y campesina, que supo sacarle el jugo a las regiones más apartadas de un Estado históricamente centralista y ausente. Que nace después de la época de la violencia pero no exactamente como un resultado de ella, sino por el éxito del movimiento castrista en Cuba; el conflicto agrario; su cuestionamiento a la legitimidad del poder durante el Frente Nacional; el antiimperialismo yanqui por ese estúpido triunfo militar, cuando bombardearon a la república independiente de Marquetalia, ubicada entre los departamentos de Tolima y Huila. En otras palabras, la combinación de todas las formas de lucha, también significa el carácter disímil de los referentes históricos de una guerrilla, que para ese entonces, tan sólo era un enemigo inventado. Y hoy, después de cuarenta y siete años, seguimos sin saber qué son ni a quién representan. Porque las Farc buscan reconocimiento internacional pero secuestran, siembran minas y asesinan a la población civil. Las desigualdades en Colombia no distan mucho de las contradicciones sociales de otros países vecinos, que no tienen guerrillas y aún así, pareciera que la violencia es un destino al que estamos condenados a repetir, porque la revolución se está haciendo con reformas y la guerrilla nunca dejó de ser guerrilla para llevarnos al sentido estricto de la palabra guerra. Las Farc entre los años de 1966 y 1980, casi son destruidas e intentaron llevar a cabo un proceso de paz con López Michelsen pero los militares se opusieron. Entre 1980 y 1990, se expandieron, multiplicando sus frentes, gracias al impulso que les dieron los conflictos centroamericanos, los secuestros, la extorsión, el negocio de la droga y la bonanza petrolera. Entre 1990 y el año 2002, iniciaron una ofensiva militar, que prevaleció sobre su “plataforma política”, apoyados en la quiebra del campo, la recesión económica de 1999 y la experiencia del Caguán. Entre los años 2002 y 2007, se replegaron gracias al Plan Colombia, un plan gestado por Pastrana, la férrea voluntad de Uribe por derrotarlas, la profesionalización de las Fuerzas Militares, el Plan Patriota, demostrando que sus históricos comandantes no eran invulnerables y el accionar de las Autodefensas. Pero hoy en día, la estrategia de las Farc es distinta y andan en pequeños grupos para contrarrestar los bombardeos de la Fuerza Aérea. Mientras que la persecución contra Alfonso Cano, está ayudando a compensar las últimas acciones de alto impacto, realizadas por los francotiradores de las Farc. Aprovechándose de que la moral tiene cansada a la moral de las tropas, es decir, que la orden de cumplir con los Derechos Humanos, el DIH, los duros y adversos fallos judiciales contra miembros de la fuerza pública, el ministro Rivera y el almirante Cely, tienen más cansados a los militares, que la geografía nacional, las bandas criminales y la guerrilla de las Farc. Sin olvidar, que hoy se ubican en zonas mineras, conviviendo con otros grupos armados y explotando una de las locomotoras que le dejó Uribe a Santos. Porque el fin de las Farc ya no es la toma del poder político por las armas, sino la toma del poder económico por medio del narcotráfico y de la minería ilegal. Además, nunca tuvieron teóricos de la revolución para interpretar la situación del país y mucho menos ahora, que de su proyecto político nada queda. Por eso evitan los debates ideológicos, para prolongarse como la guerrilla más antigua del mundo. Y sus redes clandestinas, la verdad no han tenido éxito, porque la izquierda democrática en Colombia aprendió, que para progresar debía alejarse de la crueldad de unas guerrillas, que no merecen ser tratadas políticamente. O mucho menos hacer parte de un proyecto político basado en el resentimiento  y en la miopía de una guerrilla como las Farc, que ignora leyes como la de tierras y la de víctimas o que desconoce cómo está emergiendo una clase política y económica, enfrentándose a las manifestaciones decadentes del poder tradicional. Por eso el fracaso militar de las Farc se debe a su fracaso político pero lo que no se puede decir, es que el tema de la seguridad está controlado, cuando el Cauca vive una guerra y a Peñalosa le roban la bicicleta rodeado de escoltas. O que los medios y los periodistas éramos unos con Uribe y otros con Santos y que el problema de la seguridad es un problema mediático político. Aunque al estar en un año electoral, todos los actores políticos y armados, utilizan a la seguridad como un instrumento de manipulación política. Por el otro lado, estoy de acuerdo con Caballero, cuando dice que en Colombia hay razones para alzarse en armas, aunque esas no sean las razones de las Farc. Y también estoy de acuerdo con Augusto Ramírez Ocampo, (Q.E.P.D), cuando dijo que las Farc no hicieron la paz en 1991, porque “a Gaviria le dio por bombardear a Casa Verde”. Sin que lo uno ni lo otro signifiquen, que los hechos cometidos por las Farc recientemente en el Cauca, sean considerados por algunos como “prepolíticos” y no como lo que son: ¡prehistóricos! Prehistóricos por su barbarie pero también, porque le llevan un mensaje implícito a las comunidades indígenas asentadas en esos lugares. Y pocas como las comunidades indígenas, campesinas y afrocolombianas, conocen el por qué del conflicto, porque lo sufren todos los días, mientras asesinan a sus líderes, en un país que no cambia de realidades, sino de estrategias de guerra. Que entre otras cosas, en nada han ayudado a Colombia, porque ninguna conquista social se debe a los cuarenta siete años de vida que tienen las Farc. Documento de Consulta 1.PÉCAUT, DANIEL. “LAS FARC ¿UNA GUERRILLA SIN FIN O SIN FINES?”. Grupo Editorial Norma. Septiembre de 2008, Bogotá, Colombia.
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