Pruebas de un azafato

Pruebas de un azafato

1 de diciembre del 2010

Cuarenta minutos a pleno sol hasta la tienda/bar por la autopista. Los US$12.00 que tenemos entre todos, nos alcanzan para unos paquetes de papas y gaseosa…cuarenta minutos de regreso al centro. En algunos sitios, la libertad y todo lo demás tienen precio.

La guerra consistía en: vencer o morir, y el objetivo eran… unas alas. Si, las que entregan en la ceremonia de graduación, al pasar exámenes,  pruebas y sortear trampas: no se pueden copiar, no descuiden su apariencia personal, no pueden repetir mas de dos veces cada examen, no se tolera discriminación de ninguna clase, no dañen las instalaciones, no se lancen por los deslizadores ni balsas de emergencia con zapatos, porque los dañan, no hagan ruido por las noches, no trago, no… Las reglas eran claras, si las rompíamos, muerte súbita. A pesar de las advertencias, muchos quedaron por el camino.

Primero fue una colombiana, por estrés de los exámenes, se desmayaba y convulsionaba la noche antes de presentarlos. Dos veces tuvieron que llegar paramédicos a auxiliarla. A la tercera vez la devolvieron a casa. O por lo menos eso creemos. Al regresar de practicar como extinguir un incendio tipo B, ni sus maletas ni pertenencias estaban en su habitación, y de ella nadie daba razón, desapareció, se esfumó, eso es todo, nadie hizo más preguntas, nadie quiso saber más.

Eduardo voló por el aire con estilo impecable. Sus zapatos bien brillados reflejaban la luz  de las lámparas fluorescentes, estaban bien cuidados. Su pelo cuidadosamente peinado se revolvió un poco con el aire, la vestimenta limpia y bien planchada le daba aspecto fresco, su cara bien afeitada estaba como debía estar, pero su gesto, era un mal augurio.

Eduardo, segundo desaparecido en acción, era mi compañero de cuarto. Hombre valiente y decidido. Su punto débil: su pinta y juventud. Así como lo leen. Tenia tan buena pinta que chilenas, colombianas, gringas y hasta una coreana querían “eso” con este guerrero. Todas pretendían entrar en lucha cuerpo a cuerpo con el, y el, ni corto ni perezoso con todas entraba a la pelea. Pero al cumplir con ellas, no cumplía con sus estudios, su apariencia, ni con las  practicas y obligaciones de tripulante, aunque el, igual que muchos, pensaba que  “eso” también era una de ellas.

El día en que debíamos demostrar la idoneidad al saltar de un deslizador en caso de emergencia, mi compañero recién llegaba de una faena cuando yo salía para el examen,

-Báñese, cámbiese de ropa y corra al deslizador, yo atraso lo que pueda su presentación mientras usted llega-.

El valiente llegó al último minuto cuando los instructores estaban listos para despachar la clase. A toda velocidad y angustiado, se lanzó de la plataforma sin pensarlo dos veces. En mitad del aire, mientras flotaba hacia el deslizador, noté en su cara el desespero, había caído en cuenta demasiado tarde, ¡que no se había quitado los zapatos! Tiquete de ida, desaparición total del cuarto y del centro…suponemos que aún esté por estos caminos de la vida.

Aburrido, me dio por llamar cada rato a unas compañeras para preguntar tonteras y entretenerme, y porqué no, a ver si alguna me paraba bolas. Una de ellas, una británica, ya molesta con la llamadera me contestó:

–No llamas mas aquí- No me di por vencido. Llame de nuevo.

–Estas jodiendo no más- No me iba a rendir ahora.

-¡No jodas!- fue su ultimo grito desesperado.

Al día siguiente, después de aprendernos como armar un carrito de postres, me reclamó furiosa.

-¡No vuelvas a llamar después de las 10:00 pm. o como anoche, cuando llamas ¡te cuelgo!-

No le respondí, por que estaba demasiado brava, para explicarle que después de las nueve de la noche, yo no había llamado.

¿Resultado? Casi divorcio, mi ahora ex amiga, había insultado a su marido antes de colgarle el teléfono, las diez veces que llamó desde Inglaterra a darle las buenas noches.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO