La vida privada de los hombres públicos

23 de febrero del 2015

“Somos tan timoratos en la materia que los personajes públicos se vuelven intocables.”

No entiendo el porqué la senadora Vivian Morales se niega a hablar de su hija lesbiana y considera que hacerlo es rastrero, “de personas que no tienen argumentos y que su única arma es la bajeza, la mezquindad y la vileza”.

Tampoco entiendo la lluvia de trinos en mi contra porque comenté en las redes sociales que el hijo del senador Navarro se mató con una escopeta que había en su casa.

Sería bueno conocer -algún día- detalles del temperamento violento del senador Benedetti y el maltrato que le ha dado a sus anteriores esposas, él que llama a la Corte cobarde y denuncia a sus colegas gay que no han salido del closet.

Es posible que el ánimo de “boxeador” borracho que le conoce el país al Representante Rodrigo Lara haya sido la causa del rompimiento con su primera esposa.

En otro caso, me parece irrespetuoso con el periodista Norbey Quevedo “la rectificación” del senador Juan Manuel Galán exigiendo excusas por haber publicado una nota sobre su borrascoso divorcio. Y peor aún, los comentarios de Fidel Cano, director de ‘El Espectador’, quien consideró la nota como “un fiasco” periodístico.

Somos tan timoratos y asustadizos en la materia que los personajes públicos se vuelven intocables en sus vidas no siempre ejemplares, sin juzgar, solamente contando lo que son o lo que hacen.

A muchos les debe parecer una monstruosidad periodística que le hubieran concedido el prestigioso premio Pulitzer al New York Times por haber denunciado las relaciones del entonces gobernador de Nueva York, Elliot Spitzer, con una casa de prostitutas. El funcionario (con esposa y tres hijas) debió renunciar y el escándalo acabó con su carrera política.

En otro episodio, las denuncias periodísticas sobre los hijos no reconocidos del presidente Lugo, del Paraguay, concebidos siendo obispo, no hubieran prosperado “por respeto a su vida privada”. El mandatario excura terminó reconociendo a varios hijos, concebidos por mujeres humildes que fueron a pedirle “consejo”.

La respetada BBC de Londres habla del tema en su manual de valores y criterios. Y justifica la intromisión en la vida privada cuando hay asuntos que incumben al interés público, por ejemplo un comportamiento antisocial importante, actos de corrupción o alguna injusticia.

En mi larga pelea con Cielo González Villa, exalcaldesa de Neiva, la funcionaria esgrimió -a través de decenas de denuncias y tutelas- “mis atentados” contra su buen nombre.

Después de ires y venires por distintos juzgados e instancias y muchos meses de discusiones legales y jurídicas, el Tribunal Superior del Huila sentenció:

“…La Corte Constitucional en reiterada jurisprudencia ha indicado que si de acuerdo con el diccionario de la Lengua Española el nombre es la fama, opinión, reputación o crédito, él es el resultado del comportamiento en sociedad, de tal manera que el buen nombre debe alegarlo quien lo tiene realmente, pues él no es gratuito.

Por su misma naturaleza exige como presupuesto indispensable el mérito, esto es, la conducta irreprochable de quien aspira a ser su titular y el reconocimiento social del mismo.

En otros términos, el buen nombre se adquiere gracias al adecuado comportamiento del individuo, debidamente apreciado en sus manifestaciones externas por la colectividad”.

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