Albert Camus

4 de enero del 2011

Albert Camus nació en la Argelia Francesa, un año antes de que empezara la Gran Guerra, en la que moriría su padre. Tal evento, además de ser un duro choque sentimental para la familia, también los obligó a largos años de una situación económica nada fácil. Posteriormente, el recuerdo de esa época sería para Camus […]

Albert Camus

Albert Camus nació en la Argelia Francesa, un año antes de que empezara la Gran Guerra, en la que moriría su padre. Tal evento, además de ser un duro choque sentimental para la familia, también los obligó a largos años de una situación económica nada fácil. Posteriormente, el recuerdo de esa época sería para Camus uno de los mayores incentivos para dirigir su atención al problema de las colonias europeas en África, al que le dedicó la vida entera.

Por eso se unió al Partido Comunista Francés, primero, y después al Partido del pueblo de Argelia, lo que le valió sus primeros encuentros con los comunistas franceses, que lo acusaron de trotskista. La razón de fondo de ese encuentro, que habría de ser uno de los conflictos centrales de su vida, radicaba en que Camus se aunaba a las causas políticas no por una filiación teórica con los filósofos sino buscando la solución práctica del latente problema de los argelinos y los franceses en África. Eso le costó la rivalidad con Sartre, marxista convencido, y con más de una institución francesa, en cuyas prioridades los franceses primaban sobre los argelinos.

Sin embargo Camus siguió dedicado a su causa, abogando por los derechos humanos, la abolición de la pena de muerte en Europa y la ocupación Nazi de Francia, período durante el cual se unió al periódico de resistencia Combat, desde el que criticó tanto al régimen alemán como la reacción innecesaria de los Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki. Posteriormente, durante la guerra de Argelia, abogó por la solución pacífica del conflicto por parte de Europa, y desde entonces ya escribía sobre la Unión Europea como única manera de resolver pacíficamente los conflictos en el continente.

En 1957, la academia sueca le otorga el premio Nobel de literatura, cosa que asombra a más de uno, que lo suponía candidato al Nobel de la paz. Pero lo cierto es que paralelamente a esa incansable labor social, Camus había alcanzado a escribir tres libritos cortos que le habían quedado muy bien, y los cuales están nutridos de cabo a rabo de sus opiniones y experiencias sobre la guerra, los derechos humanos y la situación en Argelia. En ellos, los personajes son puestos bajo condiciones humanas extremas, tanto individuales como colectivas, y en pocas palabras se los mira sobrevivir. Es el caso de El extranjero, condenado a la pena de muerte por haber cometido un asesinato, y con el cual el escritor termina por congraciarse, y La peste, que figura a los habitantes de Orán bajo la amenaza de la contagiosa enfermedad, metáfora de la guerra.

En ese sentido, la obra literaria de Camus no deja por un instante de ser causa y consecuencia de su obra política y pacifista, y en ese sentido, como creen varios, su premio Nobel es un reconocimiento al esfuerzo en general de toda una vida.

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