Johannes Kepler

27 de diciembre del 2010

La historia de la ciencia durante los siglos XV al XVII, que Copérnico hasta Newton, es la historia de la separación de las ciencias exactas y las ciencias esotéricas, y el astrónomo Johannes Kepler fue un actor principal de ese proceso. Como es sabido, el sistema planetario propuesto por Nicolás Copérnico contradecía el sistema ptolemaico […]

Johannes Kepler

La historia de la ciencia durante los siglos XV al XVII, que Copérnico hasta Newton, es la historia de la separación de las ciencias exactas y las ciencias esotéricas, y el astrónomo Johannes Kepler fue un actor principal de ese proceso.

Como es sabido, el sistema planetario propuesto por Nicolás Copérnico contradecía el sistema ptolemaico primordialmente en la posición del sol respecto de los planetas, que ahora estaba al centro, moviéndose los planetas en círculos a su alrededor. Sin embargo, menos sabido es que en la esquina del diagrama que expone el sistema en su libro hay una invocación a Hermes Trismegisto, el Dios-sol de la tradición hermética, contemporánea al cristianismo pero aún en boga en el siglo XVI. Y lo que es importante entender es que Copérnico no era científico de día y brujo de noche, sino que esos dos sistemas de creencias convivían en su cabeza a la perfección. Su sistema permitía una mayor facilidad en los cálculos astronómicos, pero a la vez satisfacía una necesidad filosófica de tener el Sol, la fuerza creadora, en el centro.

Sobre ese sistema, con sus dos caras, es que Kepler empezó a trabajar. Sabemos que fue asistente de Tycho Brahe, el matemático imperial de Rodolfo II, emperador del Sacro Romano Imperio, del que eventualmente heredó el cargo. Sabemos que durante ese período produjo tablas de datos empíricos del movimiento de los planetas y sabemos que de esos datos provienen las famosas tres leyes del movimiento planetario, o leyes de Kepler, que afirman que el sol no está al centro del sistema sino en uno de los focos de las elipses sobre las cuales se desplazan los planetas. Lo que se sabe menos es que las tres leyes de Kepler eran en realidad setenta, pero sólo esas tres hacían observaciones libres de elementos esotéricos. Y eso no quiere decir que las demás tuvieran conjuros en vez de ecuaciones, sino que con ellas Kepler quería demostrar que el universo había sido creado con un único diseño, el cual podía deducirse del estudio de cualquier aspecto del universo físico. Aunque tal idea tiene por supuesto implicaciones metafísicas, en realidad tiene una consecuencia muy práctica y crucial para el desarrollo de la ciencia moderna posterior, y es que las ciencias exactas, la matemática, la física y la astronomía, que entonces se destinaban a distintos campos, podían usarse en conjunto para el estudio general del universo.

Un siglo después, al llegar a ley de gravitación universal de Newton, curiosamente, tales implicaciones siguen vigentes, mas no así sus bases metafísicas. La ciencia ha sido desligada de la metafísica y la religión, que han pasado a ser campos de la filosofía y las humanidades.

Esto quiere decir que aunque finalmente esos intereses paralelos terminaron siendo obra excluidos, fueron necesarios para llegar a la ciencia que hoy llamamos moderna y que estudiamos en el colegio, y tal resultado se debe en gran parte a los estudios de Johannes Kepler.

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