Jaime Duque, un nombre que pega en la infancia

Publicado por: Erika Mesa Díaz el Vie, 11/06/2021 - 10:35
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El expiloto y empresario constructor tuvo una vida larga y próspera y quiso compartir su felicidad con sus compatriotas. El resultado es un parque ubicado en Tocancipá que es visita obligada para locales y extranjeros. Kienyke.com repasa su vida.

Entre los recuerdos de los niños bogotanos de los 80 y 90 hay un parque a cielo abierto a las afueras de la ciudad, que era un destino frecuente para paseos de fin de semana o excursiones escolares. Las atracciones del Parque Jaime Duque no son, de ningún modo, más complejas o extremas que las de parques temáticos como Disney o Universal. Hasta podrían parecer obsoletas si quien lo visita busca adrenalina.

Una experiencia mejor podría llevarse quien visite el parque para pasar un día soleado y tranquilo en familia o en pareja. Allí se puede caminar a través de la boca de un dinosaurio, visitar animales salvajes, recorrer en bote los círculos del infierno de la Divina comedia o las historias de las Mil y una noches, ver una simpática colección de muñecas de todo el planeta, aprender sobre la independencia de Colombia dentro de un pequeño Taj Mahal, contemplar una réplica de las siete maravillas del mundo antiguo reunidas en el mismo lugar o dar un paseo en botes de pedal.

Hoy en día, el parque también es la sede de eventos multitudinarios y a su alrededor circula lo más cercano a un metro elevado que Bogotá tendrá en mucho tiempo: un hermoso monorriel.

El caldense Jaime Duque Grisales, nacido en el municipio de Villamaría el 11 de junio de 1917, tenía la idea de traer pedacitos de todo el mundo a Colombia para que los visitantes pudieran ver algo de lo que él vio en su época de aviador: monumentos, paisajes, literatura y mucho amor a su patria desde la distancia.

Después de todo, Jaime Duque no tuvo acceso a ese tipo de atracciones. De hecho, los coterráneos decían de él, el menor de sus hermanos y nacido en un hogar con muchas carencias, que llegaba sin zapatos a su escuela en Manizales.

Con mucho perrenque ingresó al negocio de la aviación comercial. Jaime Duque comenzó como copiloto en SCADTA (hoy Avianca) en 1939, cuando volar un avión era peligroso. Fue el único que llegó a viejo entre sus colegas. Consiguió volar de Bogotá hasta Roma, en un avión Douglas DC4 HK 136, y llegar sano y salvo. También inauguró la ruta Bogotá-Nueva York para esa aerolínea.

Su pericia dio para que Avianca le pagara estudios de aviación e ingeniería en la Universidad de Purdue, con lo cual se hizo piloto y luego llegó al puesto de jefe general de pilotos de la aerolínea. En esos años se encargó de contratar pilotos colombianos y "nacionalizar" la empresa.

El capitán recibió muchas condecoraciones en vida porque, en su época, el aviador era visto con el respeto que se dedica a los astronautas. Cuando completó 11 mil horas de vuelo, hizo uso del buen retiro como piloto.

Jaime Duque ganó mucho dinero, invirtió en finca raíz en Bogotá, ayudó a muchos paisanos a terminar la universidad y donó muchas construcciones para su municipio: una estación de bomberos, una fundación para niños empobrecidos y hasta el palacio municipal.

Jaime Duque cumplió muchos sueños en vida, pero le quedaba uno pendiente: la construcción del parque temático. Su idea original era hacerlo en su pueblo natal, Villamaría, donde hoy los jóvenes no distinguen su nombre cuando se les pregunta por él. 

Su ignorancia tal vez está justificada: el capitán era propietario de algunos barrios residenciales del lugar y pensaba demolerlos para construir el parque, lo cual habría dejado a varias personas sin hogar. Los políticos locales insistieron en ese hecho para que los pobladores se rebelaran contra él. Jaime Duque fue expulsado de su terruño a pedradas y juró nunca más poner un pie allí.

De ese modo, el proyecto de Jaime Duque se trasladó hasta Tocancipá, municipio de Cundinamarca, donde finalmente se construyó su sueño más grande y excéntrico. La inauguración tuvo lugar en 1983 y tuvo mucho éxito entre los vecinos de una Bogotá que era muchísimo más pequeña de lo que es hoy. 

"Yo estoy seguro [de] que va a ser orgullo para los colombianos cuando en el exterior nombren este parque. Aquí nos han visitado científicos, gente muy importante de otras naciones y se han quedado sorprendidos con lo que han visto acá", decía cuando el parque estaba en su primera fase.

Con su sueño cumplido, Jaime Duque se dedicó a vivir en el último piso de su Taj Mahal criollo. Allí se trasladó con su familia: su esposa, Amparo Quin, y los tres hijos que ella tuvo en su primer matrimonio. Él no tuvo hijos biológicos.

Jaime Duque dedicó sus últimos años a ser feliz, como lo confesaba en las pocas entrevistas que concedía: "Me siento completamente feliz. ¿Cómo no voy a sentirme feliz a la edad que tengo? Con una salud extraordinaria, todo me sobra, no me falta nada. Dios ha sido muy benigno y todo lo que he soñado lo he conseguido".

Al bienhechor en el que creía le construyó un monumento: la mano de Dios, compuesta por una mano que sostiene al mundo. Hoy en día es la figura más icónica de su parque.

Jaime Duque murió en su faraónica residencia el 7 de noviembre de 2007, a la edad de 90 años. Su cuerpo reposa en el mapa gigante de Colombia que está dentro del parque, que es también un hermoso aviario. Su familia siguió en la administración del parque y la fundación del capitán. 

Parque Jaime Duque
Créditos:
Parque Jaime Duque / Sitio web

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