La percepción como único patrón de juicio

25 de noviembre del 2018

Por Fernando Fernández.

La percepción como único patrón de juicio

La percepción es dura contraparte de la realidad; esta primera no se basa en hechos veraces ni racionalidades, sino en sensaciones e impresiones inspiradas en gran parte de pasiones y subjetividades. La mente humana tiende a funcionar a partir de percepciones, de aquello que “nos parece” así no se tenga comprobaciones. Un individuo nos “cae mal”, sin siquiera haber interaccionado con él; el “me dijeron que” se constituye en prueba fehaciente y rectora de actuación contra algo o contra alguien. Patéticas certidumbres contra las cuales hay que estar atentos para evitar sinrazones y prejuicios.

Las llamadas “fake news”, que pululan en medios de comunicación, redes sociales, y hacen las dichas del chismorreteo, están dictando el pensar y la opinión de las gentes. Los hacedores de noticias saben que la desinformación es de suma importancia, y que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad. Reconocen como mandamiento el adagio: “Calumniad, calumniad que de la calumnia algo queda”. Con tal premisa se encargan de difundir maledicencias que saben son eficaces y grandes formadoras de la opinión pública que no se atiene a grandes investigaciones, lecturas ni análisis.

La izquierda colombiana, dirigida e influenciada por Petro, el candidato ampliamente derrotado en las pasadas contiendas electorales, se ha propuesto generar un desprestigio y elaborar una percepción equivocada del Presidente Duque. No le ha dejado ni un respiro a su gobierno en ciernes sin que haya sido objeto de crítica, no le ha dado oportunidad de expresar ideas sin refutarlas de entrada. La reprobación sistemática como arma de ataque.

Desde el inicio este movimiento izquierdista ha consagrado sus esfuerzos en desacreditar al novísimo mandatario, a través de caricaturas en las que lo ridiculizan como cerdo, en imprimirle el carácter de títere, de poco inteligente, de frívolo, de amante de la música fácil, de inexperimentado. Numerosos epítetos descalificadores tendientes a evitarle que gobierne, que fracase es el objetivo, que la opinión pública se forje una idea errónea, y así poder tener a Petro en la presidencia en 4 años, para implantar la sarta desatinada de principios socialistas del siglo XXI que nos puso en conocimiento, y que no son percepción puesto que se la ha escuchado de viva voz.

La luna de miel de 100 días que tradicionalmente se acuerda a un nuevo mandatario, se la suprimieron, se lanzaron a la calle sin contemplación a protestar por todo, y atribuyéndole los malos funcionamientos del Estado al recién llegado; cualquier anomalía del país, que muchas hay, se la endosaron al que tratan de marrano. La gran problemática de la educación se convirtió en culpa del apenas posesionado, sin que haya tenido ni arte ni parte, como no sea tratar de entender y resolver con los escasísimos recursos que le dejó el anterior gobierno. By the way, le prohibieron que hiciera alusión a la pésima administración anterior, para obligarlo a asumir la culpa pasada, presente y futura. Mala intención es poco decir, por fortuna, por tan insensata, de evidente detección.

La pregunta obvia es ¿por qué razón no se hicieron estas manifestaciones en tiempo de Santos que durante 8 años gobernó este país dejándolo sumido en las peores condiciones económicas, con presupuestos públicos comprometidos por años, con una deuda externa exorbitante y con pocas posibilidades de desarrollo? No hay que buscar muy lejos: la izquierda fue complaciente y silenciosa con estos exabruptos, dado que lo único que le interesó fue que este señor firmara una falsa paz, repudiada por el pueblo, que favoreciera a sus socios de las Farc. Ahora cuando la inconveniencia de la inventada paz se pone de manifiesto y su artífice remunerado con un inmerecido premio Nobel, salen los otrora cómplices silenciosos, a dar batallas dizque ideológicas con su panoplia de vandalismo y sus uniformes encapuchados que esconden a la guerrilla urbana, esa que según Santos dejó de existir con su acuerdo de marras.

Esa izquierda que se niega a diferenciarse del anacrónico comunismo, como lo hemos señalado en anteriores columnas, retoma con vehemencia su vieja premisa de “todas las formas de lucha”. Para ello no hesitó en crear un ala pseudodemocrática –con la complicidad de Santos quien le regaló curules en el Congreso–, al tiempo que mantenía otro flanco dizque disidente (deliberadamente preparado) de combate en el monte. Otra forma de lucha es impedir que se gobierne democráticamente, por eso las manifestaciones permanentes, de las cuales en menos de 100 días ya se contabilizan más de 300, de a 3 diarias, ningún presidente había “gozado” de tal recibimiento. Todo debidamente orquestado. La idea, confundir al pueblo, ridiculizar al nuevo gobernante, presentarlo desde el principio como inepto, tonto, incapaz y con ello hacer que la percepción perniciosa haga huella.

¿Cómo se quiere que este país funcione sin una reforma tributaria y de justicia? Algo pedido a gritos y que el anterior gobernante fue incapaz de emprender por andar concentrado en la compra de su cartón de Nobel. Los cambios tributarios son imperativos porque los recursos estatales son insuficientes, la enorme tronera fiscal y el erario saqueado por la mermelada y la corrupción, y con alto déficit a pesar del fuerte encarecimiento de 3 puntos en el IVA que el expresidente de marras promulgó, sin protestas de Fecode ni de estudiantes. Ahora con las arcas vacías, Duque trata de darle viabilidad económica al país, y varias propuestas están en discusión en mesas de trabajo y el Congreso. La desinformación grita que se gravarán las pensiones, es decir que a los pobres jubilados se les subirá la fiscalidad. Falso, se está estudiando este mecanismo para las ALTAS pensiones. ¿Es acaso mal principio que las pensiones vitalicias de los congresistas que tienen salarios de más de 30 millones de pesos sean tasadas? No sólo deben ser gravadas, sino eliminado su carácter vitalicio. El costo político de las valientes decisiones que quiere emprender el nuevo ejecutivo es necesario, así le acarree impopularidades; un Congreso habituado a empalagarse de mermelada y ahora privado de ella, muestra hostilidades e intenta doblegar para regresar a las reprochables prácticas anteriores.

El exabrupto es tan grande que la masa izquierdista especialista en beligerancia y desorden está culpando a Duque de los errores de Santos. Necesidad imperiosa de los equipos de comunicación de Palacio de salir a explicar didácticamente, sin caer en los excesos presupuestales propagandísticos en los que incurrió Santos en pro de su falaz paz.

Lo de la educación es gran parte un pretexto para fomentar la insurrección; ahora quieren los estudiantes (perdón, los infiltrados guerrilleros) que se le asignen astronómicas sumas, de las que carece el país. Imposibilidades presupuestales. ¿Por qué no se lo exigieron a Santos cuando repartía dinero a manos llenas a guerrilleros, funcionarios y congresistas para lograr su Nobel?

Los estudiantes de las universidades públicas exigen dinero pero se niegan a que exista un promedio académico como en cualquier universidad privada o que no permanezcan ociosamente 10 o más años en los claustros. Esto no les interesa puesto que su objetivo, no para todos, es hacer clientelismo revolucionario sin ánimo de lograr una carrera. Es decir, exigencia fuerte de derechos con menosprecio de deberes elementales.

Y en las marchas de estudiantes en las que estos sirven de idiotas útiles, se observan actos de violencia impropios del estudiantado y más afines con las prácticas guerrilleras, así como eslóganes y banderas que nada tienen con la educación y sí mucho con la izquierda Farciana, petrista y bolivariana chavista, ¿es esto en favor de la educación?

Entonces, como dijo alguien. “Antes de juzgar los primeros 100 días, han de examinarse profundamente los últimos 100 meses”.

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