El padrino: Sobre padres honorables e hijos vengativos

Publicado por: maria.vargas el Vie, 04/12/2020 - 08:00
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Por: Carlos Yaya.
el padrino

Una silueta atenta escucha los problemas de hombres atormentados y acepta  ayudarles si prometen su más sincera lealtad. Durante años, Don Vito Corleone ha  ganado su reputación de padrino benevolente procurando solucionar cualquier  asunto, no sin antes considerar los beneficios para su territorio y la reputación de  su familia. “El Padrino” es una épica sobre el legado de un padre y cómo sus  pecados configuran el destino de sus hijos pese a circunstancias diferentes; es  una historia sobre la transición de los tradicionales modos del padre hacia las frías  decisiones del hijo. 

Vito: el patriarca de una dinastía, un tradicionalista siciliano, un pragmático. Aún  con un imperio en sus manos, su longevidad le enfrenta a considerar el destino de  su familia a la luz de sus descendientes: Sonny, su hijo mayor y heredero aparente,  es un hombre impulsivo; Fredo no ha mostrado ningún talento y solo sirve para  realizar tareas menores; Connie es una mujer frágil encerrada en un matrimonio  terrible del que no puede salir debido a la tradición; finalmente, Michael, su hijo  menor, no quiere vivir de los negocios de la familia. En lo que concierne a sus  negocios, la hegemonía de la familia Corleone sobre los juegos de azar está  menguando pues los narcóticos amenazan con ser la fuente económica del resto  de las familias de Nueva York. Como el tradicionalismo de los Corleone no es del  gusto de su competencia, esto causa un abrupto ataque a su persona que termina  cambiando la organización para siempre al alterar la dinámica de la familia y el  destino de Michael. 

La historia de “El padrino” es mitológica. La novela de Mario Puzo se traduce en  una estructura inolvidable que se mueve desde el final de la era de un respetable  criminal al inicio de la era de un meticuloso, calculador y vengativo señor. La trama  configura toda una estructura social, política y emocional alrededor de cuestiones  ambiguas. El director Francis Ford Coppola y Puzo, el autor convertido en  guionista, nos preguntan: ¿qué nos mueve? ¿El honor de nuestra familia o la  posibilidad de romper los límites de nuestras más oscuras ambiciones? ¿Es la  familia Corleone una institución que busca cultivarse a sí misma o toda una  corporación y marca criminal? Si bien la familia es la meta, el camino para  sostenerla y reproducirla está lleno de decisiones violentas e irreversibles.

El padrino 2

En las manos de Coppola y Puzo, este dilema florece. Vemos como Don Vito, un  sólido señor e icónico por sus memorables líneas, pasa de sentir ansiedad por la  impulsividad de Sonny para después ser testigo de la sombría resolución de  Michael en convertirse en el único capaz de reproducir el poder de la familia. La  imagen de Vito, si bien refleja la de un rey seguro de si mismo, también entra en 

conflicto con aquella del patriarca de una familia religiosa. Corleone es católico,  pero el jefe de toda una industria criminal construida a partir del asesinato y el  abuso de poder. Y aún así, la simbología de la masculinidad de Vito parte de un  sentido del honor que en Michael muta. Vito actúa desde la reciprocidad, Michael  desde la venganza. 

Michael empieza su arco narrativo creyéndose el miembro más moral de los  Corleone. Cuando la vida de su padre es amenazada, el Corleone más joven  desarrolla la lógica más fría para derrotar a sus enemigos dando prelación a la  venganza como el único modo para reestablecer el estatus de su familia. En una  escena, Vito promete una paz militar entre las familias mientras permanezca con  vida, sabiendo que no puede garantizar nada sobre los límites de su hijo menor. Ya  como un don y un patriarca establecido, Michael devasta la estructura de poder  de su competencia, al ordenar todos los asesinatos necesarios para saldar cada  asunto pendiente y cada traición. El nuevo don Corleone hace esto mientras jura  convertirse en el protector y la guía de un bebé durante su bautizo. Al jurar  “renunciar a Satanás”, Michael se inserta en contradicciones aún más gigantescas  que las de su padre.

El padrino 3

Francis Ford Coppola, director de este drama, hizo todo lo posible para hacerse  con la historia de Puzo y convertirla en poesía visual. Junto a Gordon Willis, el  director de fotografía, Coppola llenó su filme con una sombría paleta de colores  pálidos que pueden brillar como bronce, o pueden dejarse llevar por la oscuridad  de las circunstancias (nótese el uso de las naranjas para conectar la mortalidad  latente en cada personaje). Al mismo tiempo, Puzo resume su novela para un  medio audiovisual explorando varios matices de masculinidad en tres horas.  Aspectos como el honor de Vito, la impulsividad de Sonny, la misoginia del esposo  de Connie y el sentido de retribución de Michael configuran no solo los  entretenidos aspectos temáticos de la película, sino también el fondo mitológico  que hace de este filme una de las experiencias más esenciales en la historia del  cine.  

Así, con imagenes efectivas y una historia que se mueve con un ritmo precioso a  pesar de sus tres horas, la ambición narrativa y fílmica de Coppola y Puzo estudia  el poder como una forma de legado en constante conflicto con la mortalidad del  ser, y una tradición contradictoria como una fuerte moldeadora del destino del hijo  a través de las aspiraciones, esperanzas y pecados del padre.