Entre las muchísimas cosas que me gustan de ser mujer está la de carecer de próstata.
Por razones varias. Estética: La palabra, per se, me parece horrorosa. Junto con jarrete, cumbamba, sarna, madrastra y espinilla –sin contar las “groserías” de los niños y las “sicariales”de las películas y los seriados de la mafia–,es de las más feas del castellano. Y la consistencia… Nada qué envidiarle a un molusco mutante. Guácala, es cuestión de gusto– o de disgusto– personal.
Ubicación: Según una experta en Feng Shui, el estar la próstata empotrada en la base de la vejiga, alrededor de la uretra, apretadita y de frente a una de las puertas de salida del establecimiento, no solo es mal augurio para la prosperidad y la riqueza, sino que corre el riesgo de escabullirse ella misma –la glándula– por ahí. Y yo, ignorante en ciencias milenarias de la China –y de la próstata–, pues no me atrevo a contradecirla.
Y la última, quizás la razón más importante, sospecha: imposibilidad de saber con certeza a qué atenerse con ella. La enciclopedia médica sostiene que, si bien no se conocen los motivos reales de su agrandamiento, el envejecimiento masculino –de 40 años en adelante– y los testículos pueden desempeñar un papel importante en la temida hipertrofia prostática. Así que para evitar que crezca, o para que se achiquite si creció –habida cuenta de que contra el tiempo no hay revertrex que valga–, el mejor remedio habría de ser tomar las tijeras con que el ministro Cárdenas pretende cambiarle el look al peso y, uyuyuy, podar los testículos al doliente.
No obstante, con todo y lo que celebro no llevarla conmigo, no tengo nada en contra de la pobre. Sobre todo ahora, tan manoseada y expuesta, por cuenta del cáncer del presidente, de los urólogos y de los periodistas, le he cogido, incluso, cierto cariño. (Agradecimientos siempre le he tenido por tantos beneficios recibidos; mi hija, uno de ellos). Hasta he aprendido a entenderla con las patéticas ilustraciones utilizadas por los medios, para cumplir su labor mesiánica de educar al pueblo llano. Y a sentirla, característica indispensable de nosotros los hipocondríacos. Sí, he sentido dolor de próstata.
Es que los hipocondríacos, así como los políticos, nos dividimos en dos grupos. Los purasangre que llaman los tertulianos de Hora 20 cuando se refieren a los uribistas, santistas, gaviristas, samperistas –no encajan ahí, por supuesto, ni Roy, ni Benedetti, ni Lozano, ni Angelino, ni muchos otros y otras que cambian de objeto de deseo como de camisa–, que son los que congestionan las Urgencias, debido a que se levantan buscándose el dolor del día y a él se aferran por una temporada, hasta el momento en que su piel, como la de los camaleones, varíe de color y/o de dolor. (¿Cierto senador Barreras?). Y los hipocondríacos de ocasión que pertenecemos al montón que, siempre que ve la sección de salud de CM&, siente los síntomas de los males que allí se exponen. Al otro día ni nos acordamos, pero esa noche, mientras conciliamos el sueño, la pasamos casi en artículo mortis.
Me sucedió con la próstata de Santos. Aún a sabiendas de que es asunto masculino, lo tomé tan en serio y me saturé de tal manera con la información que dispararon con regadera radio, televisión y periódicos, que durante algunas horas sufrí de dolores bajitos y de dificultades para hacer pipí. Solo por unas horas que, dicho sea de paso, me hicieron querer un poquito al presidente. Todo un varón, qué valentía someterse a una intervención de alta cirugía sin anestesia general; la regional en este caso debió de ser un pañito de agua tibia. (Definitivamente, es mi superhéroe de la semana). Por fortuna le ha ido bien antes, en y después de la misma, pero, ¿que se haya tenido que aguantar semejante tormento –equiparable a cualquiera de los de la Inquisición– solo porque su remplazo no estaba, no está, en condiciones de hacerlo? No hay derecho.
Sigo sin entender lo de Angelino Garzón y su guardia pretoriana: familia, médicos, cercanos colaboradores. No entiendo por qué no se dan cuenta de que la salud es lo primero. Primero que los cargos y los honores. Estos son flor de un día; pasan y si te vi no me acuerdo. Nadie le va a agradecer después la falacia de que por proteger la democracia no hubiera permitido que el país conociera su verdadero estado de salud, cuando era imperativa dicha información. Independiente de que los procedimientos para acceder al diagnóstico no hayan sido los adecuados, lo cierto es que, al menos los nueve millones de colombianos que Garzón cree que lo eligieron, están en el derecho de saber en qué situación se encuentra el elegido.
Pero, bueno, en Colombia estamos. ¿Quién dijo próstata? Ay no. No más, por favor.
Dobleclick: Cuentan que Georges Clemenceau, al dejar la Jefatura de Gobierno de Francia, en 1919, dijo que, al igual que a la próstata, a la presidencia había que dejarla partir cuando se empezaba a sentir. Santos ya se despidió de la primera. Y, gracias a ella, subió en las encuestas.
Quién dijo próstata
Jue, 11/10/2012 - 00:31
Entre las muchísimas cosas que me gustan de ser mujer está la de carecer de próstata.
Por razones varias. Estética: La palabra, per se, me parece horrorosa. Junto con jarrete, cumbamba
Por razones varias. Estética: La palabra, per se, me parece horrorosa. Junto con jarrete, cumbamba
