Parveen Babi

21 de enero del 2011

Entre todas las estrellas del cine indio de los setentas y ochentas, la más maravillosa era Parveen Babi, quizás no tan hermosa como su rival Shabana Azmi, pero sí más atractiva y mucho mejor actriz. Parveen Babi pertenecía a esa rarísima parte de la sociedad india que es la comunidad musulmana, que lleva años atrapada […]

Parveen Babi

Entre todas las estrellas del cine indio de los setentas y ochentas, la más maravillosa era Parveen Babi, quizás no tan hermosa como su rival Shabana Azmi, pero sí más atractiva y mucho mejor actriz. Parveen Babi pertenecía a esa rarísima parte de la sociedad india que es la comunidad musulmana, que lleva años atrapada en un país en que todos comen cerdo, que ellos no comen, y en que las vacas, que sí comen, son sagradas, y no las pueden comer. Pero Parveen Babi no se preocupaba por estos detalles, y a punta de humus y tahini se convirtió rápidamente en la actriz más adorada de la India.

Actuó en casi todas las mejores películas de esa época, como Majboor, Deewar y Shaan, todas junto a la Amitabh Bachchan, el galán número uno del momento, con el que tuvo no uno sino tres romances. Eventualmente sus actuaciones y sus atuendos atraparon la atención de los medios americanos, y así es como salió en la portada de la revista Time en 1976, para envidia total de la hermosa Shabana Azmi. Entonces Parveen Bab regresó a la India y actuó en otros tantos filmes no menos memorables, en los cuales además empezó a cantar.

A mediados de los ochentas se mudó a Nueva York, seducida por la admiración de los actores y del público americanos, los cuales, sin embargo, ya la habían reemplazado en su devoción por alguna otra diva del oriente. En Nueva York vivió sola y sin mucho que hacer, más que ir al cine a ver sus propias películas, que llegaban con retraso a las salas del Imperio. Entonces regresó a Mumbay, y como tantas otras personas que pasan demasiado tiempo en Estados Unidos, volvió gorda, traumatizada y un poquito chifloreta.

El cine indio la recibió con muchos aplausos e invitaciones a comer pero sin una sola oferta de trabajo, y entonces Parveen Babi fue perdiendo los estribos, tratando desesperadamente de volver a capturar la atención de sus pasados amantes, sin éxito alguno. Entonces se dio a la venganza, y hay que aceptar que aunque fue un periodo patético y doloroso, no fue del todo carente de estilo. Acusó a Amitabh Bachchan de complotar para asesinarla, y al ver que no le prestaban demasiada atención, le añadió a la acusación a otros tantos ex novios famosos y de paso al mismísimo Bill Clinton; la corte cerró el caso a falta de evidencia. Unos meses después, un grupo terrorista puso trece bombas en Mumbay, causando uno de los atentados más violentos de la historia de la India. Parveen Babi no se demoró en confesar que el actor Sanjay Dutt era el cabecilla del grupo, y que más de una vez lo había oído hablando de cablecitos y relojitos en su tráiler. La corte la llamó a testificar, pero Parveen Babi no se presentó, arguyendo que no saldría de la casa hasta que no encerraran a Bill Clinton.

A los pocos días, en efecto, un conserje encontró una docena de periódicos y tantas botellas de leche podrida en la puerta de su casa, que golpeó durante un rato sin oír respuesta alguna.

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