Gentes de talento

Publicado por: maria.vargas el Jue, 18/02/2021 - 08:18
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Por: Juan Restrepo.
Juan Restrepo

Hace años, conocí a un hombre muy rico y, para mi sorpresa entonces, tremendamente cándido y elemental. Lo primero que me pregunté, después de algunas charlas con él, es cómo había hecho aquel ser tan simple para convertirse en multimillonario. Porque el dinero lo hizo él, no se trataba de una herencia familiar. La clave de aquel misterio me la vino a dar Arthur Koestler, un gran intelectual inglés de origen húngaro, quien, con la prosa envolvente y aguda de sus Memorias, no deja títere con cabeza. Empezando por su familia.

Refiriéndose a su padre, un rico industrial de comienzos del siglo XX, se hace la misma pregunta que yo sobre aquel magnate: cómo era posible que “una persona con un carácter tan crédulo, y en realidad tan pueril, fuera capaz de ganar dinero en el duro mundo del comercio”. Koestler asegura que conoció otros casos semejantes en las figuras de editores, marchantes de obras de arte, banqueros, productores cinematográficos; todos, antítesis de la imagen que tenemos del hombre de negocios duro y astuto.

“Al parecer”, dice Arthur Koestler, “el tipo frío, astuto y calculador solo se encuentra en las categorías bajas y medianas del comercio; en cambio, el arte de hacer dinero a gran escala es un talento especial, sin relación con la inteligencia, como el arte de tocar el trombón o de patinar sobre ruedas”.

Debo confesar que con los dirigentes políticos me está pasando últimamente, cada vez más, algo parecido. El caso de Donald Trump es paradigmático, pero no hay que irse tan lejos. Esta semana, viendo la intervención didáctica de Iván Duque por televisión, ayudándose con un vaso de agua y otro de jugo de naranja, para explicar la importancia de la creatividad; en donde el agua era la industria tradicional y el jugo de naranja el ingenio, quedé convencido de que al campo de la política, igual que al de los colosos financieros, están llegando cada vez más personajes “idiosincráticos, excéntricos, irracionales y fundamentalmente ingenuos”, como dice Koestler.

En el caso de los multimillonarios asintomáticos de inteligencia, la multiplicación de su fortuna --o la ruina, que también es posible-- como consecuencia de su ingenuidad, solo afecta a sus herederos o a los socios de sus empresas. El caso de los políticos cándidos y elementales resulta más preocupante porque en sus manos está el destino de sus gobernados; y en el mundo de hoy, además, la salud de la gente.

A la vista de ciertas manifestaciones públicas del presidente Duque, a uno no le extraña la estrategia de vacunación equivocada del Gobierno colombiano contra la pandemia de la covid-19. Lo que sí resulta chocante, por decirlo de manera amable, es la utilización política de 50.000 vacunas llegadas a Colombia, cuando en los países vecinos tienen de qué presumir: en Chile han vacunado a dos millones de personas en quince días.

Sobran las fotos de Marta Lucía Ramírez con la cajita de las 50.000 vacunas, las de los funcionarios con chalecos de faena, y el desfile de coches oficiales a Sincelejo con la primera vacuna como si se tratara de la llegada del Papa. Si tuvieran un poquito de fundamento deberían esconderse. En México, Chile, Argentina y Costa Rica ya han vacunado hace rato al personal sanitario. Por cierto, tanta seguridad, parafernalia y aparato, y ya desaparecieron 208 dosis del primer envío.

Agreguemos a esto el caso particularmente sangrante de Amazonas, un territorio amenazado por la letal cepa brasileña, “olvidado” en el reparto inicial y al que, finalmente, le dieron 54 vacunitas. Es como si en Italia se hubiesen olvidado de Sicilia o en España de las islas Baleares, a la hora de repartir las vacunas.

La gestión de nuestra salud está en las manos que está, ya lo sabemos; no hay de qué sorprenderse. Hoy en día llegan al poder unos gestores políticos con un talento especial, sin relación necesariamente con el discernimiento, como el arte de tocar la guitarra o el de hacer malabares con un balón de fútbol.