Mitos íntimos

Publicado por: maria.vargas el Mar, 03/08/2021 - 14:52
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Por: Carlos Salas.
Mitos íntimos

“-¿Usted cree en Dios?”

“Yo no creo. Yo sé”. 

Esta fue la respuesta que dio en 1959 Carl Jung a John Freeman cuando fue entrevistado, a sus 84 años, para la BBC. Ya al final de sus días Jung decidió hablar abiertamente sobre lo más íntimo de su existencia, su pensamiento, y lo que él llamaba “los choques con el inconsciente” que quedaron impresos de forma indeleble en su memoria; afirmando que “cualquier otra cosa ha perdido importancia”. El recuerdo de los hechos exteriores de su existencia se fue destiñendo, desvaneciéndose en la nada, como lo confiesa en “Recuerdos, sueños, pensamientos” y que se resume en el documental de Werner Weick “Desde lo profundo del alma”, que me permito recomendarles.

Esa, tan categórica, respuesta sigue causando extrañeza. El mismo Jung dijo a este respecto: “No afirmé en la emisión: Dios existe, sino: No necesito creer en Dios; lo conozco. Ello no significa: conozco a un dios particular (Zeus, Jehová, Alá, la Santísima Trinidad, etc.), sino: sé inequívocamente que me hallo ante un factor desconocido en sí mismo, al que llamo Dios, Lo recuerdo y Lo evoco siempre que Lo nombro cuando me invade la ira o el miedo, o siempre que, involuntariamente, exclamó: ¡Dios mío!. Ello ocurre cuando me hallo frente a alguien o algo más fuerte que yo.” 

Puedo añadir que ante lo terrible no es raro escuchar de algunos que se consideran ateos la expresión: ¡Dios mío!, sin que esto signifique que traicionan sus no-creencias. 

Lo que quiero desarrollar acá es la manera como mantenemos, consciente o inconscientemente, mitos íntimos que no siempre implican una fe religiosa y ni siquiera la existencia o no de Dios, y que hacen parte de esos “choques con el inconsciente” a los que les daba Jung una importancia mayor, muy por encima de lo que consideramos la vida misma, la experiencia con el mundo exterior que, sin dimensión espiritual, puede tornarse difusa.

En las mañanas paso a visitar la capillita natural en donde entronizamos, junto con mi padre, una imagen de la Virgen de Guadalupe comprada en un mercado de pueblo. Hago una corta plegaria con la que agradezco a Dios lo recibido y pido nuevos favores. Es algo muy íntimo que no desentona, por decirlo de alguna manera, con mi labor diaria de pintor; como tampoco el ocuparme de la jardinería o de cosas de la casa altera mi trabajo artístico. Volviendo a citar a Jung, esto dice acerca de la oración: "He pensado mucho sobre la plegaria. Ella es muy necesaria, ya que hace que lo trascendente en lo que pensamos y conjeturamos se convierta en una realidad inmediata y nos sitúa en la dualidad del ego y el otro oscuro".

Trabajando en unas pequeñas obras alrededor de la copia de La Bachué de Rozo, en las que un círculo encierra una silueta amorfa que hace alusión a la escultura, veo en ella una similitud con la silueta de la Virgen de Guadalupe. Recientemente he escuchado ataques fuertes contra la autenticidad de la reliquia argumentando que fue pintada en España con la forma tradicional de la época. La mayoría de las reliquias han sido cuestionadas con argumentos racionales difíciles de rebatir y particularmente dos han sido el blanco de las críticas más virulentas: la maravillosa pintura de la Morenita y el extraordinario manto que representa a Jesús yacente, los que si no fueran reliquias tendrían lugar privilegiado en un museo de arte.

Admito que tienen la razón quienes destruyen reliquias, mitos y creencias religiosas a partir de evidencias científicas, no podía ser de otra manera cuando pertenecen al ámbito de lo sobrenatural y son imposibles de defender cuando se ven solo con los ojos de la razón. El placer que sienten algunos incrédulos demostrando que los creyentes son unos ilusos, los lleva a desmontar lo que se ha ido construyendo de generación en generación y que hace parte de nuestro acervo cultural. Muy poco se aporta al subconsciente colectivo, del que hablaba Jung, con esos ataques cuando ni siquiera le asignan el valor simbólico ni artístico que los tienen de sobra. 

P.S.: -Qué la Bachué sea una imagen masónica no deja la menor duda, lo que no le resta valor artístico. Por el contrario, la desplaza a un plano conceptual que la actualiza. La que presentaré en Londres no pretende ser algo más que el calco de la que esculpió Rozo hace un siglo, es decir un objeto en bronce que representa a una deidad muisca, pero reinterpretada y convertida en un híbrido que nos habla más allá del mito que la originó. Irá cargada de contenidos simbólicos e históricos que permitirán lecturas e indagaciones, no solo de lo visible sino de eso que quedó oculto a lo que no siempre se accede por el método científico.

-La Virgen de Guadalupe y el manto de Turín tienen méritos estéticos de sobra como para que sus autores hubieran querido firmarlas, como lo hizo Miguel Angel con la Pietà cuando dudaron, por su juventud, de que él fuese el autor. El también muy joven Rozo firmó tres veces su versión masónica de la Bachué.