Los primeros días de Beethoven

16 de diciembre del 2017

247 años de vida de uno de los genios más grandes de la humanidad.

Los primeros días de Beethoven

Foto: Wikipedia

El 16 de diciembre de 1770 vino al mundo uno de los genios más grandes que ha visto la humanidad: Ludwig van Beethoven. Gracias a él, en parte, sin desconocer a otros compositores grandiosos, la música hoy es lo que es. Uno de sus aportes más grandes fue lograr la transición del clasicismo al romanticismo.

El clasicismo, si hablamos de música, aunque se aplica para todo el arte, fue un estilo que se caracterizó por la búsqueda de la serenidad, el equilibrio y la armonía, propios de la tradición greco romana. El Romanticismo, en cambio, fue un movimiento que se reveló contra lo clásico, encarnado en las ideas de la Ilustración, y en el que más que la armonía y el equilibrio se le daba prioridad a los sentimientos.

En palabras más simples: Beethoven le puso música a lo que le salía al hombre del alma. Y fue tan poderosa su creación que aún perdura hasta hoy. Basta con oír, por ejemplo, la sonata Claro de luna para conmoverse hasta las lágrimas incluso. Esa clase de sensaciones no se pueden describir con facilidad.

Beethoven venía de una familia modesta de músicos. Impresionado por el hecho de que Mozart fuera capaz de dar conciertos desde los 7 años, el padre de Beethoven empezó a enseñarle a tocar el piano desde muy joven. En esos días también recibió clases de Christian Guttlob Neefe. El pequeño Ludwig avanzaba a pasos agigantados.

A los once años de edad publicó su primera composición. Se llamaba Nueve variaciones sobre una marcha de Ernst Christoph Dressler (WoO 63). Luego, a los 17 años, realizó su primer viaje a Viena donde tuvo un encuentro con Wolfgang Amadeus Mozart. Unos meses después de su viaje fue contratado como violista en la orquesta del príncipe Maximiliano Francisco. Desde entonces empezó su fructífera carrera como compositor y concertista.

A pesar de su éxito, Beethoven se enfrentó a toda clase de problemas. La más grave de todas fue perder el oído. Además estaba enamorado de una mujer de la nobleza a la que no podía acercarse por las estrictas convenciones sociales de la época.

Entonces, por su enfermedad empezó a cesar las presentaciones en público. Sin embargo, el tiempo también le sirvió para componer muchas de sus obras más importantes. De esos días son las sinfonías Quinta y Sexta y el Concierto para piano Nº4.

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