Julio Verne

Mar, 08/02/2011 - 00:00
Durante la segunda mitad del siglo XIX europeo, en que el panorama literario estaba dominado por la llamada gran novela europea, ambiciosa en su intención de representar el mundo contemporáneo, cons
Durante la segunda mitad del siglo XIX europeo, en que el panorama literario estaba dominado por la llamada gran novela europea, ambiciosa en su intención de representar el mundo contemporáneo, construida toda en clave psicológica y un poco obsesionada con las relaciones íntimas y cotidianas de las personas, nació una novela de corte diferente, tomada inicialmente como una versión menor del género, destinada el entretenimiento de jóvenes y madres, de la que sin embargo surgieron algunos de los novelistas más importantes de los últimos tiempos. En la Inglaterra de Dickens y de Thomas Hardy, apareció Robert Louis Stevenson, dedicado a escribir novelas de aventuras piráticas, de viajes por el mundo, de terrores escoceses, siempre en contra de la crítica, que le rogaba dedicar sus dotes narrativas a más altas empresas. En la Estados Unidos de Melville y Emerson apareció Edgar Allan Poe, dedicado a los cuentos, género menor, de tema terrorífico, satírico y nocturno. Y en la Francia de Balzac y de Flaubert apareció Julio Verne, que le dedicó la vida entera a las historias de aventuras por mar y tierra, de exploración científicas a los rincones más apartados, de predicciones futuristas acerca de  las personas y la tecnología. Y aunque entonces el club privado de las letras lo consideraba menos un escritor que un comerciante de libros, nadie negaría hoy que es uno de los escritores más importantes de nuestra época. En efecto Verne se dedicó a escribir y a viajar en igual medida, siempre en busca de las maravillas secretas del mundo e imaginando las máquinas necesarias para explorarlas. Y tales viajes los costeó, no se entienda mal, con sus novelas, que en sucesivas ediciones se repartían velozmente por Francia y por el mundo. Conocidas son las ocasiones en que Verne imaginó prematuramente los inventos que habrían de protagonizar el siglo XX, como el submarino, en Veinte mil leguas de viaje submarino, el helicóptero en Robur el Conquistador, la nave espacial en De la tierra a la Luna y el internet en París en el siglo XX. Y aunque eso sin duda es parte del encanto de su obra, no es en ningún caso la base de su valor literario. Las historias de Verne, por fantasiosas que sean, son siempre historias de seres humanos, sabios e idiotas, múltiples y sencillos a la vez. No hay una de sus novelas en que, a la manera de la posterior literatura de ciencia ficción, género de su invención, los protagonistas sean las máquinas y la trama una excusa para regodearse en el ejercicio estéril de combinar hélices y tuerquitas. Las máquinas de Julio Verne, reales o fantásticas, son siempre medios con los cuales los protagonistas realizan u obstaculizan sus sueños, encuentran su destino o terminan de perderlo para siempre, y por medio de las cuales Verne nos cuenta la historia no de un motor ni de una isla perdida, sino de una persona, y por eso no se ha dejado de leerlo con la misma devoción que hace cien años, más allá de que sus predicciones se hayan o no vuelto realidad.
Más KienyKe
Más de un millón de tiquetes aéreos hacia Colombia se vendieron en 2025, consolidando al país como destino turístico internacional.
Con serenidad y sin prisa, María Cecilia Botero cuenta cómo el teatro la eligió, qué le exige hoy actuar y por qué, después de tantos años, sigue defendiendo una decisión simple: vivir feliz.
Jorge Enrique Robledo reivindica la dignidad como línea roja en la política: explica por qué salió del Polo, su distancia con el poder y lo que vio en la “Colombia profunda”.
Mara Cifuentes debuta como protagonista en Tu Reina, película dirigida por Lucho Velasco y con Juan Palau en el elenco.