No hace buen clima

Lun, 23/04/2012 - 01:00
Parece que no hay buen clima. No me refiero a la ola invernal que nos trae “la maldita Niña”, como la bautizó el Presidente Santos. Y que nos genera cientos y mil

Parece que no hay buen clima. No me refiero a la ola invernal que nos trae “la maldita Niña”, como la bautizó el Presidente Santos. Y que nos genera cientos y miles de nuevos damnificados, cuando aún no terminamos de inventariar los del invierno pasado. Me refiero a la foto que nos ofrece la última encuesta “Colombia Opina” de RCN, Semana y La FM. Dirán que una encuesta es insuficiente para un análisis de la coyuntura política. Pero señala unas pistas. Y en política el despiste es un defecto imperdonable.

Y las pistas son reveladoras. Salvo pocas excepciones, como la del General Naranjo, todos los personajes que protagonizan la política nacional caen en su imagen positiva. Hasta el expresidente Uribe, considerado infalible en estas mediciones, resulta afectado. Contrasta sin embargo, que mientras Santos luego de casi dos años de mandato se mantiene en un 58%, Petro a escasos cien días como Alcalde de la capital se desploma a un 33% en su imagen. Más grave resulta la baja aceptación ciudadana de las instituciones públicas. Congreso, órganos de justicia, altas cortes y partidos políticos aumentan su animadversión entre los ciudadanos. Desencanto al que no escapan los medios de comunicación que desempeñan un papel estelar en la formación de opinión pública.

La foto de la encuesta puede ser episódica. Y es probable que el clima cambie prontamente. Pero a veces conviene el dramatismo. Sobre todo cuando se habla de las condiciones de la democracia. Y la hipótesis de que estamos presenciando, aquí y en la Conchinchina, una crisis de la democracia representativa no parece descabellada. Sobre todo si la evidencia empírica señala una descreencia creciente en sus soportes institucionales. Hay hipótesis más arriesgadas, traída hace años por los teóricos posmodernos, que anunciaron la muerte de los grandes relatos de la modernidad. Uno de ellos, de los más importantes, el de la política y su prometida felicidad. Estas son las inquietantes y apasionadas preguntas que se hacen los académicos.

Pero el dramatismo no debe conducirnos a una visión apocalíptica. En la política práctica, sería irresponsable expedir certificado de defunción a la política, los partidos y las instituciones. La democracia es demostradamente la mejor forma que ha encontrado la humanidad para asegurar la convivencia. Y menos en Colombia, donde reafirmar la política civil es la mejor forma de ilegitimar la violencia. Por ello, la  confianza mayoritaria en favor de una paz negociada que se expresa en la encuesta es una buena pista. También llama la atención que junto a la preocupación por superar la violencia, los encuestados reclaman atención sobre la mejora de la economía y el bienestar social.

Si atendemos estas demandas, la política y los soportes de la democracia colombiana puedan gozar de buen recibo. La gente sentirá que la actividad de los partidos y de las instituciones públicas mejoran su vida cotidiana. Y si además le ganamos la batalla a la corrupción, restituimos un sentido de lo público y recuperamos la confianza ciudadana en el Estado. Y por allí empezamos a superar este mal tiempo.

   
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