Taxista milagroso, una visión médica

18 de junio del 2011

Con tristeza en el alma veo el video  del “Taxista milagroso” que publicó la revista Kienyke hace pocos días. Refleja una realidad cotidiana en el campo de la medicina laboral, su verdad es innegable, una posible simulación de incapacidad. El video muestra  a una persona pasando la calle, en muletas, sin apoyo de la pierna izquierda y quien cuando siente que va a ser atropellada por un taxista, sale corriendo, normal, con muletas alzadas, sin cojera y con cara de susto, logrando esquivar sin dificultad el peligro.

Los médicos que atendemos personas con accidente de trabajo y enfermedad profesional vemos casos como el del video con mucha frecuencia, demasiada diría yo. Son pacientes que ante un evento de salud permanecen con dolor o limitación funcional por tiempo más allá de lo habitual dada la lesión presentada. También sucede que los síntomas no se corresponden con un cuadro clínico científica y anatómicamente establecido. O sea, no hay  correlación entre lo manifestado por la persona y la evidencia clínica en el examen médico.

Es una realidad la posibilidad de encontrarse con un paciente en la calle, en una isla caribeña, en un supermercado y verlo realizar movimientos que en la consulta medica no lograba. El caso de una señora cargando a la nieta en la playa, con sus dos brazos funcionales, cuando manifestaba total inmovilidad en uno de ellos, por dolor, y que gozaba de incapacidad laboral en ese momento, nos muestra que la realidad está presente. Igualmente la comparación que hace un médico ortopedista sobre cómo los pacientes de ARP, riesgos profesionales, se demoran significativamente más en recuperarse de la misma lesión e igual cirugía que aquellos sin beneficios laborales.

Nos vemos abocados entonces a posibilidades descritas en el Manual Único para la Calificación de la Pérdida de Capacidad Laboral y Ocupacional versión 3, del Ministerio de Protección Social, el cual está en elaboración y que trae las siguientes definiciones a su interior: “Exageración: Se presenta cuando una persona con un estado patológico determinado, de forma consciente, hace parecer sus síntomas más graves de lo que en realidad son”. “Simulación: ―Fraude consciente y razonado que consiste en provocar, imitar, exagerar o falsamente atribuir trastornos morbosos subjetivos u objetivos con un fin interesado”. …. “Sobre-exageración: Ocurre cuando una persona, luego de una leve lesión, por mecanismos inconscientes, presenta síntomas que no corresponden a dicha lesión”. Como será de frecuente, que hay que definirlos en lo que llegará a ser un decreto del gobierno.

Demos un paso adelante y veamos sus orígenes y causas. La Ley 100 divide las patologías del ser humano en origen laboral u origen común, creando atención diferenciada por EPS y ARP, desconociendo que muchas enfermedades tienen componentes mixtos, y que el ser humano no se puede dividir en una “mano profesional” y un “hombro común” o columna lumbar profesional y cervical común, como es lo que está sucediendo. Dicha ley otorga más beneficios económicos a quien sufre una enfermedad profesional que a quien la sufre como origen común. Aunado a esto la realidad del desempleo, la dificultad en generar ingresos económicos y el temor a no poder satisfacer una necesidad esencial para sí mismo y familia, como es el sustento diario, abonan el terreno para que estas conductas se den. Pone finalmente su granito de arena en los orígenes, la empresa que quiere trabajadores sin ningún tipo de restricción y que despide al menor  inconveniente de salud.

Desde el punto de vista individual, las definiciones mencionadas nos muestran dos grandes grupos de seres, aquellos en que la situación sucede en forma inconsciente y los que son conscientes. Los primeros por temores psicológicos profundos, los segundos malintencionados, pervertidos sus valores. Las ganancias pueden ser del siguiente orden: prolongar incapacidades por largos periodos de tiempo; posibilidad de ocuparse en otras labores remuneradas mientras están en incapacidad; lograr reubicación laboral en cargos de menor exigencia física o donde se sienten mas a gusto, quitando el estrés del cargo original; mayores indemnizaciones por “aumento” de las secuelas; pensionarse más tempranamente. Reitero, algunos casos son dados por mecanismos totalmente inconscientes, cuadros del orden psiquiátrico, psicosomático, no voluntarios, en los cuales la persona no reconoce lo que sucede, mientras que en otros si observamos mala intención.

Las repercusiones económicas, emocionales, sociales son enormes. Solo por mencionar algunas de ellas: la pérdida de capacidad productiva a edades de personas en plena forma; el requerimiento de familiares para suplir roles del trabajador; la congestión y mal uso de los recursos para la salud. Es nuestro deber como médicos, detectar estos hechos y ayudar a salir adelante a empresa, trabajador, familia y sociedad.

¿Qué aprendemos de estos hechos? Los pacientes pueden aprender a hacer valer sus derechos y a ejercer sus deberes, sin necesidad de conductas que se salen de la ética y la honestidad. Los médicos podemos aprender a proporcionar una atención completa, integral, al tiempo que se es firme en las prescripciones, ajustadas a una realidad médica, clínica y aprender a escuchar no solo el cuadro clínico, sino las situaciones de vida que rodean a la persona. Las empresas pueden aprender que las capacidades del ser humano son múltiples, cuando se siente apoyado, seguro, así como que la responsabilidad social comienza por casa. Las entidades de salud pueden aprender a ser eficientes, proactivas, a recuperar la rehabilitación como medio para potenciar al ser humano. El sistema de seguridad social de Colombia puede subsanar el error de haber dividido el sistema y crear uno integrado, con iguales beneficios para todos los colombianos, que en últimas somos todos los que aportamos y contribuimos al desarrollo del país.

Ayudemos a transformar lo que es un signo más de la alteración en los valores sociales, la ganancia personal a toda costa. Recordemos que el  bien común es primario sobre los individuales y que como ciudadanos tenemos no solo derechos, sino también, deberes.

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