Gloria Diaz

Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado; Magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre desarrollo; especialista tanto en Gestión Regional del Desarrollo como en Gestión Pública e Instituciones Administrativas de la Universidad de los Andes. Tiene amplio conocimiento y experiencia en agenda legislativa y control fiscal, y un gran interés por la implementación, ejecución y evaluación de políticas públicas. Gerenció la Contraloría General de la República en el departamento de Boyacá. Así mismo, fue Edilesa de la localidad de Santa Fe.

Gloria Diaz

Hambre en Bogotá: ¡Un grito desesperado que no puede ignorarse!

“Es necesario que de una vez por todas reconozcamos que el hambre en Bogotá no es solo un problema estadístico, sino una situación que afecta drásticamente la salud física y mental de las familias más vulnerables. Acabar con el hambre en Bogotá tiene que ser uno de los principales retos de la nueva administración”.

En medio de las calles de Bogotá, donde el ritmo de la vida parece no detenerse, existe una crisis silenciosa que afecta a miles de ciudadanos: el hambre. Aunque la capital ha experimentado un desarrollo notable en los últimos años, la brecha entre ricos y pobres persiste, dejando a muchos en situaciones desesperadas.

El crecimiento del hambre en Bogotá  es una preocupante realidad que no podemos ignorar. Según el informe de Bogotá Cómo Vamos, durante los últimos dos años hemos sido testigos de un incremento alarmante en la falta de alimentos. Los datos revelan que un preocupante 24.9% de los encuestados ha experimentado la angustiante situación de tener que reducir su ingesta diaria a menos de tres comidas.

Teniendo en cuenta además que, de acuerdo a un reciente informe presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 19% de la población en Bogotá no cuenta con los recursos para acceder a una alimentación saludable, es decir lo que  equivale a 1.529.977 personas. Del mismo modo, considera que cuando una persona no tiene la posibilidad de acceso regular a suficientes alimentos inocuos y nutritivos que le permita desarrollarse de forma saludable, padece de inseguridad alimentaria. 

Tan solo durante el último año cerca de 4.089 niños y niñas de la capital fueron registrados con desnutrición aguda, el 5% de la población tiene una dieta pobre y el 10% tiene una dieta limítrofe, el 85% restante logra consumir una dieta aceptable, lo que refleja brechas significativas en la calidad de la alimentación. Entre los alimentos que con mayor frecuencia consumen los Bogotanos están los cereales y raíces (6.5), huevos (4.7), carnes frescas y frutas frescas (3.9), lácteos (3.4), vegetales (3.3) en promedio algunos días a la semana.

El 31% de los hogares vive por debajo de la línea de pobreza y de ellos el 5% vive en pobreza extrema, lo que implica que estos hogares no puedan comprar una canasta básica. En abril de 2023, el abastecimiento per cápita alcanzó 21,7 kilogramos por habitante en Bogotá, donde los niveles de suministro alcanzaron las 172.605 toneladas. Como agravante, según el reporte del SIPSA para abril de 2023, el 53,6% de los 192 alimentos monitoreados, presentaron una tendencia de precios al alza y el 46,4% a la baja.

Estas cifras resultan alarmantes y nos invitan a reflexionar sobre el estado actual de nuestra sociedad. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, en una ciudad en aparente desarrollo, haya personas que no puedan satisfacer una necesidad básica como es la alimentación? Esto no solo es una cuestión de justicia social, sino también de derechos humanos fundamentales, es por ello que combatir el hambre en la ciudad sin duda alguna se convierte en uno de los mayores retos de la nueva administración.

Una de las razones detrás de esta crisis alimentaria es la desigualdad económica. Mientras algunos gozan de un nivel de vida cómodo, otros enfrentan dificultades para poner comida en la mesa incluso aquellos que se encuentran en la llamada "clase media". Detrás de estas cifras se esconden historias de sufrimiento y desesperación. Personas que luchan día a día para poder alimentar a sus familias, pero se ven enfrentadas a una realidad desoladora. La falta de oportunidades, la desigualdad y la precariedad laboral son solo algunas de las causas que contribuyen a este preocupante fenómeno que permea nuestra sociedad.

Es necesario reconocer que el hambre no es solo un problema estadístico, sino una situación que afecta a familias enteras, especialmente a las más vulnerables. Los niños, en particular, sufren las consecuencias de la desnutrición, un obstáculo que no solo afecta su presente, sino que también compromete su futuro. Muchas veces resulta realmente lamentable que para esta época navideña miles de niños y niñas aguanten hambre.

Ante esta realidad, es fundamental que las autoridades tomen medidas concretas para abordar este problema de manera integral. No es suficiente con programas temporales y asistencialistas, es necesario implementar políticas públicas que promuevan la generación de empleo digno, la educación y la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos.

Ahora bien, también es cierto que no podemos solo hacer solicitudes y nosotros como sociedad hacernos los de la vista gorda, la responsabilidad recae no solo en las manos de los líderes gubernamentales, sino en cada uno de nosotros. La creación de conciencia, la promoción de la educación alimentaria y la participación activa en iniciativas comunitarias son pasos cruciales para eliminar este lamentable fenómeno, cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en la construcción de una ciudad más justa e inclusiva.

Fíjense ustedes, El Banco de alimentos revela que  en Colombia se pierden 9,7 millones de toneladas de alimentos al año y según un estudio de WWF,  el 16 % provienen de los hogares, aunque actualmente existe una ley de desperdicio de alimentos,  nuestra falta de empatía también contribuye a la perpetuación del hambre en Bogotá. Por esta razón hago un llamado a que reflexionemos sobre el impacto que generamos al desperdiciar alimentos y comprometernos  a ser parte de la solución, no del problema.

El hambre en Bogotá es un desafío que requiere un compromiso colectivo por parte de la próxima administración de Carlos Fernando Galán, sin duda, todo su equipo tiene que apostarle a reducir esas terribles brechas económicas y sociales facilitando el acceso a oportunidades laborales y educativas a las miles de familias desamparadas en el Distrito. Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en la construcción de una ciudad más justa e inclusiva. Es hora de construir un nuevo futuro, donde en la mesa haya alimentos para todos los bogotanos, sin excepción.

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Gloria Diaz
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