El reto del siglo

Publicado por: maria.vargas el Dom, 29/03/2020 - 15:53
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Por: Gloria Díaz
Gloria Díaz

Hoy quiero hablarles de María, una madre, esposa e hija que habita en el barrio La Perseverancia en la localidad de Santa Fe. La conozco desde hace 10 años y sé que todas las mañanas ella monta su “chazita”, un pequeño carro móvil con el que se desplaza hasta la localidad de La Candelaria, ubicándose en una concurrida esquina para vender a los transeúntes chocolatinas, galletas, chicles y paquetes. De las ventas y utilidades diarias depende que ella pueda guardar en su bolsillo unos pocos pesos, que le permiten ver y cuidar de su familia. Como ella, cerca de 22.8 millones de personas viven en la informalidad en Colombia y de ellos,  alrededor de 1 millón 700 mil habitantes viven en la ciudad de Bogotá, siendo el 41,8%  de los trabajadores capitalinos, los que viven del día a día, según cifras del DANE, a enero del 2020.

Según la Administración Distrital, la familia de María es uno de los 350 mil hogares que durante el tiempo de cuarentena, se enfrenta al dilema diario entre alimentarse o exponerse al contagio, saliendo de sus casas al denominado “rebusque”. Su condición de vulnerabilidad y las necesidad insatisfechas consustanciales  a esa condición, encuentran en Bogotá una ciudad muy costosa, obstáculo éste que difícilmente rebasa con sus reducidos recursos diarios.

La Alcaldía de Bogotá ha estimado que estas familias en situación de pobreza necesitan al menos de $847.145 pesos al mes para cubrir sus necesidades de alimentación, vivienda, salud y otros. Es decir, requieren que se les garantice el mínimo vital de sus núcleos familiares para poder sobrevivir tras la inminente pérdida de sus ingresos, esto último como consecuencia del cumplimiento riguroso de las medidas de aislamiento preventivo obligatorio, ordenado por el Gobierno Nacional.

En este sentido, los entes nacionales y distritales han anunciado diferentes medidas para atender y proteger a esta población, que sin lugar a dudas es una de las más expuestas y vulnerables ante la cuarentena decretada para evitar la expansión del Covid-19. El Gobierno Nacional, ha creado el “Subsidio de Ingreso Solidario”, una medida que busca ayudar con un beneficio de $160.000 pesos a tres millones de hogares que están en la informalidad y no están cubiertos por ninguno de los programas sociales del Estado. Este grupo de personas, registradas en bases de datos del Departamento Nacional de Planeación, recibirán los subsidios a través de sus cuentas bancarias, por pago electrónico a través de corresponsales bancarios o por pago electrónico vía celular, modalidades estas ya implementadas por programas como Familias en Acción y Adulto Mayor. Sin embargo, según un blog de economía desarrollado por un grupo de profesores de la Universidad de los Andes, el número de transferencias para atender esta población es muy alto, por lo que se preguntan si la estructura actual del país soporta la magnitud de esta operación, teniendo en cuenta el tiempo en el que debe realizarse.

Así mismo, dentro del paquete de medidas que anunció el Gabinete Ministerial, vale la pena resaltar la reconexión del servicio de acueducto, energía y gas para quienes lo tenían  suspendido, así como la implementación de un modelo de pago diferido de estos servicios públicos a 36 meses con tasas del 0% de interés, liberando las penalidades a los estratos 1 y 2. Medidas estas que se tornan imperativas en tanto servicios públicos esenciales y por ende, imprescindibles para garantizar condiciones de vida digna, que aseguren la vigencia de derechos fundamentales y otorguen herramientas para que todos los ciudadanos adopten las precauciones y cumplan los protocolos de prevención que estos tiempos de pandemia exigen.

Por otra parte, el pasado miércoles, la Administración Distrital lanzó el programa “Bogotá Solidaria”, dentro del cual ordenó la designación de un beneficio para los 23 días de cuarentena por $423.000 pesos para las 350 mil familias en situación de pobreza y un bono de $178.000 pesos para aliviar el impacto económico de las 150 mil familias que sin ser técnicamente pobres para el Distrito, se encuentran en  situación de vulnerabilidad, con una alta probabilidad de caer en la pobreza durante este periodo de cuarentena. Según el Distrito, estos subsidios serán transferidos a cuentas bancarias, bonos canjeables por artículos de primera necesidad y entrega de mercados. Al igual que con los beneficios otorgados por el Gobierno Nacional, vale la pena preguntarse si la Administración Distrital cuenta con la capacidad logística institucional para que la entrega de estas ayudas logre darse a tiempo, y con mayor vehemencia formular el interrogante, de si la Secretaria Distrital de Integración Social logrará identificar a los potenciales beneficiarios que no están registrados en las bases de datos del SISBEN, del Censo Poblacional, de las Encuestas Multisectoriales, de Pobreza y Multidimensional.

Además, debe destacarse la vinculación del sector empresarial, el cual mediante la campaña denominada “Unidos somos más País”, ha coordinado esfuerzos para nutrir el fondo de “Bogotá Solidaria”, con recursos económicos que permitan generar bonos de $180.000 pesos, los cuales serán entregados de forma individual a recicladores adultos mayores, vendedores y artistas ambulantes.

Ante este panorama es pertinente decir que nos encontramos ante enormes desafíos: frente a la respuesta institucional que se ve retada y comprometida en todos los niveles territoriales, de la que se espera una gestión oportuna, eficiente y eficaz; frente al liderazgo político, del que se exige conocimiento y compromiso, en el que imperen procesos idóneos y técnicos en la toma de decisiones y adopción de medidas; frente a la sociedad, de la que esperamos un accionar solidario y altruista; frente a unos medios de comunicación de los que demandamos enorme responsabilidad y objetividad. Y finalmente, frente a nuestra capacidad como organismo social para sobreponernos a la crisis, solidaria y fraternalmente; si ello se logra debemos, imitando al Santo Padre, preguntarnos ¿Por qué tenemos miedo? ¿Aún no tenemos fe?”