Por el camino equivocado cada día es peor

Por el camino equivocado cada día es peor

26 de octubre del 2010

El problema mayor de Colombia es la guerra, que es tragedia. Y el peor drama es que no se encara, se ahonda.

Con el paso de los días, de los años, se cae más profundo en la autodestrucción. El Estado gasta cifras y energías inconmensurables en la empresa de matar y apresar terroristas y delincuentes de todas las especies. Estos, a su vez, despilfarran fortunas y vidas en su empeño por destruir la sociedad que se ha logrado organizar en siglos.

No se acepta que esta guerra no va para ninguna parte. Demasiadas gentes y organizaciones viven de ella, se enriquecen con ella. Terminarla sería como cortarse las venas.

Por el contrario, la gran empresa de recargue de odios, de ascos, de rabias, de venganzas, es próspera y poderosa. No descansa. Propaganda, discursos, consignas que vuelan de boca en boca. Las reparten periódicos, revistas, libros, emisoras, canales de televisión.

La eficiencia de la guerra y de sus alzafuelles es total. Cada minuto se odia más, se desconfía más, la supervivencia es más enigmática, la vida más azarosa, la muerte y el riesgo del ataque más inminentes. Las violencias adentro de las casas, de los colegios, en calles y campos no es que asechen, son ciertas.

Se violan, se vejan, se hieren, se secuestran, se matan y tantas otras cosas horrendas se hacen los colombianos y no se sabe cuánto. La fiebre de depredación llega a tal grado, que no registra.  

Nadie, en ninguno de los flancos, está dispuesto a ceder, menos a claudicar. Esto va hasta cuando no quede sino magma y el azufre y la lava hagan sus últimos estragos sobre la superficie social ya sin vestigios de ética ni esperanza.

No sé si terroristas y delincuentes harán algo para salir de su laberinto de miserias y atrocidades. No creo.  

Ahora, se habla del sacrificio de soldados y policías y es verdad. Se habla de los propósitos de seguridad de los gobernantes y es verdad. Pero lo que no se dice es que esos sacrificios y esos propósitos son fallidos, están mal concebidos, se encaminan a perpetuar y complicar la guerra.  

Saco del costal de noticias de estos días, que son las mismas de todos los días a lo largo de la eterna y triste historia de esta guerra, que hablan de cómo, no obstante las “buenas intenciones”, en esos esfuerzos de conjurar el mal están larvados males peores porque en las ocupaciones de la guerra se olvida lo fundamental, civilizar a los seres humanos. Las refiero.

Condenado Coronel de la Policía que descuartizó a su esposa y esparció su cabeza, su torso y sus miembros desfigurados y torturados por los suburbios de Ibagué. Se sospecha que soldados de la Brigada Móvil de Arauca violaron a niña de 14 años en Tame y la asesinaron junto con dos hermanos de 9 y 6 años. Detenidos tres docentes acusados de violar alumnas de colegios de Sogamoso. Bogotá naufraga en mar de corrupción.

Está bien que se hagan leyes de víctimas, pero a este paso, sin domesticar al ser humano y sin construir convivencia, Colombia colapsará aunque resarza parte de los daños que se niega a prevenir e investigue uno que otro de los delitos de sus “autoridades”.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO